Hace pocos días, en su primer viaje como máxima autoridad del país, el presidente Rodrigo Paz asistió a la suscripción de convenios entre el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Unión Europea (UE).
A su retorno, declaró que “no abandonaremos al MERCOSUR… para tener un mejor futuro para nuestros pueblos”.
Cabe mencionar que Bolivia tiene el status de “Estado asociado” al MERCOSUR, lo que significa que no es aún miembro pleno. Para lograr ese status, debe abandonar la CAN (Comunidad Andina de Naciones), pues no se puede pertenecer a dos bloques económicos al mismo tiempo, dado que cada uno tiene políticas propias (que en ocasiones podrían ser incluso contradictorias ente sí), y tiene también un AEC (Arancel Externo Común) determinado.
Un AEC es el arancel (impuesto a las importaciones) fijado para todos los miembros de un bloque, por lo que, resultando obvio que un país no puede utilizar sino un AEC, debería utilizar el del MERCOSUR, significando esto el abandono tácito de la CAN.
La pregunta es entonces: ¿Debería Bolivia cambiar la CAN por el MERCOSUR? De hecho, nuestro país tiene tiempo hasta el año 2028 para efectivizar este cambio, mientras tanto, se encuentra “con un pie en cada bloque”, lo que le exige ciertos juegos de equilibrio que podrían jugarle una mala pasada, en algún momento.
Ya el año 1997, el entonces presidente boliviano, Gonzalo Sánchez de Lozada, tratando de decidir a qué bloque le convendría pertenecer a Bolivia, tuvo la ocurrencia de decir que nuestro país podría jugar a ser “Doña Flor y sus dos maridos” (en referencia al personaje principal de la famosa novela de Jorge Amado).
Pese a la ingeniosa propuesta presidencial del siglo pasado, resulta claro que la bigamia, infidelidad o como quiera llamarse a este peligroso juego, no parece ser una buena idea a nivel personal ni estatal. En ambos casos, una relación clara y con promesa de fidelidad parece ser la mejor receta (aunque en algún momento el acuerdo pueda romperse, de mutuo acuerdo y –ojalá– manteniendo al menos la amistad).
¿Qué debería hacerse, entonces, en este caso, para así estar –el año 2028, fin del permiso para jugar a ser doña Flor– razonablemente seguros de tomar la decisión correcta?
Me atrevo a sugerir que nos animemos a ver la situación actual de nuestro país más allá de la alternativa MERCOSUR – CAN. ¿Por qué no pensarnos a futuro en un escenario lo más favorable posible para nuestro comercio exterior? Si logramos definirlo de manera suficientemente adecuada, podríamos pensar nuestro futuro con mayores posibilidades de hacerlo real.
Pese a lo propuesto, podríamos empezar con los escenarios Bolivia–CAN y Bolivia–MERCOSUR de aquí a dos años. ¿Cuáles son las opciones, tanto favorables como adversas, de cada uno de ellos?
- Actualmente se piensa en la conveniencia de entrar a un mercado mucho más grande que el de la CAN, lo cual es cierto… como también es cierto que deberíamos competir en igualdad de condiciones con las dos economías más grandes de Sudamérica: Argentina y Brasil.
- Lo anterior permite prever una balanza comercial deficitaria permanente con nuestros nuevos (y bien desarrollados) socios.
- Al pertenecer al MERCOSUR, no podríamos negociar como “país pequeño” frente a potenciales futuros socios (por ejemplo: China). Seríamos tratados con el mismo rigor que, digamos, Brasil.
- Nuestra infraestructura logística (que incluye transporte) es pobrísima, lo que haría que las empresas competidoras de nuestros nuevos socios ganen espacios rápidamente ese mercado (lo cual, por otra parte, podría significar fletes más bajos en el tramo boliviano).
- En resumen, entrando a un mercado grande como el MERCOSUR, tendríamos oportunidad de ingresar a los mercados de esos países sin pago de aranceles… pero esa situación se presentaría en ambos sentidos.
