Credibilidad y confianza

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Siempre fui de la idea de que hay que otorgar el beneficio de la duda, mas aun tratándose de asuntos públicos. Considero muy difícil vivir en una sociedad donde todos desconfían de todos, y mucho mas del Estado. La confianza es un elemento importantísimo en todos los aspectos de la vida, sea esta publica o privada. No podemos andar por ahí presumiendo la mala fe de las personas o las instituciones; así la vida sería imposible.

Ahora bien, credibilidad y confianza están íntimamente ligadas. ¿Cómo creer o confiar en algo o en alguien que ha dado sobradas muestras de ser falso, engañoso, tramposo, poco fiable o simplemente mentiroso? Pues, no se puede. Y eso que solo hablamos de credibilidad y no de “Verdad”, que ese es un asunto mucho más gordo. Muchas veces confundimos credibilidad con verdad. Se puede creer en mentiras o no creer en verdades, eso es más común de lo que se piensa.

Que todos los políticos mienten es una verdad de Perogrullo. Que algunos son mas creíbles que otros, también. Que la mentira se convierte en una “razón de estado”, sucede muy a menudo. Pero todo tiene un límite y un contexto. Cuando la mentira se convierte en la “verdad oficial”, afectando los intereses de las grandes mayorías; cuando se privilegia la reproducción en el poder por sobre el bien común; cuando se subordinan los intereses del Estado a los intereses del partido; cuando no existe correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace, es que hemos sobrepasado el límite.

El MAS-IPSP, en su afán hegemónico y de controlar todo el poder del Estado, termino convirtiéndose en un “partido-Estado”, valga la redundancia. Esto no es nada nuevo, ya sucedió en la Italia fascista; en la Alemania nazi y en todos los regímenes comunistas que asolaron y asolan el planeta. Demás esta decir que esto es totalmente antidemocrático, totalitario y dictatorial. Las consecuencias de este accionar serán funestas para todos, pero especialmente para ellos.

El MAS perdió las calles en el 2019 y no puede recuperarlas. Lo que sucede ahora, cercos, bloqueos, violencia callejera, amedrentamiento, etc., no seria posible sin la protección y el padrinazgo del poder estatal. Sin el aparato del Estado no son nada, se achancharon de tanto mamar de sus ubres. Ya no meten miedo, ni acarreando funcionarios públicos de todo el país logran dar una apariencia de fuerza. Son patéticos.

La crisis política, económica y social, provocada por la arrogancia y angurria de poder masista, les pasara factura. La brecha, cada vez más ancha y profunda, entre el Estado y la sociedad civil no será fácil de cerrar. El mínimo de confianza y credibilidad para construir una sociedad medianamente civilizada, no existe más. Hay que construir todo de nuevo. Pero es posible hacerlo con una sociedad libre y democrática

La impostura, el abuso, la arrogancia, el latrocinio, el desprecio olímpico por la dignidad humana, no pueden prevalecer. Mas temprano que tarde serán arrojados a la cloaca de la historia, empalados en los mismos garrotes con los que indiscriminadamente golpean. Nadie es poderosamente impune