Blog Post

News > Nacional > Elecciones y cambio social

Elecciones y cambio social

Christian Jiménez Kanahuaty

Es un lugar pensar que las elecciones son un espacio conservador que decide el rumbo de una sociedad de manera equilibrada y más o menos transparente en lugar de que ella apueste por la vía revolucionaria para cambiar sus estructuras. Sin embargo, en esta noción se esconde un principio que da lugar a una relación. El principio es que las elecciones cumplen el mandato de la representación política. Es decir que en ella tanto para elegir o ser elegido está representada la pluralidad social y económica de un territorio. Esto parece cierto, pero sabemos que tanto para ser elegidos como para elegir han primado diversos criterios a lo largo de la historia desde las sexuales, económicas y educativas, pasando incluso por lo ideológico.

Cuando pensamos en las elecciones, pensamos en un momento que es casi una instantánea sobre los deseos de una sociedad acerca de su futuro. Y por ello nace una relación tras entender quiénes serán elegidos y quiénes votaran por ellos. Esa relación es con el tiempo político. El tiempo político es una variable pocas veces tomada en cuenta y es la suma de deseos, aspiraciones, relaciones de fuerza, composición del campo político y precedentes tanto económicos como sociales que han llevado a un determinado territorio y sociedad a un estado de crisis o malestar.

Así, cuando decimos elecciones, no decimos tanto elegir un candidato por otro, sino clausurar un tiempo por otro. Aquello hasta hace no mucho era la labor de las grandes revoluciones. La revolución francesa instituyó un nuevo tipo de ser humano, unas reglas jurídicas a través de las cuales se establecieron el derecho, la economía y la seguridad, y luego, las demás revoluciones inspiradas en ella continuaron profundizando un ideario revolucionario para tener más y mejores derechos y relaciones distintas con los poderes económicos y políticos manifestados no sólo en el Estado y sus aparatos de dominación tanto ideológicos como jurídicos y represivos.

Ahora, tras la posibilidad de transformar el tiempo con las elecciones y sustituir un modo de hacer política con otro, los candidatos que se enfrentarán a una segunda vuelta electoral tras los resultados del 17 de agosto, asumen que tan sólo por la estadística electoral, el país ya cambió.  

Si algo cambió fue la composición de representantes en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Pero eso no significa que haya cambiado la sociedad, pues la sociedad no es simplemente una estructura que pueda sintetizarse en una representación política como la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Ella simplemente denota un resultado matemático, guiado por porcentajes, agregaciones y presentaciones territoriales. Pero una sociedad cambia en la medida en que las estructuras internas de ella se ponen en discusión. Una sociedad son los múltiples territorios, lenguas, sistemas educativos y jurídicos que conviven en ella. A estas cuestiones más o menos identificables a simple vista hay que sumarle los aspectos simbólicos, los anhelos, las esperanzas, las ideologías, la rabia y la frustración.

Una sociedad cambia de manera mucho más lenta y en determinadas ocasiones no está agilizada por el resultado electoral, sino que genera resistencia a al resultado. Ya han ocurrido en la historia del país momentos en los cuales los elegidos fueron resistidos desde las calles. Esto no es simple oposición. Es más bien la sociedad en movimiento que no desea que cambie lo que se tardó en consolidar. Una sociedad tiene formas muy rápidas de asimilar lo nuevo, pero por ello, es muy lenta cuando se trata de dejarlas en el pasado e incorporar nuevas visiones en su interior. Es una paradoja, pero da sentido vital a la sociedad en su espacio más íntimo que hace referencia a los imaginarios que los ciudadanos portan y con los cuales realizan sus actividades, porque un imaginario es el modo en que se proyecta en el tiempo a través de sus posibilidades y la estabilidad que le genera la sociedad. Y es que si la sociedad no cambia y sus proyección sobre su futuro se mantiene, lo que desea se alcanzará sin mayores problemas en un tiempo no muy largo, sin embargo, si la sociedad cambia, y las proyecciones siguen siendo las mismas, lo deseado será cada vez más difícil de alcanzar y es la lejanía entre lo que se desea y lo que se consigue lo que genera insatisfacción y por lo tanto incertidumbre y descontento con los que fueron elegidos.  

En este estado de situación las elecciones no sustituye el debate o el diálogo necesario para cambiar la sociedad. Es verdad que mientras mejor posesionado esté un candidato en cuanto a los números frente a los demás, tendrá una venta de oportunidad mayor para instaurar los cambios que desea, pero estos cambios son lentos y casi siempre suceden por el lado económico, porque es una manera de presionar desde el interior a una sociedad. Los cambios sociales derivados de lo educativo o de lo simbólico, son más lentos, lo económico inserta velocidad en la transformación porque hoy lo económico está al centro de todas las decisiones, desde las educativas, las sanitarias, pasando por las alimentarias y terminando por las impositivas y salariales.

Sin embargo, el eje de toda transformación es la creencia social en que el nuevo gobierno o la nueva estructura de toma de decisiones es responsable a la hora de tomar decisiones que en diferentes niveles no dañarán su estilo de vida y sus aspiraciones.

Por ello, Bolivia y las sociedades que la componen no cambian sólo y a través de los resultados del 17 de agosto. Tras 20 años de políticas sociales, económicas, culturales, educativas y asistenciales, la sociedad no se desprende de ese peso sólo por medio del voto. Esas estructuras vivirán todavía mucho tiempo e incluso si se las elimina tendrán vigencia dentro de un imaginario social que las convertirá en un pasado glorioso. Si las estructuras perviven, serán evaluadas en comparación. Cómo era en el pasado, cómo son hoy. Y si en cambio, es la misma sociedad la que se da cuenta que aquellas era nocivas para su vida, es la sociedad la que las desecha. Esto sin embargo es lo más difícil y esta acción política, ideológica y social no surge de la elección, surge de un acontecimiento revolucionario o en menor grado de un hecho constituyente.

La vida social no se reduce a la verificación electoral, pero sí que marca un sentido de hacia dónde va la oportunidad para generar el cambio. Lo que no evita que se encuentren resistencias y por un tiempo, el cambio vaya acompañado del reforzamiento de viejas estructuras. Esos dos movimientos han sido siempre los que luego han encubado crisis de representación y legitimidad en Bolivia. El problema de la gobernabilidad está en germen en esta dinámica doble del movimiento social.

error

Te gusta lo que ves?, suscribete a nuestras redes para mantenerte siempre informado

YouTube
Instagram
WhatsApp
Verificado por MonsterInsights