Hoy es siempre todavía

Antonio Machado

Vienen de un territorio indescifrable

que no pintan los mapas,

del espanto de noches anteriores al fuego,

de una enumeración perdida en las tinieblas.

Vienen de mucho antes del prólogo del mundo,

de un abrazo asustado y un terror prodigioso

que inventó los conjuros y encendió las hogueras

con temblor desvalido.

Vienen del frío ancestral de las constelaciones,

del llanto primordial

que cae sobre las piedras y sobre las semillas.

Vienen del desamparo de la noche y del hielo

con manos temerosas

que encienden de penumbras la pared de la cueva.


Vienen rodando lentas, vienen de las caídas,

de los ojos cerrados por dentro y de la sangre,

de las horas sin tregua y la vergüenza ajena,

vienen desde el secreto de los meses lunares,

de noches tentativas, de la sombra de un río.

Vienen de donde caen las cenizas, los húmeros,

de los ritmos antiguos del agua y las cosechas.

Vienen de la incontable soledad de las cifras,

de las huellas vacías, del sigilo y el cero.

Vienen de los crepúsculos lentos del desconsuelo,

de las noches más negras y los días más solos,

de las sillas vacías y los sitios oscuros.

Vienen del abandono en medio del desierto,

de noches anteriores

a las noches que anegan el corazón de nieve,

de un mar que no es el mismo de todos los veranos.

Vienen para habitar en la garganta

estrecha de los juntos que la memoria tiende

como un puente inseguro de lentos miedos altos

y vértigos sin fondo.

Son las palabras que arden para encender hogueras

que espanten la serpiente nocturna de la escarcha.


Al calor de ese fuego, circulares y heridas,

contra la cueva oscura,

se despliegan las manos en busca de consuelo.

Santos Dominguez Ramos / Vías Aéreas – Antología 2011 – 2016