Andinocentrismo y politica en Bolivia

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Vuelvo a la Escritura de la política después de un largo silencio. Por dos razones fundamentales: en primer lugar, desde el inicio de la República se impuso una visión andinocéntrica en la construcción del Estado con sus variantes liberales y republicanas; y por otro, la política en nuestro país ha sido desde siempre un medio de enriquecimiento para personas, grupos y regiones de nuestra geografía. Es ya extendida la idea de que los individuos aymaras o quechuas ven en la política el camino más corto para llegar a la acumulación del capital. En cambio el hombre oriental o el cruceño, sobre todo hoy, concibe la acumulación de riqueza el medio adecuado para llegar a la política. De ahí la pobreza de líderes políticos desde esa región que tengan alcance nacional. Pero todo indica que dentro de unos años, economía y política, serán el binomio que situarán a Santa Cruz en el centro político y económico del país.

Si el Eurocentrismo fue la ideología imperante en el momento de la colonización en America Latina y fruto de ello todas las consecuencias históricas para los pueblos amerindios, que fueron sojuzgados, explotados y condenados por siglos al no ser y arrastrados a la periferia de la historia, sin duda, en Bolivia luego de la Independencia en 1825, se impuso un andinocentrismo patriarcal; es decir, la visión de un grupo cultural hegemónico, con características autoritarias y comportamiento muchas veces al borde de la irracionalidad. Y el caudillo en nuestra política es el engendro más preclaro de esta perspectiva. El hombre puede alcanzar la plenitud de su humanidad solo en una sociedad justa; y no es justa una sociedad donde por años se ha ejercido una imposición andinocéntrica.

Ya Baruc Espinoza en su Tratado teológico-político decía: «aconsejado por la razón y la experiencia, es formar un sociedad fundada sobre las leyes y establecer en una región determinada, en que todas las fuerzas individuales se reúnan como en un solo cuerpo. ¡Y no hace falta poco genio y poca vigilancia para formar y mantener una sociedad!». En Bolivia nunca hubo una consciencia nacional de formar un solo cuerpo donde todas las fuerzas sean tomadas en cuenta. O Hegel en el parágrafo 153 de su Filosofía del derecho sentenciaba: «Solo como ciudadano de un buen Estado alcanza el individuo su derecho». Y un Estado en el que impera una sola manera de concebir la sociedad, el hombre y la vida, no es posible una ciudadanía con derechos. Y en nuestro contexto latinoamericano Octavario Paz en el Ogro filantrópico reconoció a la actividad política como fuente imprescindible de la mayor dignificación del individuo. «La dignidad de la política proviene de este cambio: deja de ser el arte de ganar o conservar el poder y se transforma en el juego donde se juega el porvenir de los hombres. Un juego que jugamos entre todos y que exige un mínimo de libertad para realizarse». En cambio en nuestro país la política tiene como único fin la conservación del poder a toda costa aún por encima de la libertad del ser humano.

El actual panorama electoral está marcado por un agresivo andinocentrismo. Esta realidad es una muestra de que el pluralismo cultural del país no solo es un discurso vacío sino también un modo de legitimar la preminencia de una casta política. Hoy el 99% de los candidatos a la presidencia del Estado son occidentales andinocéntricos. La mirada de todos los postulantes, incluido del candidato oficialista, es tremendamente regionalista. El oriente boliviano aún persiste en la concepción de la política en la mente de los políticos andinocéntricos como una región inventada. El colonialismo aymara o quechua a lo largo de la vida republicana inventaron el oriente a su modo y manera, para sostener una hegemonía vertical. No es gratuito que se haya considerado al hombre oriental como poco dado al trabajo y más inclinado al derroche, la parranda y la vida licenciosa; y no menos la etiqueta de mujer fácil o proclive a la lujuria a la femineidad amazónica. Cuando en  realidad la sociedad cruceña ha sido y es matriarcal. Por tanto es una tarea pendiente darle el verdadero sitial al pensamiento oriental de nuestro país en la construcción de un nuevo Estado con un rostro verdaderamente plural.

La cosmovisión de los pueblos amazónicos jugará un rol determinante en las próximas décadas si queremos un Estado Plurinacional justo. Y como dice el filósofo español Agapito Maestre: «La autonomía individual es social o no es: […] sólo en la búsqueda, a veces convergente y casi siempre divergente, con el resto de sus ciudadanos de bienes comunes logrará el hombre su plenitud como individuo». Y esa plenitud de los bolivianos está muy lejos mientras la política en Bolivia siga siendo el patrimonio de un andinocentrismo secante.

Iván Jesús Castro Aruzamen es Filósofo, teólogo, poeta y escritor