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Educación, ciencia y tecnología en el ocaso del capitalismo

Alex A. Chamán Portugal

Introducción

La educación en la sociedad capitalista no puede comprenderse como una teoría y práctica neutral, ni como un simple mecanismo de transmisión de conocimientos, ya que constituye un espacio central de reproducción ideológica con sus respectivas manifestaciones de conciencia social existente. Su estructuración y restructuración histórica responde a las necesidades del modo de producción capitalista, particularmente a la formación de una fuerza de trabajo funcional a la acumulación de capital y a la legitimación de las relaciones sociales de explotación en aras de coadyuvar a la dominación de una clase social sobre las otras.

En la fase actual imperialista de decadencia estructural del capitalismo, esta función se ha profundizado y radicalizado, por lo que la educación ha sido progresivamente despojada de su dimensión científica y humanizadora para convertirse en un instrumento de adiestramiento técnico, servicio mercantilizado y disciplinamiento cognitivo-social. La crisis de la educación liberal burguesa no es, por consiguiente, un fenómeno aislado ni accidental, sino una manifestación directa de la severa crisis económica, social, política e ideológica del capitalismo.

La función de la educación en la sociedad capitalista

Siguiendo a los maestros Marx y Engels, las ideas dominantes de cada época son las ideas de la clase dominante, y la educación actúa como uno de los principales mecanismos para su difusión y naturalización. Althusser, por su parte, caracterizó a la escuela como el aparato ideológico del Estado por excelencia, encargado de “educar y formar” a los individuos como sujetos obedientes al orden social existente.

En el capitalismo y su expresión neoliberal, la educación se orienta crecientemente a la formación y producción de “capital humano” acorde a los requerimientos de la lógica de la maquinaria burguesa. Así, los sistemas educativos priorizan competencias instrumentales, habilidades técnicas fragmentadas y saberes inmediatamente rentables, subordinando la formación filosófica, conciencial, ética y crítica a las exigencias depredadoras del mercado laboral, por lo que el estudiante deja de ser concebido como un sujeto histórico integral y pasa a ser convertido en un recurso productivo que debe ser optimizado y explotado.

Esta lógica mercantilista provoca una degradación de la conciencia social y de la moral colectiva, expresada en valores, principios y estilos de vida que deben guiar al ser humano. El individualismo competitivo, la meritocracia devaluada y la responsabilidad individual del éxito o fracaso reemplazan a la solidaridad, la cooperación, la honestidad y la comprensión estructural de la explotación y opresión como fuentes de las desigualdades. La educación liberal, lejos de cuestionar estas relaciones, contribuye a legitimarlas y reproducirlas.

Límites estructurales y negación de la formación integral

Una incapacidad esencial de la educación capitalista es su inoperancia para encaminar una formación integral del ser humano. Así, la fragmentación e instrumentalización conservadora del conocimiento, la especialización extrema y la desvinculación entre teoría y praxis impiden el desarrollo holístico de las capacidades humanas, tal como lo sostenía Marx en su crítica a la cosificación y automatización de la división social del trabajo.

Paulo Freire denunció la lógica anterior mediante el concepto de educación bancaria, en la que el educando es reducido a un receptor pasivo de contenidos, anulando su capacidad crítica, creativa y transformadora. En el capitalismo, esta pedagogía se ha modernizado, pero no superado, ya que se expresa hoy en currículos reaccionarizados, estandarizados, evaluaciones por competencias y una obsesión por la certificación de méritos y el rendimiento pragmático.

El resultado, en el mayor de los casos, es una formación tecnocrática sin conciencia de clase ni histórica, profesionales funcionales, pero ideológica y políticamente desarmados, y una progresiva pérdida del pensamiento dialéctico, reflexivo, creativo y propositivo. Esta carencia no es una falla casual del sistema, sino una condición vital y necesaria para su reproducción.

La crisis educativa como reflejo de la crisis del capitalismo

La crisis de la educación liberal es inseparable de la crisis estructural del modo de producción capitalista. La mercantilización del conocimiento y los títulos, la precarización del trabajo docente, las condiciones paupérrimas de la mayor parte de los estudiantes, la desigualdad en el acceso a una educación de calidad y el endeudamiento educativo son expresiones reales de esta crisis.

En contextos de crisis económica que caracteriza a la sociedad burguesa mundial, la educación deja de ser concebida como un derecho social y es convertida en un bien de consumo sujeto a la lógica rapaz del mercado. Así, la promesa de movilidad o ascenso social mediante la educación se desvanece, produciendo indignación, frustración, alienación y deslegitimación del sistema educativo vigente, ya que, lejos de corregir estas desigualdades, la educación capitalista las naturaliza o normaliza, responsabilizando al individuo por su exclusión y no al sistema.

Educación, ciencia y tecnología en la IV Revolución Industrial

La llamada IV Revolución Industrial, caracterizada por la expansión de la inteligencia artificial, la automatización, las plataformas digitales, el internet de las cosas, etc., ha repercutido enormemente en la educación burguesa. En el marco del decadente capitalismo, estas transformaciones no responden a fines emancipadores, sino a nuevas formas de acumulación del capital, manipulación y control social y subordinación del conocimiento al capital avaricioso.

