Elecciones Primarias: el inicio del fin del Proceso de Cambio

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Un suicidio, un autoatentado galáctico, la última de las conspiraciones fallidas envolventes. Se le pueden dar muchos nombres a la debacle que implicaron las elecciones primarias del pasado 27 de enero para el MAS. El remedio apurado que termina por desahuciar al paciente, el meteorito apocalíptico que anuncia la extinción del Proceso de Cambio, el general que diseña la estrategia que condena a su ejército a la derrota. Podríamos seguir así por horas pero la verdad es que ni el más pesimista de los analistas políticos imaginó un escenario más desfavorable para el MAS. Lo que debió haber sido una demostración de fuerza se convirtió en una de las primeras señales del fin de un proceso político que duró 13 años.

Nunca antes el partido de gobierno había exhibido una debilidad tan clara: El rechazo y la indiferencia hacia Evo: el líder inmortal, el Manco Cápac que descendió desde el Chapare, el elegido capaz de intimidar a los astros, no fue capaz de convencer a sus propios seguidores para que participen del simulacro democrático de las elecciones primarias. Según datos oficiales del Tribunal Supremo Electoral solo el 36% de los militantes masistas votaron ayer y de ellos casi el 10% votaron blanco o nulo, es decir, rechazaron la candidatura del inmortal. Estos resultados revelan una situación gravísima si consideramos que los 324 000 votos válidos que logró el MAS equivalen al 5% del total de los 6.5 millones de ciudadanos inscritos en el padrón electoral nacional. Cifra insignificante incluso comparada con los más de 2 millones de ciudadanos que votaron a favor del SI en el referéndum del 21 de febrero de 2016 y aún ínfima respecto al millón y medio que votaron por el MAS en la elección presidencial del 2005. Los datos son claros, Evo ha perdido dramática e irremediablemente el apoyo del grueso de la población que creyó en él, pero también ha sido abandonado por la mayoría de su base social popular y, por su puesto, de los servidores públicos del Estado. El nuevo escenario político nos permite hacer algunas reflexiones importantes:

1) El MAS está atrapado en un encrucijada legal. La Ley de Organizaciones Políticas dispone que solo los candidatos victoriosos en las elecciones primarias pueden participar de las elecciones generales de octubre. Así, el MAS ya no puede dar marcha atrás, debe concurrir a las elecciones nacionales y quemar su carta más valiosa que, paradójicamente, ha perdido el round electoral clave para legitimarse: Evo Cápac carga ahora no solo con los resultados del 21F, sino con el abandono de sus huestes durante el 27E.

2) Es probable que con estos resultados la oposición no pueda ser disuadida de formar un bloque único para enfrentar al oficialismo en las elecciones de octubre. Incluso candidatos sin la más mínima posibilidad de ganar como Jaime Paz y Felix Patzi, creerán que pueden incrementar sus posibilidades a costa del voto que el MAS ha dejado escapar.

3) Algunos voceros oficialistas intentan hacernos creer que su abismal derrota es en realidad una victoria modesta. Al igual que hicieron con el fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia de la Haya en nuestra contra, dicen que tener cerca de 400 mil militantes es, por mucho, superior a la suma de todos los militantes de los otros partidos políticos durante las primarias, por tanto, el MAS tendría una base ideal para iniciar la verdadera campaña con miras a la madre de todas las elecciones en octubre. Estrategia patética porque en Bolivia la ciudadanía nunca tuvo afinidad por la militancia política activa. Las victorias electorales pasadas del MAS no se dieron porque tuvo la capacidad de seducir al 64% de la población para que milite en sus filas. Esas victorias solo se entienden al darnos cuenta que en el pasado el MAS articulaba una propuesta contrastable a la de los partidos tradicionales, encarnaba un proyecto que prometía superar las principales contradicciones estructurales y falencias que el neoliberalismo no fue capaz de responder. La ciudadanía creyó en esa propuesta. Pero el 2019, luego de 13 años, nos hemos dado cuenta que el MAS encarna el pasado, la corrupción y el intento desesperado de conservar privilegios de sus jerarcas, élites y también de sus organizaciones sociales afines.

4) Aproximadamente 193 millones de bolivianos fueron despilfarrados entre la celebración de un referéndum no respetado por el gobierno y unas primarias ridículas con candidatos únicos donde el ausentismo fue la ley. Semejante desmedro a los recursos estatales no pueden quedar impune. Una de las primeras acciones del próximo gobierno debe ser que los miembros de la Asamblea Legislativa Plurinacional y el Tribunal Supremo Electoral, afronten las consecuencias legales de este descalabro económico sin precedentes.

5) Ayer, cerca de la medianoche, caminaba cerca de la Plaza Murillo y de la Casa Grande del Pueblo. Lo que en antaño fueron espacios de festejo y autoglorificación estaban ahora envueltos en un silencio sepulcral. Pude ver como las luces de los pisos superiores del palacio presidencial estaban encendidas mientras unos guardias flacuchentos de la Policía Militar hacían guardia, nerviosos. Cuando me enteré de los resultados de las elecciones primarias estaba eufórico, necesitaba una cerveza para procesar la situación sin sucumbir ante mi alegría desbocada. Tuve que caminar hasta las Alasitas para encontrar unas buenas Bock que ayudaron a escribir el texto que lees ahora. Eran las 3 de la mañana, sentado frente a la computadora pensé en su “excelencia”, me dije: “¿Eras tú inmortal, el que encendió las luces del palacio a medianoche? ¿Estabas buscando culpables de tu último fracaso?, tal vez, si tuvieras algo de sensatez, estarías dando instrucciones para iniciar la retirada, quemar documentos y anunciar el abandono de un barco que dio señales de hundirse hace años. Quizá, en tu soberbia, pensabas que este era un complot más: La derecha, el imperio, los vende patria, los neoliberales, complot de todos tus demonios, de todas tus mentiras que has terminado por creer. ¿Hay algo más trágico para un político que creer en sus propias mentiras?