Consecuencia del estereotipo de maternidad

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El índice de maltrato infantil y de abandono de niños en nuestro país Bolivia aumentó notablemente en los últimos años, y mucho tiene que ver con que nos encontramos en un tiempo en el que las mujeres cada vez desafían más a las ideas convencionales del género femenino. Ser madre era una premisa en otros tiempos, por lo que aquella mujer que no quería seguir el estereotipo era tildada de “mala mujer” o “egoísta”; la misma religión cristiana menciona que la mujer debe procrearse, constituyendo esto también una presión social y moral.

Muchas veces las razones por las cuales una mujer decide no traer un niño al mundo, por las cuales dijeron no a la maternidad, son de salud, sociales y económicas.

Debemos considerar que la presión social hace que al tener cierta edad se nos recuerde que tenemos un “reloj biológico”, o que al casarnos se tiene una obligación de ser madre y muchas no sienten apego por los niños o no tienen paciencia para con ellos o no tienen cuidado de criarlos. Además, la sociedad te dice, a la vez, que tengas hijos y que no. Te dice que no te pierdas la experiencia de la maternidad mientras te pide que trabajes y ocupes tu lugar en una sociedad como profesional o técnica. Tener un hijo no solo es un instinto propio de una mujer o un mandato divino, implica también una responsabilidad, la cual comprende proveer vestimenta, atención médica, educación y formación, por lo cual en este tiempo hipercapitalista, la crianza se ha inundado de ofertas, expertos opciones y demás gastos, por lo que vivimos más de espaldas a la realidad de la vulnerabilidad y los cuidados.

En Estados Unidos se reconoce una generación llamada “Millenial”, misma que no quiere quedarse quieta en un solo lugar; son personas de entre 18 y 34 años de edad que no esperan quedarse más de dos años en un solo empleo; una generación interesada en viajar, tener nuevas experiencias y conocer el mundo. En nuestro país muchas mujeres con inquietudes parecidas existen y aun no somos conscientes de que por la presión social que se ejerce la mayoría de las personas acepta la maternidad y ya tarde se da cuenta de que no tiene la paciencia como para guiar y criar a otra persona. Ve como un obstáculo al niño para seguir sus estudios o truncados los planes; es así que se desquita con los menores y esto se aumenta con el alto consumo de alcohol que, por ejemplo, se ve en nuestro país.

Tenemos dentro de nuestro ordenamiento jurídico la aprobación del aborto solo en ciertos casos como consecuencias de un delito de violación, estupro o incesto, siempre que hubiera acción penal iniciada, por lo que los abortos clandestinos continúan y la tasa de mortalidad de las gestantes en estos casos también alarma.

No toda mujer nació para ser madre y eso es algo que deberíamos respetar; hay que romper los clásicos estereotipos por el bien de los niños y también por el de la sociedad en su conjunto.