Goni, Lula, Evo ¿un destino?

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Como escribió en su portal el diputado Amilcar Barral, la semana pasada nos dejó “tres buenas noticias para la democracia que demuestran que el poder no es eterno: 1  Goni fue hallado responsable de los hechos de Octubre Negro, cuando murieron varios bolivianos y otros quedaron heridos; 2  la  CIDH  aceptó la demanda contra Evo Morales por la ejecución extrajudicial del hotel las Américas; 3 se decidió que el intocable Lula da Silva entrará a la cárcel por corrupción.

Los que ostentaban poder absoluto, hoy algunos fallecieron y otros están en la cárcel o a punto de ser encarcelados: Fidel Castro, Hugo Chávez, Nétor Kirchner, Alberto Fujimori, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Cristina Kirchner, Lula da Silva, Dilma Rousseff y seguirán algunos más.

Goni (1930)   de 88 años, Lula (1945) de 73,  Evo (1959) de 59. Tres personajes que más allá de nuestros apegos o desapegos, formarán parte de nuestras historias y que, siendo tan diferentes, van al mismo destino: los estrados judiciales.

Los tres también nos demuestran que fueron admirados por sus pueblos; sin embargo, los tres también nos enseñan que el poder no dura para siempre y que, te vayas donde te vayas, hagas lo que hagas, ese brazo llamado ley, tarde o temprano, te alcanza.

Después de 15 años Goni fue sentado en el banquillo de los acusados, en el país que él consideraba lo protegería de todo. Sí, de todo, menos de la impunidad. Quizá nunca se imaginó que un joven abogado y apasionado rockero lo sentaría ante los estrados judiciales de uno de los países más poderoso del mundo.

Como reseña Pagina Siete, Thomas Becker es guitarrista de una banda denominada Beautiful bodies (Cuerpos hermosos)   que vino a Bolivia en 2005 a hacer prácticas, pero 13 años después terminó siendo el impulsor, hasta incluso el ideólogo, del juicio al expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada en Estados Unidos.

Lula, el obrero vuelto en capitalista, creyó que su popularidad lo escudaría de la justicia, pero no contó con que en su país, a pesar de todo, había existido un Poder Judicial independiente y que el juez Moro va por igual ante moros y cristianos. Es triste ver que habiendo sido admirado, se encuentre  que fomentó, alimentó y permitió una red de corrupción pública. No es, como la mayoría de los medios y analistas insisten, que se lo juzga por haber recibido un departamento de lujo. Se lo acusa de que, administrando el bien común, lo hubiese convertido  en su bien particular y de sus allegados, a través de una estructura de corruptela fomentada desde el poder público que tenía.

Evo, que ya es el presidente boliviano   con más años en el poder, también debe poner sus barbas en remojo, pues, a pesar de controlar todos los órganos de poder de Bolivia, la CIDH acaba de admitir en su contra una demanda por violación a los derechos humanos y ejecuciones extrajudiciales. Después de ocho años de presentada la demanda por los familiares, la Comisión valoró que hay elementos para determinar que hubo ejecuciones injustas y no como afirma el Gobierno boliviano, que se trató de un enfrentamiento con fuego cruzado.

Así mismo, la situación de los detenidos en esa ocasión fue calificada como aplicación irregular de la detención preventiva. La falta y ausencia de garantías procesales así como la confiscación de bienes, como elementos que vulneran los derechos humanos, establecidos en la convención de Costa Rica.

Evo Morales, quien ordenó el operativo policial, junto a García Linera, deberá sentarse en el banquillo de acusados por crímenes de lesa humanidad si la CIDH continúa con el proceso.

¿Tres caminos un destino? Así parece, pues dos de ellos ya sufren las consecuencias de la ley y de saber que, a pesar de los  años, la justicia los atrapará. Evo, ensoberbecido aún con el poder, disfruta de esa aura que tenía: ¡Soy intocable! ¿Hasta cuándo?  Evo tiene que entender que no es acusando y denigrando a la justicia que ella  temblará, sino, más bien, debe moderar sus opiniones públicas y serenarse.

En lo que le queda de mandato, le haría mucho bien corregir la senda de ilegalidad por la que transita y encuadrarse en lo que establece la Constitución Política del Estado y la voluntad popular. Por el bien del país y de él mismo, ojalá sea así.


Ivan Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.