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Cuento Marco Antonio Torrelio

De las epidemias después de los hallazgos

Después de los hallazgos y descubrimientos sobre el nacimiento de Jesucristo vinieron dos años de tranquilidad; fue por entonces que supimos que nuestra población ya llegaba a seis mil millones de seres, viviendo con estabilidad. Toda esta realidad abruptamente fue interrumpida por la epidemia que comen- zó en una ciudad muy poblada, dando origen con el tiempo a la llamada pandemia Extinción, que se propagó por todo el globo terráqueo y en menos de tres años causó la muerte de alrededor de cinco mil millones de personas.

Según los estudios que se hicieron, esta epidemia fue producto de una desconocida enfermedad cuyos primeros síntomas eran mucho dolor de cabeza y luego una hemorragia inconte- nible.

Los científicos de la época señalaron que la probable causa era la sobrepoblación. Por su parte la religión pregonaba que era un castigo de Dios. La verdad era algo muy diferente y no fue por ninguna de las causas mencionadas.

Luego de mucho tiempo de estudio y análisis, se llegó́ a la conclusión de que el virus fue genéticamente diseñado, con la idea de vender la vacuna, pero el virus se salió́ de control dejando a la civilización indefensa.

Fue tanto el daño, que nadie daba un paso fuera de casa por temor a quedar infectado. Ninguna persona se sentía segura, todo aquello que los rodeaba era un potencial agente de contagio. Los más privilegiados económicamente construye- ron sus propios bunkers con alimentos y agua. Lo mismo hicieron los gobernantes y su gente, además, se protegieron con trajes especia- les para salir fuera. Lo llamativo del virus era que no lastimaba a los animales mamíferos, aunque sí a las aves.

Se convirtió en algo cotidiano ver cómo la gente del gobierno abría fosas comunes para enterrar a los muertos. Nadie se preocupaba por saber si tenían familia o no; solo enterrar, nada más; y a los que estaban moribundos los mataban sin determinar muchas veces si los enfermos ejecutados estaban contagiados por el virus o eran enfermos comunes.

Fui testigo de cómo amarraban sin piedad a los ancianos. Los apartaban y ejecutaban afirmando que no había alimentos suficientes y que tenían priori- dad los jóvenes sanos y fuertes. Consideraban que era una pérdida alimentar a quienes estaban en la última etapa de su vida. Los militares y algunos civiles salían a los campos con trajes especiales a cultivar la tierra con el propósito de obtener alimentos. Tiempo después, se identificó́ el tipo de enfermedad y sus causas, así́ como una opción de cura que parecía tener gran potencial. Muchos grupos especializados salieron a realizar una inspección

global buscando sobrevivientes en los campos y para sorpresa de muchos, los campesinos todavía estaban en pie, pero con algunas dificultades. Éstos fueron curados del todo.

Los campesinos asombrados se enteraron de que en las grandes ciudades perecieron más del noventa por ciento de los habitantes. Poco a poco se fue restableciendo el orden y después de algún tiempo se veía la situación con más optimismo, aunque las ciudades impresionaban por su desolación. Avenidas desiertas, calles vacías, automóviles con las llaves pues- tas y abandonados era el panorama de las grandes ciudades; no era extraño ver jaurías de perros sin dueños que peleaban entre sí por la necesidad de alimentarse de cadáveres de otros animales muertos o incluso de algún anciano. Los expertos y militares encontraron después niños sentados al lado de sus padres, todos sin vida; eran escenas escalofriantes y cuando yo las vi quedé pasmado.

¿Pensaba en Dios y me preguntaba por qué́ permitía todo esto?

¿Cómo es que no extendió́ su mano para impedir que sucediera esta desgracia? pensé, si Dios existe ¿por qué no estuvo ahí́? Fue entonces que entendí́ el valor de la esperanza.

Poco a poco se hallaron niños muy pequeños que sobrevivieron de forma inexplicable. Lloraban buscando a sus padres, sin saber que nunca los encontrarían. Fueron llevados a centros especializados para ser atendidos y darles lo que necesitaban, también buscaron hogares donde reubicarlos para seguir viviendo. Con el paso de los años se convirtieron en adultos independientes y capacitados para luchar contra cualquier amenaza.

(CAPÍTULO 20)

Biografía 

Marco Antonio Torrelio Escobar, 30 de marzo de 1967

Profesión licenciado en ciencias jurídicas egresado de la universidad UPSA. Escritor del genero ciencia ficción.  

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