Bolsonaritos

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 De:Rodrigo Villegas Rodríguez / Inmediaciones

Y sí, se dio lo que sabíamos que iba a suceder. Bolsonaro is here. Este domingo se consolidó el retroceso en búsqueda de un cambio, uno trascendente, uno que modifique todo un país, aquel inmenso territorio que es el Brasil. Jair apeló a la estrategia de Trump: endulzar el oído de los radicales, de aquellos que venían dormidos desde la ascensión de unos más tolerantes, diferentes a pesar de lo sucedido con el paso de los años, la corrupción y la economía al dope. A estos seres que esperaban en sus madrigueras la llegada de la radicalidad – así como muchos, escritores y filósofos incluidos, ansiaban la llegada del Fhurer en los años 40’ –, la de la mano dura, la de la violencia que reprima la violencia. A ellos les fue dirigido el mensaje. Y salieron airosos de sus cuevas y helos ahí, campantes, demostrando que nada se destruye, solo se transforma. Bolsonaro is here.

Facebook. “Me dueles Brasil” y otros post desde los cuales anuncio mi tristeza y resignación antes la llegada de este bocazas, de este hombre que apela a un discurso del odio, amparado por instituciones evangélicas que lo equiparan con su salvador. “Me dueles Brasil”, pero no me dueles cuando le grito por la televisión a Evo: “Indio de M…”, o cuando adoro a Carlos Mesa por la “transformación” del país que va a realizar cuando sea elegido – claro, si no es que renuncia en el camino –. Y alverrés: “Me dueles Brasil” cuando apoyo de alguna forma la repostulación de un hombre que no puede presidir un país por más años, perdió una batalla, la más importante, y debe alejarse del poder, acompañar el camino de la democracia ganada con sangre.

Lo gracioso: los Bolsonaritos que nacen, o no, que se hacen visibles, porque ya estaban aquí, ¿verdad? No somos inocentes. Los que, tanto en Brasil como en Estados Unidos como en diferentes lugares de nuestro país ansían el retorno de un pasado terrorífico. Ellos aún están vivos. Salen de las tumbas donde se habían escondido y aprovechan las circunstancias para levantar el rostro y la voz. Ellos son los que ahora pretenden gobernar este país. Los que apelan por un “cambio”. Bolsonaritos por todas partes.

Twitter. Allí están, escribiendo sus felicitaciones a este Mesías, a este apuñalado. Congregando sus cuerpos delante del ahora rey del país carioca, el mismo que nos insultó, que tachó de escoria a los bolivianos. Los mismos, estos personajes reducidos, son los que ahora publican sus agradecimientos a Bolsonaro, que lo entienden y pretenden su mano arrogante para besarla.

El Mochilas Leyes saluda la “contundente victoria democrática de Bolsonaro. Su presidencia llega con mucha esperanza para toda Latinoamérica. Que Dios lo guíe e ilumine”.

Víctor Hugo Cárdenas, quien apareció de la nada y ahora quiere ser presidente, twiteó: “El pueblo brasileño dictaminó: ¡Bolsonaro Pdte! – así, con signos de exclamación, como un grito de felicidad –. Mis respetos a su sabiduría,  a su lucidez democrática, a su institucionalidad judicial y a su capacidad de resolver problemas mediante su voto libre e informado. ¡Dios bendiga a Brasil y a su nuevo gobierno!”.

Y el infaltable Bolas, por supuesto, que twitea con los dedos de los pies: “Felicitaciones, nuevo presidente de Brasil Jair Bolsonaro. Triunfo da esperanzas a que se recupere la democracia en Venezuela y no se pierda en Bolivia”.

Dios. En ambos mensajes, los dos primeros, está presente. Aquel fue el discurso: el de la radicalidad de una religión que ha demostrado en la historia lo que es capaz de realizar si contaminamos su pueblo, las mentes de las ovejas, del rebaño. Porque quieres que seamos eso: un rebaño. No salir de las normas, de lo establecido. Y cuando ven su parcela comprometida pues arremeten con toda la fuerza de lo sagrado, de sus símbolos, de las cruzadas y del diluvio, de la caída del fuego, de la repulsión al que ama diferente, de la oposición total al aborto sea cual sea la causa. Esa ceguera religiosa es la que, siglos más tarde, permita a un hombre como Bolsonaro adjudicarse el poder de un país inmenso y congregar los aullidos de los bárbaros, de los militantes de la negación, del rechazo a toda regla aparte. De esa tradición de la muerte.

He aquí a los que buscan la limpieza. Los que saltan en una pata por la consagración de su líder, de su Mesías. Los mismos buscan ser ahora nuestra nobleza, los que sostienen el látigo con una mano y nos dan el pan con la otra. ¿Es esta la revolución que buscan?

Bolsonaro is here.