El ensayo

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Despertó con los ojos adoloridos, estuvo en su face book hasta las dos de la mañana, común para ella. Se preguntó si su mensaje llegó a los escogidos, temía que si aquello se filtraba a los otros se arruinaría el plan. Para asegurarse, mañana tendría que hablar con cada uno en discreción,  el recreo no era una garantía, había que comprometerlos para que estuvieran seguros de participar, guardar el secreto y traer su aporte al evento.

Se levantó dejando caer una docena de peluches, más felinos que osos, una sola víbora, en pijama se probó el vestido de ese día: “que tonta, no servirá de nada, lo tendré cubierto con el uniforme. Soy capaz de usar una calza, me gustan estos apliques,  están en onda, bueno, tampoco quiero que me confundan con una rapera “ay, miren a la rapy”, me gusta, pero no quiero comentarios, además, no va con el show”. Tocó su seno “¿Cuál es el mejor tamaño de un seno?, los grandes dicen, chucherías, me gustan los míos, están bien así, se parecen a los de Fire girl, sí, están okey, a él también le gustan, me lo ha dicho.”

A las siete de la mañana una empleada de la empresa de basura barría la plaza de la Imaculada del Carmen, revisaba los rincones, tenía doble objetivo, dejar todo limpio por si al supervisor se le ocurría pasar  por el lugar, y otro, porque en la semana a veces podía encontrar un celular, monedas, llaveros y objetos de toda índole que los descuidados dejaban caer; el celular y las monedas a veces le ayudaban a comprar las papillas para su bebé “Todo sirve. En estos oficios ganas poco, pero al menos, te queda algo más para la comida y el cuarto. El anterior mes me salvó un celular, lo vendí y pude con eso  terminar de pagar el crédito de una cafetera eléctrica. Intentaré un crédito para la Navidad, me antojo un microondas”.

—Estarán con exclusividad los del Sur, claro, son mis cuates, cómo negarles y, ¿alguno del norte quizá?, tal vez. Son unos hinchabolas con sus libros, son los primeros en comprarlos, como si todos tuviéramos disponible la misma plata. Quizá uno o dos de ellos, nadie más, y no estaría nada mal a una de “Las culisueltas”. Me cae bien el Neymar, siempre que puede me tiende una mano, sino fuera por su madre que le anda pisando los huevitos al cuate, el Ronald sería mejor…y hasta como estudiante, digo yo. Espero que los amiguitos no me fallen. Sólo les pido que hagan un esfuerzo, igual me rajé cuando les tocó estar con el corazón reventado. Y, si me fallan, tendré que usar mis ahorros, ni modo, será para que todo salga lindo y cherry. Quién sabe que al año me trasladen a otro cole, sospecho que así será, ya me lo dijo el brujo de la San Francisco: “Niñita, debes cuidarte, tendrás un traslado, y veo una boda cercana”. Casi me tiro pa’atrás de risa, ¿casarme yo? Nica abuelito, ni casada ni con babys,  al ratito me contuve o nunca más me leía el  tarot y su coca. Los cuates, ¿estarán listos; la Jandy que sabe de estas cosas o más bien los dos que saben? Qué lio, yo hubiera preferido que lo haga uno, bueno, también sale bonito que los dos lo hagan. Los dos andan dirigiendo la cosa desde el año pasado y ya tuvimos dos fiestas bombones, ¿de dónde vino el invento de dos? ¿Será para no tener miedo? No sé…

—¡Adriana! Yá sal de ahí, el baño es de todos…

—¡Ya voy, mamá!, después te dicen que “no piensas, no piensas…que dónde tienes la cabeza Adriana.” Aquí, aquí me nacen las mejores ideas, deberían estimular a la gente a usar el baño para pensar, sería un buen masaje a las neuronas, la gente necesita un relax del cerebro, desintoxicar los sesos, hay una oxidación de las ideas, nos afecta a todos. Por eso andamos mal.

—No te olvides llevar con cuidado la maqueta, a tu padre le costó un ojo de la cara pagar al maquetero, y debiste hacerla tú. Las sonseras que te piden a última hora.

—Ya mamá, les pedí un apoyo, no que contraten un maquetero, y dices que terminas haciendo mis tareas, es mentira, eso fue hasta mis doce o trece, ahora yo me hago todo. Nadie tiene tiempo para mí.

