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El último partido

(Un cuento sobre futbol y política)

Ulises Paniagua

Se hallaba dentro del círculo de mediocampo.

Josef Kordik, capitán del equipo, tenía ante sí una decisión cruel, compleja. El pesar se reflejaba en su rostro. Era la victoria a cambio de la muerte; o la derrota pero la vida fuera de la cancha ¿El destino les gastaba una mala broma? No podía ensañarse así, después de todo eran apenas un grupo de panaderos y exjugadores que habían decidido volver a las canchas por una temporada.

Kordik recordó como encontró a cada cual. Primero, a Nikolai Trusevich, portero y leyenda del Dínamio de Kiev. Lo vio por la calle, sin techo, casi una aparición. Lo invitó a su negocio, le dio trabajo como panadero; al mismo tiempo podían hablar así de futbol durante las jornadas laborales. El tema les encantaba a ambos. Allí, entre el olor de los paska, los pirohi, los babka recién horneados, nació la idea de crear el equipo que pronto (quién podría adivinarlo) se convertiría en leyenda dentro de Ucrania y Europa: el fabuloso FC Start.  Kordik había rescatado a Trusevic de una dura sobrevivencia, por ello, la lealtad del portero era incondicional. Más tarde llegaron los otros. Cada uno fiel al líder de la escuadra. En algún momento debían retribuir ese agradecimiento vital ante la destrucción de la Segunda Guerra Mundial.

Como una ironía cósmica, ese duro momento había llegado. El árbitro estaba por iniciar el segundo tiempo; era el momento de anunciar la orden: “Si levanto el brazo, cedemos; si toco dos veces mi corazón, vamos a darlo todo sin importar las consecuencias” había dicho Kordik en los vestidores.

Eran días malos. El ejército alemán había alcanzado la capital, Kiev, e incursionado incluso en territorio ruso y ucraniano. Miles de desempleados deambulaban en las ciudades. Los nazis hacían acto de presencia en la región. El ejército alemán prácticamente había esclavizado a los granjeros de Ucrania, que era parte de la URSS en ese entonces. El futbol soviético, tras la invasión, estaba detenido, había muerto. En medio del marasmo, del peso de la violencia, Kordik intentó exorcizar la catástrofe. Decidió formar un equipo que participara en torneos no profesionales organizados por Europa del Este. Así nació el FC Start.

El conjunto, por su calidad, llamó la atención de los nazis, quienes ardieron en deseos de enfrentarlo. Les convenía una victoria sobre ellos para sus fines propagandísticos. Anhelaban proclamarse, bajo el título de raza aria, superiores al resto del mundo. El FC Start se había impuesto ya a varios equipos de militares, y vencido también al MSG Wal de Hungría, equipo profesional. No era un asunto del todo extraño, porque para entonces el FC Start había logrado incorporar también a exjugadores del Lokomotiv.

Los alemanes se obsesionaron con ellos, en especial a través de un equipo: el Flakelf. Querían derrotarlos. Se enfrentaron una vez. El FC Start había vencido. Las tropas alemanas no lo perdonaron, esa derrota ponía en ridículo al Tercer Reich. Ahora, ese día, 9 de agosto de 1942, el segundo encuentro se convertía en un asunto al borde de la sobrevivencia. Y allí, justo en la media cancha del Zenit Stadium, Kordik llevaba la responsabilidad de decidir. Antes, en el inicio del partido el árbitro ordenó a ambos equipos realizar el saludo nazi ante las autoridades. Los jugadores del FC Start se negaron. El protocolo indicaba que la plantilla del FC Start debía gritar: “Heil Hitler”. Ello tampoco ocurrió. En su lugar, los ucranianos lanzaron una estruendosa reafirmación de libertad: “¡FizcultHura!”[1].

Vino la pesadilla. El Start había dado un partidazo durante la primera parte. Dio un paseo a los alemanes quienes, creyéndose invencibles al principio, no daban crédito a lo que ocurría. Cuando fueron al vestidor, el triunfo era ucraniano por 3 a1. Entonces, mientras el FC Start ajustaba la estrategia en la pizarra, tres oficiales alemanes les hicieron la visita. Les exigieron perder. Debían fingir la derrota, a riesgo de fusilamiento. Fueron claros en su amenaza. Luego les dejaron solos para tomar una decisión. No tuvieron que deliberar demasiado. Eran todos valientes; por otra parte, eran tiempos en que no se perdía nada. Se trataba de una muerte digna, o de una vida de perros. Kordik leyó los ojos del equipo, y asintió.

Allí, a punto de iniciar la segunda parte, cerró los ojos, suspiró hondo, y tocó dos veces su pecho, a la altura del corazón. Sus compañeros apretaron los dientes. El FC Start salió a golear al Flakelf. El partido terminó 5 a 3 a favor de los ucranianos. Se rumora que, a maneta de humillación, incluso Alexei Klimenko, delantero del Start, se quitó al portero alemán y, en lugar de anotar el sexto gol, pateó la pelota hacia el centro del campo. El árbitro anunció el fin del cotejo. Kordik cerró los ojos. Oró en silencio. Su rostro reflejó la más digna de las satisfacciones.

La leyenda afirma que, días después, los jugadores del FC Start fueron fusilados. Algunas fuentes con criterio distinto aseguran que el cuadro soviético jugó algunos partidos más, pero fue disuelto por las autoridades alemanas a modo de venganza. La verdad no ha sido aclarada. Los datos se diluyen, ambiguos, dentro de una época convulsa. Pienso en Eduardo Galeano, quien consigna el episodio en su libro “A luz y sombra”. Pienso en él, quien aprendió a demostrar que no todo lo que ocurre en la cancha se queda en la cancha. Rememoro al FC Start. Como están las cosas, hoy bien podría ser un equipo de migrantes.


[1] “Viva el deporte”.

Ulises Paniagua (México, 1976) Narrador y poeta. Ganador del Concurso Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, Colombia (2019). Entrevistado por Silvia Lemus en el programa “Tratos y retratos” de Canal 22 (2022). En 2023 fue entrevistado en un capítulo de la serie “La ciudad es mi letra”, de Capital 21 TV.  Incluido en la antología Puente y Precipicio, en Rusia (2019). Autor de dos novelas, nueve libros de cuentos, dos de crónica y siete poemarios. Ha sido divulgado en Nocturnario, Círculo de poesía, Punto en línea, Ígitur, Nueva York Poetry, Altazor, Algarabía y Periódico de Poesía. Publicado en Revista Anestesia a través de su columna “Los textos del náufrago”. Director del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía (respaldado por el FCE). Ex-director de la Colección Digital de Terror en Editora BGR (España). Ha sido traducido al inglés, ruso, griego, serbio, checo e italiano.

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