De provocadores y de ingenuos

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¿Por qué el Gobierno de Luis Arce Catacora alienta un mercado ilegal de coca a la salida del camino a los Yungas paceños? Es difícil tener una respuesta única.

Escuché a expertos en los asuntos del circuito coca-cocaína ensayar algunas opiniones: es para blanquear la coca peruana; es un lucrativo negocio; es para tener otra zona de comercio para la fabricación de drogas; es para desviar la atención sobre el trópico cochabambino.

En todo caso, el conflicto existe porque las autoridades y el aparato de choque del Movimiento al Socialismo amparan a un sector ilegítimo. En una tormenta de demandas, bloqueos, paros, marchas, dinamitazos, amenazas, es insólito que el sistema busque una pelea más.

La resistencia de la asociación orgánica de productores de hoja de coca tradicional logró vencer en elecciones internas y acreditar su representatividad. Todos los esfuerzos para aislar a los originarios de la zona cocalera histórica no funcionaron. Adepcoca mantuvo su unidad y su combatividad.

Hasta que cayeron en la trampa, como ha sucedido en diferentes protestas sociales desde que los organismos de inteligencia boliviano fueron asesorados por agentes de las dictaduras de Cuba y de Venezuela (aprendices a su vez de Rusia y China).

La exigencia yungueña para que se respete la normativa vigente y el único mercado legal de coca en el departamento de La Paz fue pacífica, acompañada por vecinos, con bailes afro bolivianos por las avenidas miraflorinas, con cantos en las reuniones vespertinas. A pesar de la represión, la cantidad de productores legales mantuvo la calma.

Sin embargo, no hubo la claridad para reconocer las razones profundas de la retirada de la Policía del mercado ilegal de coca, protegido por órdenes superiores. Entonces “alguien” azuzó a la masa: ¡hay que tomar el local!; ¡hay que quemar los tambores! ¡hay que asaltar”, etc. Y los ingenuos, enfurecidos por días de gases y por la falta de atención gubernamental, obedecieron a los provocadores.

Gran pretexto. Después llegó cualquier fiscal, un juez, otros policías, agentes disfrazados, mujeres policías del servicio de inteligencia y armaron “un caso judicial” para perseguir y detener (violentamente) a los dirigentes, amedrentar a los demás. El conflicto se estancó y el mercado ilegal retornó a vender la coca no registrada.

Así les sucedió a los activistas de las plataformas, infiltrados burdamente por militares y policías. Los nuevos jóvenes detenidos se suman a las decenas de presos políticos que vuelven a llenar las celdas en el país, como no sucedía desde 1982.

Los indígenas de tierras bajas cayeron en la provocación para rodear a David Choquehuanca en la Marcha por el Tipnis, sin percatarse que las mujeres más radicales eran policías disfrazadas. Pretexto para la represión en Chaparina “por el secuestro al canciller”.

La Calancha, Porvenir, Hotel Las Américas y muchos otros cercos dolorosos tienen el mismo sello.
Falta la orientación política y la experiencia de dirigentes como fueron Filemón Escobar o Simón Reyes que no dejaban que las masas enardecidas sean presa de los provocadores. Casi siempre, la persona más violenta y gritona es la infiltrada.

En la gran movilización ciudadana de octubre de 2019, el control fue espontáneo porque la protesta era vecinal, casi todos se conocían, era pacífica. Después de la huida del grupo palaciego, salieron los guerreros digitales para provocar una guerra civil. La valentía y la convicción de los propios ciudadanos evitó ese desborde sangriento.
Igualmente, en los paros cívicos, se evidencian controles de autocontrol. En Santa Cruz hubo la experiencia de los provocadores masistas disfrazados de unionistas el 2008. Al parecer, en los últimos años se evitaron las provocaciones.

Sin embargo, ahora hay ministros bloqueadores que anuncian que saldrán a enfrentar la demanda cruceña. Seguramente también habrá planes para provocar desde grescas hasta incendios y enfrentamientos.

Será vital en todo el país mantener la serenidad. La fuerza está en los argumentos, no en los puños.