Dos policías dieron una ronda, varios niños jugaban a la pelota. De un blancazo varias flores del jardín volaron por los aires, el piso se alfombró de margaritas. Cantaron gritando “¡Hemos ganado, chancho pelado, hemos ganado, la plata es nuestra…!”. Salieron abrazados de la cancha improvisada, mesclados de sudores, rumbo a una tienda a tomar refrescos.

—Al final, yo lo quiero, no sé dónde terminará esto, pero lo quiero, que me afecta, claro, me afecta, debo doblar mis horas para aparecer responsable y cumplir con mis tareas. Ya tuve dos amanecidas con los libros y mis ojos me duelen. El anterior mes se me escapó una materia, maldita sea, espero recuperarla ahora o me botan. Y los ogros del cole saben que quienes tienen la cuota al día pasan sin problemas, y peor,  no tengo plata para pagar a ningún mister, jamás pagaría, nunca les daría ese gusto.

—¡Apúrate, que no llegarás a tiempo, Adriana! Tu padre ya pagó tu tarjeta del mes, no vendrás con la noticia de que no pudiste entrar porque no pagamos…

—¡Ya voy, mamá!, pucha. Es que no soy la mujer maravilla, ni soy superniña. Las ropas ya me quedan cortas y ajustadas, qué creen, este año no me compraron casi nada de ropa. Ni siquiera les dije “esto y aquello quiero”.

—Mi celu chino lo tengo desde el año pasado y ya está fuera de onda, me antojo el de pantallita digital, espero mi mamá me consienta con uno para mi cumple.

Si trabajara y ganara mi propio dinero, sería diferente. Me ofrecieron un trabajo en la fiscalía, de mensajera, uta, trabajar en la fiscalía. Lo que no entiendo, es que, no pueden trabajar menores de edad, pero si me lo ofrecieron, por algo será ¿no? En unos añitos seré mayor de edad. Por estos días no está mal, la plata me llueve, mi abuelita me dio diez, la semana pasada mi tío Carlos me dio veinte; espero venga mi padrino, siempre me deja algo. Sí, pero aún así, siempre me falta.

¿Debo para hoy? El ensayo de poesía, ¿poesía? Me está saliendo poesía de gnomos.

—¿Cómo es, está listo? Sí, eres mi cuate, la próxima te pago el apoyo, si no traes la botella, no habrá “carita feliz” para los cuates, ya sabes, ahí vamos.

—Oye, Adri, pero no es seguro, estoy esperando que mis viejos descuiden una botella, pero, al menos, una media traeré, sobró del anterior cumpleaños de mi tía.

—Vale, ¿sabes? Sólo con la selección, el resto son chaufas. Te acuerdas que a lo de Hallowen no nos invitaron, y encima, nos culpan que estábamos con ellos. Son así, por eso, sin los borrachines, cebollas, quejones esos.

Una anciana tomaba el sol sentada en una banca: “quién mojó tanto el parque, la humedad me afecta a mi reuma”, abrió su bolso y puso en su boca una pastilla de miel. Dio unas puntadas a su tejido y le preguntó a un perro: “¿de dónde vienes animalito? ¿Dónde es tu casa? ¿Quieres pan?, ¿no? ¿Quieres mi madeja no maleante, sí, quieres mi madeja no maleantito?” Le jaló de las orejas, el perro movió la cola, se estiró, quedó un arco, le tiró un pedazo de pan. La anciana guardó su tejido y se fue con el perro tras ella.

—Esto me sale cursi, pero me gusta, además, será para salir con él más seguido. Claro, si los viejos me dejan y no se enteran y no lo hacen escapar.   Ojalá no sea una de aburridos, me pondrá china, tiro todo y no les hablo más. Espero que traigan los cedes que me gustan, en eso no hay negocio, deben traer a las Sueltas, La bella y la bestia, algo de Wachiturro, Babyband y un poco del Biewer…

Los tiempos están bien, les pediré que se adelanten. La clave: un timbreo a la una; si ya están en la base, dos timbreos. Tengo la expo de filo contemporánea, Platón y Aristóteles me tienen de los ovarios. Expongo y escapo, hago mi línea de fuga, eso me gusta. Siempre hay que rayar líneas de fuga. El cráneo del laboratorio no se fugó y, mirá como está la pobre calavera. No espero preguntas, eso me retrasaría, no espero comentarios, me matan. Todo está bien, ¿entendieron?, ¡bien! ¿No entendieron?, ¡bien! Tiene ochenta señorita. El profe también estará pálido de hambre y querrá irse con su familia.