Como suele decirse: una de cal… y otra de arena. ¿Cuán favorable nos resultaría la combinación?
Veamos, ahora, la situación un poco más allá del universo CAN-MERCOSUR:
Se me ocurre preguntar a la omnipresente IA cuáles son los principales productos de exportación bolivianos y a qué países se realizan esas exportaciones (más o menos lo mismo que les pido a mis alumnos como trabajo práctico, a veces… exigiendo que no usen la IA. En fin… ya qué).
La respuesta, rápida y (espero) fiable, menciona lo siguiente:
| PRODUCTO | PAÍS DE DESTINO |
| Soya y derivados | CAN |
| Maní | Perú |
| Sésamo | China |
| Quinua | EE.UU., Alemania, China |
| Girasol | CAN |
| Carne Bovina | China |
| Castaña | Países Bajos, Reino Unido, Alemania (UE) |
| Joyería | EE.UU., EAU |
| Madera | China, EE.UU., Francia |
| Café | EE.UU., Bélgica, Francia |
| Textiles | EE.UU., MERCOSUR, CAN, Chile |
| Chía | México, China |
Pese a lo rápido y elemental del ejercicio, se pueden sacar algunas conclusiones sin mucho esfuerzo:
- La CAN (o algunos países de ella), figura como comprador potencial de varios productos de exportación boliviana, mientras que el MERCOSUR figura solamente como comprador para el rubro de textiles. Huelgan comentarios.
- EE.UU. figura también como comprador para varios productos. Quizás valdría la pena intentar un acercamiento con EE.UU. (pese a lo errático de su accionar en temas de comercio exterior). Acaso sus muchos problemas actuales permitan abrir oportunidades para actores más pequeños, capaces de satisfacer nichos específicos cuyos proveedores habituales hayan perdido el favor de la administración actual.
- China figura como potencial comprador para varios artículos que Bolivia exporta. La verdad no me animo a decir si sería más fácil negociar con China de manera individual o como parte de un bloque mayor. Pero siento que sería mejor hacerlo como o como parte de la CAN (un actor más pequeño podría –al menos en teoría– lograr un trato más favorable que uno mayor, como el MERCOSUR).
- Países de la UE también figuran como potenciales compradores de varios productos bolivianos de exportación. No parece descabellado pensar en iniciar negociaciones con la UE (sigo creyendo que mejor como Bolivia o como CAN).
Se debe tener presente que el objetivo de iniciar negociaciones comerciales con cualquier país es el de obtener preferencias arancelarias (rebaja o eliminación de aranceles) para exportar productos a su territorio, trato que deberá, obviamente, ser recíproco. Empresas grandes de bloques como la UE o China no se verán tentados por nuestro diminuto mercado ni por nuestra exigua oferta exportadora, aunque hay muchos ejemplos de que este tipo de acuerdos permiten relacionar a PyMEs de los países involucrados. Es posible también que grandes empresas puedan interesarse en algún tipo de trabajo conjunto, relacionado con la explotación/exportación de recursos naturales, por ejemplo. Cuando se trata de economías tan asimétricas, no queda más que aguzar el ingenio.
Veamos… lo aquí planteado dista mucho de ser una propuesta real de priorización de ciertos mercados/bloques/acuerdos. Se trata más bien de un ejercicio bastante sencillo que no pretende más que mostrar la importancia de la utilización de ciertos criterios, a la hora de pensar en firmar acuerdos de integración, a fin de no actuar por instinto, inercia, o afectos/desafectos políticos o, peor aún, personales, siempre tan volubles (si lo dudan, pueden preguntarle a doña Flor).
P.D. Cuando iba a enviar esta columna para su publicación, se confirmó la firma de un acuerdo entre la Unión Europea y el MERCOSUR. La noticia hace énfasis en que no se trata de un acuerdo comercial más, sino que es un acuerdo más amplio que abarca aspectos comerciales, de diálogo político y de cooperación.
Esto, obviamente, obliga a repensar las cosas y a evaluar el nuevo escenario.
Así es, señores. Así de cambiante y apasionante es el mundo del comercio internacional.