Maurizio Bagatin
Será que no decimos siempre la verdad, fingimos y engordamos los hechos, exageramos hasta llegar a creer nuestras mismas exageraciones. Tal vez sea todo siempre así o no lo sea para nada al mundo, quién sabe. Escribió Jesús Urzagasti en aquella su primera novela que “la vida es la metáfora más feliz de la muerte”.
En una oficina de Cochabamba desde hace varios meses hay siempre una cola interminable, y no es que falten colas en otros lugares, desde temprano hay colas para comprar unas marraquetas calientes, para adquirir sellos en el juzgado y en las farmacias de descuentos. Pero esta oficina trajo curiosidad en muchos transeúntes porque nunca la vieron tan congestionada. Uno de ellos preguntó por qué había tanta gente haciendo cola, y le respondieron que era para ir a Chile. Para emigrar se necesitan muchos documentos, muchos papeles que respalden la verdad. Una verdad que no sabemos quiénes y cómo la interpretarán.
Cuando terminan las lluvias el cielo vive de algún reflejo de la tierra, al salir el sol su azul conserva la humedad de la noche, las nubes atrapan el gris rosáceo de la luz y dejan de ser blancas. Son los meses de transición con los últimos temporales que nos regalan la perfección del arcoíris. Y ver la nieve abrazar al Tunari en este marzo loco es de encanto primordial.
¿La melancolía de un lunes será un refugio? Soy Pierre Bezukhov, con encima todo el peso y el dolor del mundo; soy toda la inocencia del Idiota, hasta la ingenuidad del príncipe. Con esta melancolía hay que retornar siempre a Heródoto y recordar que cosa fue la Persia de Ciro y Darío. Recordar también los siete siglos de dominio árabe en España. ¿Será el eterno retorno? Mi hijo viajó al Viejo Mundo. ¿Qué verá y que vivirá con su veinte años y este orden del caos galopante, por aquí y por allá? Días extraños, y no soy el único en sentirlos. Leo algunas páginas de El hombre sin atributos, el Robert Musil que intentó sacar, como si fuera el mármol para Miguel Ángel, una idea de ser humano dentro de la crisis del mismo. Realismo y ficción, ciencia y literatura de la cual “la zoología enseña que de una suma limitada de individuos puede resultar perfectamente un conjunto genial”. ¿Podrá aun ser así? En los años ochenta parecía que la paz – una cierta paz – podía ser perpetua. Banal ilusión, la historia es efectual y se contuerce en la lucida visión de Giambattista Vico.
Hay un espejo en el agua, refleja la opaca luz de inicio de marzo. El cielo sin definiciones de color que parece descansar.
Y luego el trajín de los seres humanos, nuestro trajín…