La tortuga fantasma

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Una tortuga decide salir de viaje, pero, no sabe para donde ir, si ir para donde sale el sol o ir para donde entra.

“Volveré a mi casa cuando la lechuga florezca y consiga un pescado de postre”, piensa la tortuga.

Era increíble, pero era cierto.

Mientras camina la tortuga, ya está en el lugar que desea estar.

Su deseo funciona más veloz que sus patas. Y, a veces, la tortuga ya llega a un lugar cuando sus patas recién están a punto de partir. Y no pocas veces, se olvida a qué vino a un lugar.

Como un rayo viaja aquí cerca o allá lejos.

De ahí, que le pusieron el nombre de la Tortuga fantasma, aparece aquí o allá sin que siquiera hubiera estado. Unos dicen “pero si yo le vi”, “pero si estuvo conmigo”, cuando ella apenas estaba llegando al lugar.

Fue un día, cuando una tormenta le sorprende en el camino, con el imprevisto la tortuga era más lenta todavía.

Mientras llueve a torrentes su deseo ya está muy adelante, visitando a su abuelita Torfina, a sus sobrinos Tortuguines y a su tío Torcuato. Como la tormenta empeoraba tiene que alojarse en la casita de un conejo. Intenta llamar a su deseo, pero su deseo ya estaba muy lejos, estaba atrás de la colina visitando a su tía Tortuflori.

Con la lluvia y el frío, no tenía ganas ni valor de ir tras él.

Pasó la tormenta.

Salió el sol  con el arco iris.

La tortuga preocupada se despide de su anfitrión el conejo, teme que su deseo se vaya más lejos. La tortuga camina lo más rápido que puede para darle alcance cuanto antes. Le contaron que con la tormenta muchas desgracias ocurren. Y, así era por aquel lugar.

Como le consiguió una correa de perro, el deseo de la Tortuga fantasma no se adelanta más, ahora camina contento a su lado.

Y sólo, cuando hay urgencias, a la Tortuga fantasma se lo ve en dos lugares al mismo tiempo.