Hugo H. Padilla Monrroy

En el alba mojeña asomaba alegre el sol paititiano, se dibujó brillante como todas las mañanas sobre las arboladas selvas, en los suelos de la planicie amazónica, pintando diversos tonos verdes en el follaje, otros varios tonos oscuros en troncos de almendros, tajibos, ochooses, pajarillas y muchos más gigantes plantados guardianes del solar en vida, de macacos, tigres, borochis; de cantadores maticos, guajojós, paculitas en dúo ronco con las parabas, más otros habitantes de estas vastas selvas, que adornan la sabana perlada que en conjunción de curichis y bajíos, dominios del caimán, lagunas propias del jichi[1] y los candiruses[2], ríos serpenteantes que fluyen acompañados de los bufeos[3], tambaquies[4] y surubíes[5] meneando la cola en danza de valses y chobenas,  completan el ambiente fértil de las pampas donde moran vistosos a pie de monte, el jarajorechi[6] y patujú[7]; fue allí también donde dispersos en esas ubérrimas tierras vivían los Torocosies[8], Morocosies[9], Muyuruanas[10] y muchas etnias ancestrales, con sus creencias y formas de vida ingénitas, desde la profundidad ignota del tiempo en muchos siglos.

A la llegada de los misioneros jesuitas, esos pueblos que fueron sometidos a las creencias impuestas bajo los cánones de la Biblia y el cobijo de la Cruz, vivieron más de un siglo con las enseñanzas de los barbados ungidos del cayado y la sotana, de ellos aprendieron valores del orden, del trabajo y se sumieron a la doctrina de la paz.

Luego de la expulsión de los misioneros, ingresaron a estas llanuras los súbditos civiles del dominio realista español, más los curas giróvagos sustitutos, destruyeron las formalidades de vida de los neófitos, cometiendo atrocidades, infamias e indignidad en contra de los sanos valores de los nativos, sin embargo, ellos mantenían esa disciplina y educación recibida, manteniéndola innata como herencia jesuítica.

Concluido el dominio realista español, al surgir la República de Bolivia, por gravedad los habitantes Mojeños se convierten en ciudadanos, con libertad, manteniendo su estructura misional con la vigencia de los cabildos. Casi inmediatamente atraídos por las riquezas que albergaban las selvas de Mojos, con la explotación de la cascarilla de Quina, los Siringales y la abundancia de ganado cerril en esas pampas, se produce una migración de criollos cruceños, que los neófitos trinitarios nominaron “Los carayanas”, esas gentes habidas de riquezas, así como lo hicieron los llamados conquistadores españoles, les había arrebatado sus tierras, su ganado, sus casas, su fuerza de trabajo, sometiendo a los ancestrales dueños de las “Tierras Ricas”, a labores de supeditación y en casos esclavitud, llegando al extremo de la venta de vidas con destino a las estradas[11] de la goma, se conoce que el Prefecto del nuevo Departamento de El Beni, Daniel Suarez en 1886, vendía a razón de 200 libras por humanidad de “enganchados” a las barracas del Rio Madeira. En definitiva, los habitantes de los pueblos misionales fueron desplazados ocasionando que, el dominio carayana, de manera especial con los créditos y endeudamientos, ocupando la Mano de Obra barata, con menesteres de servidumbre y explotación, acciones muy similares a las de la Mita y Encomienda de la meseta confinada en las alturas, por la explotación minera, sean similares.

En la antigua Misión de la Santísima Trinidad, sobre la calle de la Cruz, vivía la familia Nocopuyero, compuesta por Esteban su esposa Dolores, sus tres niños Antonio de 13 años, Juanita de 11 años y Lorenzo de 7 años, moraba con ellos la hábil tejedora la mama y Abadesa[12] Ignacia de 65 años, viuda del sacristán de la iglesia el fiel Pascual Tibusa, madre de Dolores; era Esteban hábil  carpintero, miembro del Cabildo con el grado de Alférez, mientras que Dolores además de las labores de crianza y cuidado del hogar, realizaba menesteres de lavandera de los trapos de la nueva casta “carayana”, día por medio debía trasladarse a la Laguna Suárez (antigua Socreno), casi de manera obligatoria a cumplir ese servicio mal pagado, solo con pequeñas dadivas y obsequios minúsculos.