—Bien chicos, todo está listo, ¿las papas? Quiero las Luki, esas son rebuenas; ¿un vino?, está bien, si los otros quieren pasar de marineros con lo mío, asunto de ellos, no puedo prohibirles, no me quedaré hasta muy tarde. Y, que no me vengan al otro día con que se rompieron por la fulanita, y otra vez los actores a la Dirección. Les casco ahí mismo y les canto su pieza. Ah, porfa, recuérdenle al Chamber y a su ñata lo del decorado, me lo prometieron y no quiero el papel higiénico rosa, quiero con el blanco, el del perrito

Está chuik, el sol me acompaña, además, le diré a la Raysha que estrene su digital, dice que estuvo tres meses de niña buena para que le compraran. Le pediré que me lo preste un cachito, enviaré fotos de mi felicidad  por el feis en formula.

Hojas secas cayeron sobre sus cabezas por el peso que hacían los dos apoyados sobre el árbol, se rieron, él la abrazó y la besó un buen rato. Ella intentó peinarle sus cabellos, no pudo, lo impedía la capucha de su “canguro”. Un perro se acercó y delante de ellos dejó su excremento. Tarde intentaron ahuyentarle.

—Por qué se enoja así, ¿sabe? Yo también tengo problemas, y problemas por resolver. Todos tenemos problemas. Nadie es perfecto, ¿pero usted qué es? ¿Usted dice que el ensayo no está bien? Dígame dónde no está bien; ¿sabe que en esto me rajé? Tuvo dos verificadores, mi tío y mi primo que son universitarios. Está google, está wikypedia y está Academia.com. ¿Y me dice que falta algo y no sabe qué?

“Mierda, es el pago por hacer bien las cosas, si presentaba algo mediocre, seguro que no perdía mi tiempo”.

—Todo está aquí, Adriana, en mi libreta, todo lo que usted hace, piensa y dice, Adriana, está aquí. No te preocupes, todo lo marco y lo anoto. No sé qué, pero algo le falta. Y ya nos veremos en la reunión de padres —le dijo el profesor. Ella se sentó y decoró en su pupitre un grafiti con una maldición.

Un heladero y un grupo de estudiantes llegaron para ensayar la danza de los caporales, pusieron su música, chicos aquí y chicas al otro lado, y otro grupo para los recién llegados o los que  no sabían bailar. Danzaron con pasos cortos y luego saltando. Hicieron una reunión, compraron helados y se retiraron. La plaza quedó vacía, o casi, un ratón cruzó por el centro y se entró a una bolsa de papas fritas.

—Qué nos dirían si se enteran, que no molesten, ellos lo hacen y normalmente les sale mal. Nosotros lo haremos bien. Hay que cuidar de que no se entere el rabino o nos mata a todos. La última vez fueron expulsados dos y a otro lo mandaron a ayudar al albañil que hace las refacciones del cole. El rabino cuida de sus preferidas, yo no dejaría ni que me toque, se cree un iluminado el farsante, hay mejores religiones que las del bicho ese.

La plaza estaba única, el último riego la dejó limpia y fresca. Volaban las abejas. El verde estaba más verde. El jardinero recogía la manguera parchada de trapos.

—Aceptas a mi amiga, como a tu chica para amarla siempre, por la eternidad… —dijo una.

—Sí, acepto por Dios y todos los cuates que han venido.

—Aceptas, a mi amigo como tu mejor chico, para amarlo para siempre —dijo él.

—Sí, acepto por Dios y por todos los cuates que están aquí.

Y rompieron los papeles de dónde leían, y gritaron “¡Bieeen, que vivan los noviooos!”

Una lluvia de papelitos de color cayeron sobre los presentes.

—Pueden servir mis Lukis y el vino. Tengo hambre y este sol… —dijo Adriana.

—Antes, antes…que el novio bese a la novia.

—¡Siii!  ¡Que la bese, que la bese!…

Una pelota de futbol cruzó los aires para caer en la ceremonia.

—No la devuelvan, son los del otro cole…

—No, devuélvanla o vendrán esos cojudos.


Gonzalo Llanos Cárdenas. Nace en La Paz – Bolivia. Es escritor de cuentos e ilustrador de libros. Estudió en la UMSA y en la Academia de Bellas Artes “Hernando Siles”