Jorge Zabala anarquista

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 De: Carlos Crespo Flores / Inmediaciones

Estudiar el pensamiento del escritor cochabambino Jorge Zabala es un trabajo por realizar, y será tema de un conversatorio en preparación por parte de sus amigos. Es que Zabala fue un adelantado a su época, tenía la ventaja de no haber sido contaminado por ideologías autoritarias en su formación, como el marxismo, nacionalismo, fascismo, indigenismo, por tanto, pudo desplegar un pensamiento autónomo y abierto.

Una de las influencias de Jorge, sin duda, ha sido el anarquismo. En 1970 escribe “Exorcismos”, un libro de ensayos sobre cultura, donde la veta libertaria esta visible. Estaba actualizado con la impronta juvenil de los 60’s, como se sabe, un movimiento de claro contenido anarquista en muchas de sus facetas organizativas. Como muestra el libro, conoció Sartre, la Nueva Izquierda Norteamericana, el Black Power, Marshall McLuhan, la escuela de Frankfurt, pero sus inclinaciones ácratas son la fuente inspiradora.

Desde esta veta llama la atención sobre las instituciones cada día “más perpetuantes y absorvedoras”, particularmente estatales, y exclama sobre “el hastío hacia los que administran la bondad”. Asimismo, realiza una crítica severa al “arte para el pueblo” promovido por el “socialismo latinoamericano de Estado”, como Cuba y Chile (eran los tiempos de Salvador Allende) y defiende “formas de pluralismo o anarquismo socialista”, para “proveer esa participación unánime”.

Frente a la moral espartana, controlada por el Estado, muy similar al autoritario “socialismo real”, el ensayista hace referencia a las “normas anarquizantes” de la escuela cínica en Grecia, quienes “sustituyen el amor matrimonial por el amor libre, en un ansia de retorno a la naturaleza y desprecio a las instituciones sociales, pues creen que el sabio no necesita leyes, ni gobierno ni autoridad, porque le basta su propia moral de renunciación”. En el artículo “las maneras anarquistas”, Zabala recupera al “príncipe y explorador anarquista” ruso Piotr Kropotkin y su estrategia de “solidaridad comunal y gobierno propio”, como son las diversas formas de asociaciones libres, pues “es esa acción libre en que se dibuja la nueva poética humana, de manera que el hombre goce de sus derechos como tal”. Inscrita dentro de lo que denomina “razón sensual”, destaca los aportes hedonistas de Oscar Wilde, su rechazo de “mentalidades como la griega que reconoció la esclavitud, o la cristiana que reconoció el dolor”; y la comprensión del socialismo libertario como revolución estética e intelectual que ha vibrado “con su influjo” en la movida del 60’, como “las almas bellas de París, los hippies-anarquistas en California, seudomarxistas de Berlín, y liberales en Praga”.

Y su actitud en si misma era anti-autoritaria. No tenía respeto por intelectual o académico alguno, por más famoso que fuera, y lanzaba sus profundas, irónicos y graciosos comentarios y preguntas. Se podría decir que Jorge Zabala fue uno de los primeros punks de la escena intelectual local.

Amaba la ciudad y el paisaje valluno. De hecho, el seudónimo de su columna en Los Tiempos era Jorge Agrícola. Mientras tanto, me quedo con la imagen pintada por el poeta Eduardo Mitre: “porque ¿quién eras tú, /Jorge Zabala, /sino la palabra imprevista, /la imagen insólita/que de pronto saltaba por encima/de nuestras tazas de café/como un pez espada/decidido a no perecer en peceras de papel/ni menos en las aguas/inseguras de la memoria?”.


Ilustración del escritor realizada por Traysi González.
Publicado en el periódico Página Siete