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Dios para matar, morir, para violar

Hernán Cabrera

Nadie le sacaba la idea de que Dios murió, que estaba bien muerto, muertito; pero sí se preguntaba: ¿dónde estaría enterrado? Quería ir a dejarle velas, así como los domingos lo hacía a la mamita de Cotoca. Quería ver a un Dios vivo, lo entristecía observando con los brazos estirados y las muñecas ensangrentadas. “Y tanto así, y nadie se anima a bajarlo”, pensaba el hombre de 43 años deseoso de gritarle al mundo que quería encontrar a un Dios vivito y coleando; de admirar a un Jesús radiante y bello, no el de siempre, el Jesús triste y sufrido, con el cuerpo ensangrentado, destrozado y torturado.

¿Por qué recordar un Cristo muerto, con una mirada triste, con tanta sangre en su cuerpo?, ya pasaron más de 2.100 años, creo que ya es suficiente este Jesús. Ya lo hicieron pagar todo lo que hizo”. Quería un Jesús radiante y fuerte, tal como lo muestran las estampitas de primera comunión o algunos cuadros del renacimiento. No quería tener un Jesús de madera o de hierro, siempre con una expresión de dolor, de angustia.

Hacia ocho años leyó en Así habló Zaratustra y se le quedó grabado: “Dios ha muerto, los hombres lo han matado”. ¿Con una pistola, un cuchillo, una bomba o con qué lo hemos matado a ese Dios?  Cuidado que la policía anda desesperada en busca de los asesinos y los ladrones de auto.

  • Dios no ha muerto, le decía su amigo, un joven sacerdote y bohemio. Lo que pasa es que está medio oculto por tantos problemas en el mundo, tiene que protegerse y andar con mucho cuidado, ya que el nuevo imperio quiere adueñarse del cielo, que está por tomar presos a los que viven allá arriba, además está por inventarse que hay armas de destrucción masiva en las iglesias y que los curas las ocultan, con la ayuda de las monjita del convento “Los milagros”.
  • Precisamente por eso ha muerto, porque el nuevo imperio quiere extenderse y conquistar nuevos espacios, insiste el sacerdote. Es que Dios no está vivo, ya que el caso es que el presidente del nuevo imperio desplazó a nuestro Dios y se cree el mismo Dios.
  • Son pendejadas y herejias, grita el curita.

El hombre no estaba tranquilo, siempre buscando respuestas a la ausencia de Dios, o mejor a la presencia violenta de las palabras religiosas, ya que en casi todo el mundo se están matando los cristianos en actos terroristas y todo a nombre de Dios. Dios por aquí, Dios por allá, Dios para vengarse, Dios para alegrarse, Dios para morir y mater. Dios para violar a mujeres. Siempre la palabra Dios en la boca de los cristianos y protestantes, ya sea para morir o matar. Para enriquecerse. Para rodearse de niñas y jovencitas. Todo en nombre de Dios.

  • Así se explica la muerte Dios -escuchas decir desde tus adentros Habí alguien que te hablaba y lo escuchabas.
  • Querido Dios, estoy sentando en un banco de  una plaza cualquiera, espero que ni me caiga una bomba y alguien grite. Viva Dios y otro responda, Dios ha muerto.
  • ¿En qué demonios quedamos, vives o mueres? -Le preguntabas al viento y un leve susurro te respondió: Vive pero no lo ves, ni lo sientes, ni lo palpas, ni lo saboreas, pero vive.

Y Dios siguió crucificado en esa cruz vieja y mugrienta.

(Hernán Cabrera: Gracias por el cuento. Editorial La Hoguera, Santa Cruz)

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