Los trinitarios por iniciativa propia, guiados por un originario Itonama, que lo denominaban Choquigua, de nombre Andrés Guayocho, una especie de chaman o brujo, dotado de un innato liderazgo, se declaró líder y dirigió, organizó una migración silenciosa a la banda oeste del Rio Mamoré, en destino a la “Loma Santa”, un lugar en las vecindades del Rio Sécure, fundando pueblos como San Lorenzo, San Francisco Javier, Santo Corazón, Trinidadcito, Rosario, San Mateo y San Lázaro, en esas comunidades establecieron sus costumbres, modo de vida según las usanzas de las antiguas misiones, construyendo sus viviendas, iglesia y casa del Cabildo, con un orden y disciplina recogida de sus antiguos misioneros.

Esta ausencia de neófitos en la misión principal, la Santísima Trinidad, y otros pueblos de fundación misional, preocupaba a los advenedizos criollos, incluso se urdió una supuesta rebelión indígena en contra de la población carayana, para el domingo 9 de mayo de 1887, fiesta de la Ascensión, cuando la población creyente indígena asistía a la misa, fueron atacados por el Comité de Salud Pública organizado por el Prefecto Velasco, para conjurar el supuesto alzamiento indígena, la soldadesca criolla arremetió contra los fieles de manera cruel.

De la familia Nocopuyero, asistían a la ceremonia cristiana dominical los esposos, mientras que la abuela y los niños permanecieron en el hogar, por la dispensa de obligación católica de la asistencia solo a los mayores, inmediatamente se conoció en la población, la sacrílega acción de matanza y castigo infringido a los fieles neófitos, se produjeron muchos arrestos con sometimiento a suplicio de la guasca[13] hubieron heridos e incluso muertos, en los que se contaban el alférez y su esposa incluso, entre ellos el sacristán Manuel Prudencio Semo.

Anoticiada de la fatal noticia la abuela mama Ignacia, espero por horas poder recoger los restos de sus hijos, era tan triste el ambiente de la humilde vivienda, donde pocos vecinos pudieron asistir a un velorio, donde la orfandad había hecho reino bajo techo, con la asistencia del asustado cura, se brinda las exequias y la asistencia al campo santo, donde fueron depositados los restos de la pareja de mártires de la vil acción carayana, una sábana santa era el único protector de los cuerpos que moraron en el sepulcro, marcando sitio santo una Cruz de Tajibo labrado rápidamente por el maltrecho compadre Juan Cagua.

La abuela mama Ignacia, por sus años, tenía muy pocas fuerzas para poder asistir con trabajos al sustento de sus huérfanos nietos, solidaridad indígena siempre presente permitía un sustento digno, muy precario; ella en sus noches en vela y pensando que sus nietos seguirían siendo objeto de esclavitud y mal trato, previniendo que sus días de viaje al infinito de Dios, urdió una estrategia de vida, con la habilidad de sus saberes y manos de experta tejedora, trabajo una cuerda (maroma delgada), de la jicharama[14] de la Piraquina[15] existente en el amplio canchón de la vivienda de en sus noches de insomnio, escondía su labor de manera muy astuta, dentro de la noria; trabajó mucho tiempo hasta que un día, calculando que la longitud era de muchas brazadas, convocó al mayor de los nietos Antonio, ordenándole que subiese al árbol de Mapajo[15] desarrollado en el canchón de la vivienda, hasta alcanzar la rama más alta, de donde iría lanzando al cielo en una noche de luna llena, la liana tejida con amor y fe, se deslizó sola y muy rápidamente al firmamento en dirección a la nube de la vía láctea, al tener el final de la soga, debía amarrarla firmemente a una rama fuerte y alta del árbol, así lo hizo el adolecente, esa misma noche, casi al alba, la abuela mama Ignacia, beso a sus nietos y les encomendó subir al árbol como lo hacían en sus juego, trepar por la liana al cielo, diciéndoles:

¡Hijos míos, no tengan miedo, suban al árbol, luego a la liana tejida con amor por mí, suban y no miren abajo!

