La derrota del regionalismo cruceño

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Dice José Rafael Vilar, el consultor político de “Bolivia Dice No”, en su columna “la fuerza del pueblo es su fe en sí mismo” que la decisión “más trascendente” del Cabildo no fueron ni la “declaratoria ciudadana de desastre nacional” para “erradicar los incendios forestales y recuperar los bosques”, ni la abrogración de Ley 741 y del Decreto Supremo 3973, sino “trabajar por una propuesta federal real, solidaria y unificadora”, es decir, en el federalismo. Es llamativa la relevancia de los factores en la columna de Vilar porque, aunque el Cabildo en Santa Cruz no proclamó a un solo candidato presidencial -ni a Oscar Ortiz, su candidato- nos reveló dos cosas del proyecto político cruceño: por un lado, aunque siempre presente, la “propiedad de la tierra” que se combina con la potestad sobre los recursos hidrocarburíferos producidos en el departamento (o bien, “centralismo”), que hay algunos que “invaden” y que las tierras son de los cruceños, por otro, que lo del Cabildo del 4 de octubre, no puso énfasis en la “defensa del 21F” como parecía en principio, ni por la Chiquitanía, sino una suerte de repliegue del proyecto político cruceño, dado que las encuestas de intención de voto, la estrategia errónea de Oscar Ortiz, aunque la relativa fuerza con la que la “federalización de las autonomías” irrumpe en los meses de campaña electoral, no acompañan.

¿Cómo describir al proyecto del regionalismo cruceño? Primero, en oposición a otros regionalismos. Es un despropósito comparar el pedido de federalismo en Potosí con el pedido de federalismo en Santa Cruz como se lo ha hecho en los últimos días. Es verdad, en Potosí (y según José Luis Roca, en “Fisonomía del Regionalismo Boliviano” (1979) en Chuquisaca y Tarija) el pedido data desde casi la fundación de la República, pero hay que hacer una diferencia: el pedido en Potosí, carece de la fuerza que tiene el pedido en Santa Cruz. Me refiero a que el caso cruceño nos demuestra una articulación entre ideología (un proyecto político), un partido político, aunque fracasado (Bolivia Dice No o los Demócratas) y que, en mi criterio, no va a revertir la mala imagen de las últimas elecciones (por ser supuestamente cercano al MAS, por sus ataques a Comunidad Ciudadana) e instituciones (el Comité Cívico Pro Santa Cruz pero por qué no la CAINCO o la Cámara Agropecuaria del Oriente); en Potosí no encontramos una articulación con partidos. El proyecto político cruceño es pragmático: seguramente la expansión de la frontera agrícola, la soya transgénica y el biodiesel den mejores luces al respecto, pero también que, aunque no fue lo principal en Bolivia Dice No, «federalizar las autonomías» irrumpió con relativa fuerza en el escenario político en estas elecciones. No se trata entonces de que el Cabildo sea un fracaso: el Comité Cívico Pro Santa Cruz todavía sigue siendo la más importante del país, como dice Dabdoub en “Un antes y un después del Cabildo” pero, como apunta el mismo autor, cuando dice “en este siglo, desde Oriente, donde nace el sol, emerge un nuevo proyecto nacional, que sea profundamente democrático, sustentable y con una descentralización política administrativa más profunda.”, no hay una demanda electoral en la convocatoria, sino regional. Segundo, describiendo sus recursos argumentativos: el Comité Cívico Pro Santa Cruz gana legitimidad en torno al pedido del “11%” de regalías para departamentos ricos en recursos hidrocarburíferos en 1959, alrededor de la aparición del “Código Davenport”, aunque en base a una agenda propuesta por la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz en 1904 que propone la construcción de una carretera con Cochabamba –o sea, integración con el resto del país- la mejora de servicios públicos y la construcción de infraestructura ferroviaria, por otro lado, gracias a la administración eficiente de los recursos del 11% por recursos hidrocarburíferos por CORDECRUZ y el Comité Cívico, y la construcción de infraestructura caminera en todo el departamento de Santa Cruz hacia 1970, es que aparece una nueva oligarquía -producto también del Plan Bohan en 1942 que propone reducir las importaciones agrícolas- que basa su poder económico en la producción de soya, azúcar y algodón. No es para olvidar, además, que hacia la década entre 1970 y 1980, plena dictadura del Gral. Hugo Bánzer Suárez, cruceño, los créditos agrícolas subirían hasta 70% para esta “oligarquía cruceña” y que, del total de las exportaciones nacionales, el gas y petróleo cruceños y el algodón, representan el 37%.

