Culturas, descolonización y patriarcado

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Hace unos días renació el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización en Bolivia con el nombramiento de sus principales autoridades y, fundamentalmente, sobre una base ideológica identitaria que plantea rupturas a lo convencional, aunque es evidente que, ya de entrada, cojea en al menos una parte de sus postulados.

El cierre de este ministerio, producido hace unos meses en el gobierno de facto, causó gran rechazo por lo que la restitución en este nuevo gobierno ha creado expectativa. Pero en sectores conservadores no agradó del todo que Sabina Orellana Cruz, indígena quechua y dirigenta campesina de la Confederación Bartolina Sisa, sea la nueva Ministra, al tener un currículum “insuficiente”.

Es habitual pensar que una persona ligada a acciones de la alta cultura (museos, literatura, música, arte en general) y con una formación académica acorde es la idónea para dirigir el Ministerio de Culturas. Por ello, mucha gente ha respirado con cierto alivio al ver que uno de los viceministerios, el de Interculturalidad, está en manos de Cergio Prudencio, investigador, compositor, director de orquesta y con experiencia en la dirección de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.

Relacionado con este punto, el reconocido antropólogo cultural español Ángel Díaz de Rada explica que el hecho de “jugar con un concepto exclusivo de cultura es, generalmente, dar por sentada la idea de que son ‘exclusivos’ quienes se encuentran ‘en’ la cultura”, lo que “nos arrastra a la ignorancia” ya que “desconectamos ciega y arbitrariamente el mundo de la vida ordinaria del mundo de la ‘cultura’” y en esa “insensatez” caen “escritores, artistas, científicos…”

El concepto de cultura es polémico y no hay acuerdos claros entre quienes estudian el tema; sin embargo, la propuesta de Díaz de Rada es válida en sentido de que toda persona está en relación con otras y que es allí donde se hace cultura, porque cultura es una forma de vida social, un conjunto de reglas convencionales que establecen maneras de hacer para las personas y es también la descripción y el discurso de estas reglas en un momento concreto.

Pues sí, este Ministerio rompe (y buscó hacerlo ya durante la larga gestión de Evo Morales) con esas reglas convencionales de lo que se entendió por cultura con un sentido sublimado y elitista (aunque Prudencio podría caer en ello). Por eso se llama “Ministerio de Culturas” en plural e incluye el término “descolonización” para eliminar una “cosmovisión unívoca (del mundo occidental) que subordina” a las otras de origen nativo.

En ese sentido, la imagen de la propia Ministra quechua y de su otro viceministro aymara, Pelagio Condori Yana, dirigente del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), tiene cierta coherencia; aunque aún no se conoce aún su propuesta de acción.

Para el ideario del actual gobierno, la otra pata en la que se levanta la discriminación es el patriarcado, por ello se impone la “despatriarcalización”; sin embargo, en ese discurso las ideas feministas también occidentales no caben, ya que el suyo estaría por encima de ellas al volver a las raíces del ideario andino del “chacha-warmi” o unión y complementación del hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida. Bueno, es una pata coja, ya que el dominante y la subyugada son complementarios ¿No?

Así pues, sería bueno que se vea efectivamente el cumplimiento del “chacha-warmi” en su sentido igualitario, algo que no está presente en el Gabinete ni en las decisivas reuniones de las organizaciones sociales donde predominan hombres, y, fundamentalmente, que se adopten medidas para hacer realidad la eliminación de la estructura patriarcal y las violencias machistas.

Es que un hombre, Condori, sea el responsable de despatriarcalizar Bolivia genera desconfianza, ya que es alguien muy avocado a los movimientos indígenas y no a las reivindicaciones de las mujeres, y esto muestra también que este tema es para el gobierno muy secundario.

Drina Ergueta es periodista.