El feminismo es pacifista

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Ante la cruenta guerra entre Rusia y Ucrania en pleno siglo XXI, tiempo donde se supone que la humanidad aprendió que los conflictos bélicos no son la solución y solo traen muerte, dolor y ganancias para la industria armamentística, la postura feminista siempre fue pacifista.

El siglo pasado demostró ser el más destructor de la historia a causa de la extensión, tecnología destructiva, frecuencia y duración de los conflictos que causaron las mayores hambrunas y genocidios sistemáticos de la historia. Las guerras, además de causar la muerte de civiles, afectan la economía, la infraestructura de los Estados y los valores ético-políticos de la humanidad.

Según John Keane, en el siglo pasado “se lograron estructurar jurídica y políticamente mecanismos, instituciones y estrategias para preservar la dignidad humana de la degradación por la tiranía, la pobreza, la falta de equidad y la muerte violenta ocasionada por las guerras y demás formas de exterminio humano”.  De esta manera, el respeto de los derechos humanos y la convivencia pacífica, constituyen valores fundamentales en los que se cimentan las relaciones internacionales y políticas. A pesar de la aceptación universal de estos principios, los resultados en la lucha por la humanización de la vida son nada satisfactorios.

De acuerdo con Magdala Velasquez Toro, algunas feministas plantean: “Los conflictos armados se originan en las estructuras patriarcales cuyos intereses están particularmente representados en la nación”. Por lo tanto, la guerra sólo podrá eliminarse con la supresión del patriarcado y habrá paz, cuando se acaben las estructuras sociales patriarcales y se transformen las relaciones de subordinación y opresión de las mujeres. Bridget Byrne considera: “La militarización de las sociedades lleva a cambiar las definiciones de masculinidad y feminidad y las responsabilidades de hombres y mujeres”.

La relación entre el pacifismo y el feminismo se remonta al Siglo XIX cuando la socialista francesa Jeanne Deroin en 1848 expresaba: “Queremos construir un mundo nuevo con los hombres, donde reinen la verdad y la paz, queremos la justicia dentro de todos los espíritus y amor dentro de todos los corazones”. En 1889, la austríaca Berta von Suttner, activista por la paz, publico su libro “¡Dejad las armas!”, que alentó a Alfredo Nobel a instaurar el Premio Nobel de la Paz. En 1905, ella fue la primera mujer en recibir tal reconocimiento. 

En 1910, el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, hizo de la lucha contra la guerra un objetivo fundamental y lo presentó como propuesta de programa ante los congresos socialistas. Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, como socialistas internacionalistas pacifistas, se enfrentaron al Partido Socialista alemán que apoyaba la guerra. En la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995, se planteó: “El mantenimiento de la paz y la seguridad a nivel mundial, regional y local, junto con la prevención de la política de agresión, depuración étnica y la solución de los conflictos armados, tienen importancia decisiva para la protección de los derechos humanos de las mujeres y niñas, así como para la eliminación de todas las formas de violencia contra ellas y de su utilización como botín de guerra”.

El pasado 8 de marzo, la Red Internacional de Mujeres de América Latina y El Caribe (Rimlac) convocó a levantar las banderas de la paz y la solidaridad internacional con las víctimas de la guerra. Por ello, proponen entre otros: “Rechazar el uso de la fuerza o amenaza de la misma en las relaciones internacionales, abogando por el pleno cumplimiento de la Carta de Naciones Unidas y el respeto al derecho internacional; solidarizarse con las víctimas de la guerra, no solo en el territorio atacado, sino también en el país que inició la agresión.

Contribuir desde los espacios sociales, políticos y académicos a promover una nueva narrativa que ponga en el centro del debate la búsqueda de una paz duradera, que busque consensos en torno a la reconfiguración de los mecanismos de seguridad internacional basados en el diálogo, la mediación y la negociación entre las partes en conflicto.

Por último, exhortar a un replanteamiento del orden multilateral global, con el objetivo de alcanzar un equilibrio en las relaciones internacionales, para evitar que intereses geopolíticos parciales interfieran en la ansiada y necesaria paz mundial.

Elizabeth Salguero Carrillo es comunicadora social