Líber Forti vio la luz por primera vez en Córdoba, Argentina, el martes 19 de agosto de 1919, un día típico de invierno, de cielo despejado y amanecer muy frío según los datos meteorológicos históricos disponibles. Trascendió el miércoles 11 de marzo de 2015 en Cochabamba, en aquel verano tan caliente.
En reseña del libro “En LIBERtad, charlas con aquel de está aquí” publicado en junio de 2015, apenas tres meses después de su muerte, se recuerda que Líber fue el hijo mayor de Renato Rocco Giansante, ese anarquista italiano llegado a la Argentina como tantos, huyendo de la persecución por sus actividades libertarias alentadas con fuerza desde el siglo diecinueve en su país natal, y Carmen Carrizo, una linda y humilde jovencita de La Rioja, campesina diestra en las artes de la cocina que comenzó a ganarse la vida muy temprano como tantas hijas de familias pobres.
La herencia amorosa de sus progenitores fue el conjunto de rasgos más importantes de su personalidad, aquellos que marcaron su existencia: una montaña de gigantescos sueños y ansias de libertad, y un caudal inagotable de ternura y solidaridad.
Cuando Renato Rocco Giansante hubo de marcharse de Argentina por las mismas causas que había cruzado el océano rumbo a Sudamérica, decidió afincarse en Tupiza, pequeño pueblo del sur de Potosí. Para entonces ya había inventado el nombre definitivo que lo acompañó hasta su muerte: Mario Forti, quien fundó una imprenta librería de nombre “Renacimiento”, alusiva a esa nueva oportunidad de vida que se dio de la cual Líber se hizo parte al ser llevado hasta allí por su madre.
Por eso Tupiza fue tan importante para él. Allí fue a la escuela y aprendió las primeras letras; allí volvería el linyera una y otra vez, atraído por el imán de ese lugar de paso que se convertía en destino de muchos, para fundar el Conjunto Teatral “Nuevos Horizontes” que generó un movimiento cultural de potencia mayor, con efectos dentro y fuera de Bolivia por su bagaje de iniciativas que alrededor del teatro deambularon por los senderos del fomento de todas las artes y del pensamiento libre.
Testimonio de ello son las nueve giras teatrales por el territorio boliviano, con especial atención a los centros mineros; los cincuenta números del Boletín, un tesoro todavía inexplorado para descubrir las fuentes de inspiración y colores de ese horizonte de “Nuevos Horizontes”; las 27 revistas “Teatro”, colecciones exquisitas de material propio de quienes saben que el arte se sostiene también en el estudio.
Ese fue el camino de creación del arte moderno boliviano. Por eso mismo, en voz baja y con discreción para no enfadar al anarquista, hay que decir que Líber fue tan importante para Tupiza, allí donde la casa de los Forti fue el centro de labor de los productores de escenografía y vestuario, el centro de lectura de los guiones y el desarrollo de las puestas en escena, el centro de formación de los actores en horas y horas de ensayos, verdaderas pasantías en que él, Líber, transfería a título gratuito su conocimiento y práctica teatral acumulados desde sus catorce años en los grupos de teatro independientes de Tucumán. Sin importar al final de cuentas que esa casa haya sido destruida por la ignorancia y el populismo, enemigos de la cultura y la libertad.
Desde Tupiza se lanzó luego la epopeya cultural de los mineros de Bolivia con Líber como Asesor de la Federación Sindical de Mineros de Bolivia (FSTMB), definida en tres conferencias que reunieron a delegados de todas las minas de la Corporación Minera de Bolivia para analizar y acordar estrategias de educación, arte y cultura.
Los documentos del archivo personal de Líber y los trece cortometrajes resultado del proyecto coauspiciado por la FSTMB y la Asociación Varan de Francia, filmados por y con hijos de obreros en el centro minero de Telamayu (Atocha, Potosí) dan cuenta de los resultados de aquellos esfuerzos.
En 1986, después de terminar su rol en la FSTMB, Líber lanzó el programa de capacitación teatral de animadores a nivel nacional con desemboque en la formación de grupos independientes. Prosiguió con la portentosa compilación de teoría teatral “Teatro-Juegos”, cinco mil páginas de diálogo entre los más grandes de este arte, creado por su genio. Lo puso a disposición de todos. “El que quiso ver, vio”, podría decirse.
Cuando Camilo Zilvety, “el chico de teatro”, conoció a Liber hace trece años, sintetizó las impresiones que le produjo el encuentro con aquel personaje, exclamando: “¡Líber es real!” A ciento siete años de su nacimiento y a once de su muerte, se confirma eso. Aunque fue un ser extraño, muy poco parecido al promedio, es real y está presente. En sus obras y en los miembros de la red de ternura que formó, aquí y en tantos lugares.
En paráfrasis de “En LIBERtad” al celebrar tu nacimiento, nos encontramos con los seres fraternos para compartir libertad y solidaridad. Con Humberto Vacaflor, Octavio Alberola, Elizabeth Burgos, Jean Francois Labouverie, Luis Bredow, Raquel Velasco, Erick Butrón y tantos, tantos…