La fiesta de los libros

0
62

Leer debe ser uno de los hábitos más deliciosos y edificantes de la actividad humana y que desafortunadamente en Bolivia no es muy practicado. Pero con alegría comprobé este año en la XXVI Feria Internacional del Libro de La Paz largas filas para ingresar al evento, lo cual no es detalle que pueda ser motivo de presunción, pero es sin duda síntoma del interés que ha despertado en la sociedad paceña esa concentración literaria para que la lectura le haya ganado, y de lejos, a esa competencia comercial que tuvo en versiones anteriores como es la venta de comida chatarra. Dejo en claro que no pienso que esté mal que quienes asisten al Campo Ferial dediquen un tiempo a llenar el estómago, siempre que llenarlo no sea el motivo esencial en un lugar y ocasión en que la fragancia del papel y la tinta deben imponerse frente a los aromas que despiden los choripanes y las salchipapas.

Durante esa fiesta de características muy distintas de las que en nuestra cultura urbana se acostumbra celebrar con tintes prosaicos, asistí tres jornadas en las que fui testigo del desbordante entusiasmo de sus visitantes, especialmente de los jóvenes, a quienes vi en muchos casos hojear textos de diversos géneros y, no en pocos, comprarlos, principalmente aquéllos que están comprendidos en la novela costumbrista y los cuentos clásicos.

Pero la gente mayor tiene preferencia —por lo menos en esos días de fiesta— por la literatura clásica universal, quedando confirmado que en los últimos años la narrativa ha alcanzado sitiales preponderantes en la pluma de los autores nacionales. De manera que la Feria del Libro de este año ha tenido el condimento de una prolífica producción nacional en este género. Los escritores académicos han hecho también valiosas contribuciones en el campo sociológico e histórico que, más allá de las orientaciones ideológicas que poseen, son textos que enriquecen las bibliotecas y la cultura en un tiempo en que leer en papel parece una actividad cada vez más elitista.

No sé exactamente el flujo de visitantes que hubo durante toda la feria. Eso es cosa de los organizadores, y en cuanto a las ventas es asunto de las editoriales y librerías que participaron del acontecimiento. Pero algo que sí es seguro es que familias enteras han comprendido que leer libros mejora aspectos que pueden pasar inadvertidos para muchos, como el promedio de vida, que en el caso de los lectores asiduos puede elevarse según estudios científicos probados. Pero básicamente la lectura se constituye en un factor fundamental para el desarrollo de las competencias, contribuyendo a una culturización que en nuestro medio, por su baja densidad, ha provocado y provoca que nuestro desarrollo humano especialmente sea de los más bajos del continente. Agiliza la mente, clarifica las ideas. Leer libros juega un rol importante en el desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje. La ortografía de alarmante nivel por efectos de una deficiente educación escolar agravada por el caótico uso de las redes sociales puede sustancialmente ser mejorada, hasta alcanzar, solo por ese hecho, una calidad óptima, si no de excelencia.

Por esos razonamientos es que me regocijé viendo legiones de niños escudriñando los estantes de literatura infantil y de revistas relacionadas con la tecnología o atendiendo a improvisadas disertaciones y coloquios sobre temas culturales y de ilustración científica dirigidos a esa categoría de oyentes. En fin, la FIL 2022 fue, desde mi punto de vista, altamente positiva para la ciudad de La Paz.

Bolivia lee poco. Lo sabemos… Pero estimular el cerebro dotando de insumos como para que a tiempo de interactuar con los demás uno no se quede mudo y más bien exponga un pensamiento propio, sustentable, potenciando la capacidad de pensar, me parece fabuloso. En la reciente feria compré uno que otro libro, pero más allá de los números que pudo haber dejado el evento en asistencia y ventas, vi romerías, pero no detrás de un santo, sino en busca de un libro. Y lo que se ve se anota.

Augusto Vera Riveros es jurista y escritor