En otras palabras, si el regionalismo cruceño se funda por una desigualdad del Estado -que era y es centralista- la propiedad sobre tierras y sobre recursos hidrocarburíferos son elementos discursivos que legitiman cada cierto tiempo al proyecto político cruceño. ¿Cuál es, entonces, el proyecto? La ampliación de privilegios de unos grupos de poder cuyos intereses, en definitiva, van más allá del puramente económico. La figura de Rubén Costas es clave para entender el componente político del regionalismo cruceño en los últimos años y, casualmente, en oposición a Carlos Mesa: es bajo la presidencia de Rubén Costas en el Comité Cívico de Santa Cruz que se plantea la autonomía -aunque por momentos, independencia- en Bolivia, bajo la “Agenda de Junio” en 2004, que fue otra forma de presionar al gobierno de Mesa para un eventual referéndum autonómico a través de, también, un Cabildo en el que participan 300.000 personas. Está claro que el Comité Cívico de Santa Cruz tiene más influencia que cualquier otro similar en el país. Ya habiendo renunciado Mesa a la presidencia, por múltiples presiones desde El Alto y Santa Cruz, inicia una nueva fase en Santa Cruz, la del referéndum autonómico y la de las elecciones para gobernador, aunque frenadas por el pedido de Asamblea Constituyente, pero es el mismo Costas el que lleva adelante todo el proyecto que desemboca en su propia elección como Prefecto en 2005, ganando el referéndum revocatorio en 2008, ganando la primera elección a Gobernador en 2010, fundando el partido Movimiento Demócrata Social en 2013 y siendo reelegido como Gobernador en 2015.

Siempre gravitando en el tema nacional, sea como presidente del Comité Cívico, como Prefecto, Gobernador o líder de los Demócratas está claro que, con Costas, Santa Cruz además de un centro económico -ahora mismo representa 28.7%, con un crecimiento económico por año que supera el 6% y con una producción hidrocarburífera que incrementa- es un polo político, en contraste a La Paz. ¿Qué cambia entre 1970, 2004 y 2019? La aparición de un partido político propio que, al participar en elecciones nacionales, se alía a otros para “crecer” y llevar un proyecto autonómico adelante. Pero es recién en elecciones nacionales del año 2019 que el partido Demócratas decide participar en elecciones bajo sus propios términos y con un discurso, aunque no como elemento principal, que es más cercano al proyecto político, el de “federalizar las autonomías”: un proyecto en el que regiones fuera de Santa Cruz, no La Paz, profundicen en el régimen autonómico, aunque con el objetivo de llegar al federalismo como forma de organización estatal. Ya en este punto, se ve que una parte del proyecto político cruceño buscaba trascender a las regiones, aunque la esperanza estaba puesta en Potosí, otra región que pedía “federalismo” para administrar sus recursos provenientes de explotación de litio y minería. Lo explica su primer candidato a vicepresidente, Edwin Rodríguez, un potosino. Una mala lectura política lleva este proyecto por abajo: primero, que dados los resultados del referéndum por la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado, el 21 de febrero de 2016, entre la oposición surge, de nuevo, el discurso de “unidad”, segundo, como consecuencia del discurso sobre “unidad” entre partidos de oposición y plataformas ciudadanas, el proyecto sobre “federalización de las autonomías” queda relegado. Esto tanto en la oposición que lucha mayoritariamente por la “recuperación de la democracia” como en el mismo partido Bolivia Dice No, que entiende que para luchar contra Comunidad Ciudadana, el otro partido opositor que está mejor posicionado, y contra el Movimiento Al Socialismo, la campaña política debe ir de la mano de denunciar corrupción. Cuando la campaña política de Bolivia Dice No comienza, entre febrero y abril de 2019, las encuestas de intención de voto muestran que está alrededor del 13%, frente a un margen de indecisos a nivel nacional que está entre 20 – 25% y que, en Santa Cruz 18%, pero compitiendo por márgenes muy estrechos con Comunidad Ciudadana y el Movimiento Al Socialismo.

Entonces, ¿dónde está la derrota del regionalismo cruceño? En la aparición del candidato conservador Chi Hyung Chun del Partido Demócrata Cristiano: primero, un crecimiento en lugares donde Bolivia Dice No, no crecía -superando sorpresivamente a Oscar Ortiz en Potosí, aunque Edwin Rodríguez ya había renunciado a la candidatura a vicepresidencia, en Tarija, La Paz, Oruro y Chuquisaca, es decir, el occidente que Bolivia Dice No, no había logrado conquistar- y segundo, con componentes discursivos que, aunque improvisados y conservadores, conquistan a un electorado que está descontento con la oposición y con el oficialismo. En otras palabras, la candidatura de Chi Hyung Chun retiró definitivamente el tema autonómico -federalización de las autonomías o federalismo- del escenario electoral. Solo a 1 semana de las elecciones es que el federalismo vuelve, pero ya no con la misma fuerza: en Santa Cruz tomó la forma de un Cabildo con 1 millón de personas, pero sin proclamar en el Cabildo a un candidato a la presidencia, y en La Paz, a la luz de conflictos en Potosí, el apoyo al pedido de federalismo de Potosí divide a líderes en Comunidad Ciudadana misma. La derrota del regionalismo cruceño radica justamente en el 4.5% como resultado final de Bolivia Dice No en las elecciones presidenciales de 2019: varios escenarios le juegan en contra, y no le queda más que afincarse en un Cabildo. Entonces, ¿es el Cabildo cruceño el escenario de algo nuevo? En el mismo Cabildo del 4 de octubre los elementos discursivos de siglo pasado vuelven, ya sin un partido porque parece haber fracasado.

Pero el Cabildo y la derrota son, al mismo tiempo, una estrategia inteligente: es no quedar mal con el MAS, con la que el empresariado cruceño tiene algunos acuerdos, y no quedar mal con el “centralismo”, por si éste ganaría las elecciones presidenciales en segunda vuelta.