¡Allá en las estrellas, están sus amados padres, Esteban y Dolores que los esperan, en una Loma Santa, donde vivirán en libertad, con amor y dignidad!

¡Yo, estaré bien, no tengo las fuerzas para ir con ustedes, yo cuidaré de la casita, el chaco, las gallinitas, el perrito “barcino” y el jochisito juguetón!

Los nietos obedecieron, ascendieron por el árbol, luego por la liana, hasta que la abuelita los perdió de vista al pasar una nube iluminada por la luna de esa noche de diciembre, vísperas de una navidad, ella se encamino al hogar, apagó la vela de espelma esa que iluminaba con su luz tenue el estar indígena, se recostó en la hamaca tejida por ella, cerró los ojos y en espíritu alcanzó a los nietos los observó abrazados a su padres allá donde moran los buenos, los libres de las asechanzas materiales que ostentan los poderosos.

La población indígena trinitaria, extraño en el día la presencia juguetona de los niños, observaron a través de la puerta de doble hoja, todo era silencio, solo estaba la abuela, recostada en su hamaca, con los brazos en cruz, con sonrisa alegre, vestida con su tipoy blanco de abadesa, con su rosario de madera al pecho, trenzas adornadas con jarichis[17] blancos, y con una notita que pedía como legado: “Entierren mis restos, bajo el Mapajo de nuestro Pahuichi”[18], así lo hicieron, observaron en el patio la trenza tejida por la abuela muy acomodada a pie del árbol del milagro, buscaron a los niños, sin encontrarlos, ni razón de ellos, ni explicación para saber de su partida con desaparición.

Quedó escrita en la historia de la mítica acción de la “Guayochería”, el milagro de la Abadesa Ignacia, que tejió una asunción en cuerpo y alma para sus nietos, de esa manera liberarlos de la opresión carayana.

Antigua Misión de la Santísima Trinidad, diciembre de 2022

REFERENCIAS

[º] MAMA               = Nominación a las mujeres mojeñas adultas (Diferente a mamá).

[1] Jichi                 = Viborón gigante que vive en las lagunas y fuentes de agua. También llamada Sicurí

[2] candiruses      = Candirú ( Vandellia cirrhosa ), es una especie de bagre parásito de agua dulce.

[3] Bufeo               = Delfín de aguas dulces (Bufeo rosado, propio de la cuenca de los ríos Mamoré, Iténez, Beni)

[4] tambaquies    = Pez propio de la cuenca amazónica, de la familia del Pacú.

[5] surubíes          = Pez propio de la cuenca amazónica, es de piel.

[6] jarajorechi      = Flor, nombre regional del Jacinto.

[7] patujú               = Planta de la familia de las Musáceas. Su flor es matizada de colores que asimilan la bandera

                                   boliviana, definida como flor simbólica de los departamentos Santa Cruz, Beni y Pando.

[8] Torocosies      = Población originaria de Mojos, a orillas del Rio Mamoré.

[9] Morocosies     = Tribu originaria nominada por el Hno. Juan de Soto, en una expedición entre el Rio

                                   Guapay y Mamoré en 1667.

[10] Muyuruanas = Población originaria de situación en la ribera Este del rio Mamoré, posible zona de la

                                   Misión de la santísima Trinidad.

[11]estradas        = Bras. Senda abierta en la selva, para extracción de latex, (Goma elástica).

[12] abadesa        = Nominativo a la mujer indígena mayor, que oficia en la limpieza del templo por devoción.

[13] guasca          = azote con látigo. (Cuero cimbado con tres cables finales).

[14] jicharama     = Fibra de planta que sirve para amarrar.

[15] Piraquina      = Árbol en la Amazonía (Xylopia sericea), de ramas dúctiles, madera fuerte.

[18] Mapajo          = es la (Ceiba Pentandra), árbol de hasta más de 24 m. de altura, propio de la amazonia.

[17] jarichis           = Cinta de colores, que las mujeres indígenas adornan sus trenzas.

[18] pahuichi        = Nominación a la vivienda indígena.