Oscar Seidel Morales
El día de su boda, la mujer sugirió al novio no abrir los regalos que habían recibido. Intrigado el esposo por aquella acción tan extraña, preguntó el porqué de dicha propuesta. Tenemos que guardar las cosas para cuando llegue el momento, respondió ella
Al cabo de muchos años, la esposa murió. Al abrir su closet, cayeron al suelo uno tras otro, los numerosos regalos sin destapar: la hermosa pijama de satín con encaje Chantilly que nunca se puso porque prefirió dormir todas las noches con una desalentadora quita pasión de tela sencilla; las costosas gafas Cartier sin utilizar en la luna de miel para evitar que se quebraran; la vajilla Baviera de doce puestos, dado que comía en platos desechables para omitir lavar; y los vencidos turrones de Alicante que no probó jamás.
Había llegado el momento, sí, pero de regalar todas esas cajas, porque en el ataúd no cabían.