La expansión de la educación virtual e híbrida -especialmente desde la pandemia del COVID 19-, presentada como innovación tecnológica y democratización social, suele encubrir procesos de precarización docente, deshumanización del vínculo pedagógico, dependencia tecnológica de grandes corporaciones transnacionales e insultante brecha digital. Asimismo, el aprendizaje se reduce a contenidos unilaterales, fragmentados, expeditivos y estandarizados, debilitando el ya deteriorado hábito de lectura comprensiva y la reflexión profunda.

Plataformas digitales, inteligencia artificial y crisis de la honestidad intelectual

El uso masivo y creciente de plataformas digitales, redes sociales e inteligencia artificial ha intensificado la manipulación ideológica y cognitiva, repercutiendo directamente en las dimensiones educativa e informativa. La instrumentalización de los algoritmos prioriza contenidos funcionales al sistema y a la lógica del mercado; de este modo, se moldean hábitos de atención dispersa, consumo superficial de la información y pensamiento inmediato que agravan la calidad de la ya alicaída educación burguesa.

En este escenario de descomposición de los valores liberales, se profundiza el abandono del hábito de lectura reflexiva e investigación rigurosa, mientras aumentan considerablemente las prácticas de plagio, la simulación académica y la dependencia acrítica de las herramientas digitales. La honestidad intelectual se erosiona de forma acelerada, no solo por razones morales individuales, sino por un sistema educativo y laboral que privilegia el resultado, la certificación y la productividad por encima del proceso formativo en conciencia y valores, así como en la transformación humana. Esta superficialidad cognitiva resulta funcional a un capitalismo en ruinas que no requiere sujetos críticos y creativos, sino usuarios eficientes del manejo de tecnologías que no cuestionen su instrumentalización ideológica-política ni su finalidad social.

Manipulación ideológica, crisis de la conciencia y empobrecimiento del pensamiento

La educación capitalista digitalizada enfrenta una profunda crisis de la conciencia y valores. La manipulación ideológica adopta formas cada vez más sofisticadas, colonizando la subjetividad y valoraciones mediante discursos tecnocráticos que suelen presentar la tecnología como imparcial e inevitable, cuando no puede serlo en una sociedad escindida en clases sociales con marcados intereses contrapuestos.

La progresiva pérdida del hábito de lectura comprensiva, el debilitamiento y anulación del pensamiento crítico y la desvalorización del conocimiento científico están directamente vinculados a esta ofensiva ideológica burguesa. La educación es orientada a competencias inmediatas y obsolescentes, mientras se abandona -premeditada y alevosamente- la formación histórica, filosófica, económica, ideológica, política y social.

La insalvable crisis económica y social global, el desempleo estructural y su precarización, la pobreza y extrema pobreza, la manipulación y domesticación social, la reducción de oportunidades para las mayorías populares profundizan esta situación, convirtiendo a la educación liberal en una fábrica de expectativas frustradas y profesionales-técnicos precarizados.

Hacia una educación crítica y emancipadora

Frente a este panorama de crisis, se impone la necesidad de una transformación radical de la educación que implica, necesariamente, una transformación estructural de la sociedad burguesa. Así, la educación podrá recuperar su vínculo con la praxis social, articulando teoría y práctica en aras de la transformación de la realidad que sirva a la construcción de un modo de producción superior y con aquello a forjar hombres de nuevo tipo.

En este camino, la ciencia y la tecnología no deben ser rechazadas ni fetichizadas, sino reapropiadas de forma crítica y creativa. Herramientas como la robótica, la inteligencia artificial y las plataformas digitales poseen un potencial emancipador, siempre que se subordinen a proyectos educativos comprometidos con el progreso colectivo, así como, caracterizados por la honestidad intelectual y la justicia social.

Lograrlo implica fortalecer el pensamiento crítico y propositivo, la ética del conocimiento y la lectura profunda, fomentando siempre la construcción colectiva del saber. En última instancia, se trata de defender una educación científica, pública, popular, democrática y humanizadora frente a las amenazas de la mercantilización, la precarización y el retroceso reaccionario.

Conclusión

La educación en el capitalismo atraviesa una crisis orgánica que refleja la decadencia del sistema que la sustenta. La IV Revolución Industrial, sometida a la lógica del capital, amenaza con profundizar la manipulación, la alienación, la superficialidad y la deshumanización.

Sin embargo, esta crisis también abre la posibilidad histórica de que los pueblos disputen el sentido de la educación. Es posible pensar y trabajar en conquistar ciertos espacios de una educación orientada a la formación integral, la conciencia de clase y la transformación radical de la sociedad. La educación dejará de ser una mercancía solo cuando el ser humano deje de serlo. Y aquello será en otra sociedad diferente de la actual.

Referencias

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Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

Han, B.-C. (2014). La sociedad del cansancio. Herder.

Kaplún, M. (2002). Una pedagogía de la comunicación. Caminos.

Marx, K. (2008). Contribución a la crítica de la economía política. Siglo XXI.

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Sierra Caballero, F. (2024). La manipulación mediática en la era digital: nuevos retos para la izquierda. Nuestra Bandera.

Vega Cantor, R. (2015). La universidad de la ignorancia: Capitalismo académico y mercantilización de la educación superior. Ocean Sur.

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