Homero Carvalho Oliva

La virtualidad de las redes sociales hace posible encuentros que, de otra manera, quizá no se hubieran dado; en el Facebook, por ejemplo, me he encontrado y reencontrado con amigos de barrio, de colegio, de universidad y de antiguos trabajos; asimismo me ha permitido contactarme con personas del todo el mundo, establecer cierta amistad etérea y espacial con ellas e incluso realizar proyectos culturales y laborales juntos. Una de esas personas, con la que luego hicimos una gran amistad real, no solamente virtual, es Ernestina Mo, escritora y radialista argentina.

El año 2016, empezamos nuestra amistad virtual convocados por el espíritu de la literatura, fuimos descubriendo autores, libros y textos en común, se nos revelaron nuevos signos en las palabras y al año siguiente Ernestina me envió algunos de sus libros. La noticia de la llegada por correo fue un acontecimiento que anuncié en el propio Facebook (ver la fotografía) y un par de años después nos conocimos de manera física, fuera de la matrix.

La ocasión de conocernos personalmente fue con motivo de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires 2019, a la cual fui invitado por la Fundación del libro, a sugerencia de los escritores Raúl Brasca y Martín Gardella; al enterarse de mi próxima visita a la capital argentina, Ernestina, muy amable ella, me invitó a hospedarme en su casa en un pequeño y hermoso pueblo, cerca de la gran ciudad, que, como ella, se llama Ernestina; me disculpé diciéndole que la organización corría con los gastos y que nos iba a albergar en un hotel por el centro urbano. Hasta allí fue Ernestina a buscarnos, a Carmen, mi esposa, que me había acompañado, y nos llevó a caminar y a visitar algunos centros culturales. Entre esos lugares de encantó fuimos al Café Petit Colón, muy cerca del gran teatro, frecuentado por artistas y otros especímenes de la variada y exótica fauna cultural del mundo. (Ver fotografía)

Ernestina es una mujer hermosa, con una gran actitud ante la vida, siempre positiva, que mira el futuro con esperanza y que invariablemente está dispuesta a tender la mano. Fue muy grato abrazarla. En otras ocasiones he conversado con ella en su programa radial, cuyo nombre es “En tres vistas”, que se pasa todos los miércoles de 21:00 a 22:00 horas, en el que dedicado recomienda libros, hace entrevistas a referentes del mundo literario, brinda noticias y hace conocer la agenda sobre arte y cultura en general. Ernestina es una gran escritora, sencilla en sus publicaciones grande en sus contenidos: Me encantó esta explicación que brinda ella misma sobre su proceso creativo: “Cuando comienzo a escribir un nuevo libro, tengo la sensación de ser temporalmente la dueña de un edificio muy particular. El saberme la única propietaria de cada espacio me permite tener el dominio de la interacción de sus habitantes. Ellos tomarán vida, según mi necesidad de redacción… Y así, hasta el día en que se inaugurará, con la algarabía de puertas abiertas por siempre… Desde ese día, ante la ausencia de trabas, los personajes emprenderán la marcha hacia su camino de luz… Se puede decir que mi escuela fue la de la vida, sabrosa, intrigante, subyugante, poniendo siempre frente a mí, atajos atiborrados de experiencia, con «personas» que poseen la dualidad de poder convertirse en «personajes». Listo, no hay nada más que decir que abrir las puertas del libro, recorrer los pasillos, conversar con los visitantes y escucharlos, mirar el paisaje por las ventanas y seguir caminando hacia el final.

Alumna del Taller de Cine de José Martínez Suárez, junto a quién encontró la manera de saber expresar su arte. Autora de los guiones de cine «Queriendo escapar» e «Ingratitud» y también de la obra de teatro «Dale que va». En la actualidad tiene varios libros publicados: Siempre hay Tiempo, Fuego Azul, El Paseador, La Endiablada Pulpería y El Vórtice Naranja y El Diccionario del desamor… ¿del otro?, que es uno de mis favoritos.  

Acerca El Vórtice Naranja, una novela fantástica cuya prosa me encantó, el escritor Germán Cáceres afirma: “Desde el comienzo Ernestina Mo va creando un clima de misterio e intriga que obtiene a través de una prosa directa y precisa. A medida que la historia avanza incorpora nuevos y conflictivos personajes que frecuentan la infidelidad y el engaño. Los protagonistas son Annita y Lorenzo, un matrimonio que se lleva mal y que emigró de España a Buenos Aires para heredar una casa de antigüedades que les dejó un tío y cambiar un estilo de vida que no los satisface. Pero ya Lorenzo tenía una amante en España (“De momento, comparar entre las dos mujeres le hacía llegar a la conclusión de que había un Lorenzo para cada personalidad.”) y ahora ha encontrado otra aquí en la ciudad. A su vez el tío mantuvo en vida a dos familias, una de la cuales le dio un hijo. Todos los familiares y amigos de los esposos parecen condenados como ellos a la desdicha y reniegan de sus frustradas existencias. Plácido Donato afirma en el prólogo: “Los personajes y circunstancias conviven en una cruda realidad, pero participan en las irreverencias de una autora que atrapa en cada espacio de la lectura.” La novela destaca la influencia que despliegan en el entorno los objetos antiguos: “De pronto, infinidad de historias de amor, muerte, pasión y gloria desbordaron …”[1]

Como un homenaje a ella copio un microcuento suyo: La rutina II

“A hurtadillas, ella se acercó a la cocina y encendió la luz. Yo estaba a punto de experimentar una nueva oportunidad en la que me sentiría acorralada.

Llegó a nuestro rincón preferido y empezó a manosearme hasta el hartazgo, mientras, como en noches anteriores, su esposo dormía sin sospecha alguna de la traición.

Al fin, en un arrebato, hincó en mí sus dientes.

Luego, apagó la luz.

En el dormitorio, con seguridad habrá recuperado el sueño interrumpido, mientras en mi pulpa de manzana, quedó la huella de su incontrolable ansiedad de gorda insatisfecha”.


[1] https://periodicoirreverentes.org/2017/03/13/%C2%A8el-vortice-naranja%C2%A8-de-ernestina-mo/