Homenajes y condecoraciones para todxs: ¿Una frivolización de la función pública?

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Las noticias recientes sobre las muertes de adolescentes potosinos en circunstancias muy trágicas me han impactado sobremanera. Santiago, adolescente de 17 años, padecía de discapacidad motora por lo que fue internado en el Hospital de Tinguipaya. En ese hospital falleció y se estableció que la causa de su muerte fue un grave cuadro de desnutrición. También a fines del año pasado, el diario El Potosí informó que un menor de 13 años, a quien llamaremos Alex, falleció en un accidente laboral en la mina La Serna. Este menor estaba trabajando en su interior cuando cayó al socavón desde una altura de varios metros. Según la Fiscalía, Alex carecía de vínculo laboral y su caso ejemplifica el trabajo infantil en muchos de nuestros centros mineros. También su trágico fallecimiento muestra los riesgos inherentes a la actividad minera y la falta de políticas de prevención para evitar siniestros como el sufrido por Alex.

Los medios periodísticos nos informan solamente de algunos de estos hechos luctuosos. Hay muchas noticias que no son cubiertas por los medios, sino por los ciudadanos de a pie y que circulan en las redes sociales. Gracias a ello sabemos de muchos casos de muertes violentas y de desatenciones a los derechos de los ciudadanos. Hay silencios en muchos de nuestros medios. Sin embargo, y como si se tratara de un mundo paralelo, los medios si brindan información detallada sobre homenajes y condecoraciones llevados a cabo por autoridades nacionales y regionales. El 2022 ha sido un año muy fructífero en cuanto a este tipo de celebraciones en el caso potosino. Si uno revisa los homenajes ofrecidos por el Concejo Municipal de Potosí y la Asamblea Legislativa Departamental se puede concluir que las celebraciones y efemérides ocupan un tiempo muy importante de sus actividades. El Concejo, por ejemplo, ha otorgado menciones honoríficas y condecoraciones a mujeres, escuelas, colegios, medios de comunicación e instituciones. La Asamblea, por su parte, ha hecho lo propio con artistas, músicos y personalidades. Casi no hay semana que no se realice una premiación publicitada.

Cada celebración es un acto muy solemne. Hay también un poderoso ambiente de fiesta ya que se colocan flores y banderas. En ocasiones, una banda musical acompaña el acto. Estas ceremonias suelen tomar una mañana y en ella participan activamente las principales autoridades locales quienes además lucen orgullosamente sus bandas (blanco y rojo en el caso potosino). En la entrega de los diplomas, credenciales y condecoraciones hay siempre una sesión de fotografías. En ocasiones hay brindis de honor y aperitivos. Los potosinos desconocemos los costos de estas ceremonias que son cubiertos por el presupuesto local y departamental. Nuestras autoridades además consignan estas ceremonias como parte de sus gestiones en sus memorias anuales. Con lo cual asumen implícitamente que una función fundamental de gobierno es la condecoración. Quiero subrayar que mi intención no es desacreditar a lxs homenajeadxs, muchxs de lxs cuales tienen indiscutibles méritos. Mi crítica es a las instancias de gobierno que tienen un actuar frívolo y que se desentienden de las necesidades reales de muchos ciudadanos como Santiago y Alex. Ellos han pagado con su vida la carencia de un Estado realmente orientado a su bienestar.

¿Qué debemos hacer en estas circunstancias? Pienso que hay dos pasos cruciales. Primero, entender que la función pública es una actividad pensada para atender las necesidades de los ciudadanos. ¿Qué necesidades? Servicios de salud, por ejemplo, educación y justicia, por otro lado. Procurar así una atención de calidad en las instancias administrativas y por tanto una administración orientada al ciudadano (y no a la inversa). Segundo, abandonar la idea que las efemérides son las que definen el legado de un gobierno local. En otras palabras, terminar con la cultura de la frivolización administrativa. Las conmemoraciones deben ser oportunidades para reafirmar nuestras convicciones de construir sociedades justas. No deben ser torneos concebidos para la figuración de autoridades de turno. En suma, hay que recuperar la misión central de la función pública y dejar de lado los espectáculos de palcos y bandas.