De pronto, en las dos últimas semanas, apareció una legión de obreros municipales (la mitad no sabe qué hacer, deambula) en la rotonda de distribución que permitirá a los vehículos tomar la avenida del Poeta o la avenida La Paz, su continuación hacia Obrajes.
El cierre de la avenida del Poeta durante casi un año hizo que fuera un calvario para los automovilistas circular por la curva de Holguín o por la gasolinera de la Kantutani, sobre todo cuando había colas para combustible.
Durante cinco años el incapaz que ocupa la alcaldía de La Paz no hizo nada. Tengo fotos tomadas desde el Teleférico Celeste que prueban que en meses y en años anteriores, apenas se veía alguna que otra maquinaria o cuadrilla de obreros ahí donde ahora aparecen centenares para otra “inauguración” improvisada. En plena campaña electoral, vemos una desesperada aceleración de las obras que vinculan el centro de la ciudad con la zona sur. Qué hipocresía.
La única razón para el súbito despertar del alcalde, tan entretenido en fiestas y bailes, es la cercanía de las elecciones municipales, en las que el Arias tiene la peregrina esperanza de ser electo nuevamente. Está convencido de que con unas semanas de movilización día y noche, y dinero para dirigentes de juntas vecinales, logrará lo que no hizo en cinco años.
La incapacidad del alcalde y su nula noción sobre las prioridades se ve también en otras áreas de su gestión. En los días de paros de choferes del transporte “libre” (mafias de propietarios), dispuso suspender el servicio de PumaKatari cuando más se lo necesitaba.
Semanas antes del cambio de gobierno nacional, disminuyó la frecuencia del transporte municipal con el argumento de que no había diésel, y cuando ya hubo diésel, su excusa fue que el nuevo precio exigía un reajuste del precio al usuario, para favorecer otra vez a los minibuseros y aumentar el precio.
Todo eso de los GPS en los minibuses, o del fin del “trameaje”, son puras mentiras repetidas varias veces durante esta gestión para justificar otra vez el alza de los pasajes.
Había la oportunidad de demostrar que el transporte municipal es la solución definitiva contra el chantaje del transporte “libre”, que en esos días de fin de año amenazaba con paralizar las ciudades. Fuimos víctimas de esas mafias durante décadas, todas ellas acomodadas con los gobiernos masistas y acostumbradas a prebendas (como el peaje de la autopista a El Alto), y han seguido comportándose como dueñas de la ciudad.
Necesitamos un transporte municipal bien organizado, como el de otros países (México, Colombia, Chile, etc.), que desahogue el tráfico de las ciudades y sea una alternativa conveniente incluso para quienes tienen vehículos particulares. En las ciudades civilizadas hasta los ricos toman transporte público municipal, porque el servicio es de calidad.
Las excusas sobre la falta de diésel o su encarecimiento son absurdas y esconden el deseo de liquidar al PumaKatari. Arias siempre quiso eliminar el transporte municipal. Recuerden que cuando asumió hace cinco años estuvimos más de tres meses sin PumaKatari, sin ninguna explicación racional, mientras 60 nuevos autobuses de la serie BAR que habían llegado de China (en reemplazo de los calcinados por el MAS), estaban a la intemperie en el Parque Urbano.
Hace tiempo señalé el absurdo de que el transporte municipal haga filas para cargar combustible, a la par que los vehículos privados, y sugerí que la alcaldía debería tener sus propios depósitos y surtidores en los garajes de los PumaKatari, para que no falte nunca combustible, como se hace en otros países.
El dinero que se ha malgastado en obras inútiles podía haberse empleado en importar nuevos autobuses eléctricos para reforzar la flota de transporte municipal. Los ciudadanos usarían más el PumaKatari si hubiera más vehículos en servicio, mayor frecuencia, horarios fijos, más rutas servidas y una aplicación para celular que realmente sirva.
La demagogia es digna de Ripley: dijo Arias que quería donar una parte de su salario “a los hogares de niños pobres”. Fue otro despropósito cuando ya le quedan apenas tres meses de salario, y también un acto hipócrita porque sabemos que ha hecho dinero con los contratos sin licitación para los parqueos tarifados y otros absurdos como el gigantesco letrero de La Paz.
Ni una sola obra importante dejará en sus cinco años de gestión, por mucho que acelere el paso en los últimos días y entregue obras sin terminar.
El alcalde de La Paz (y del “amor”) es el arquetipo del “lamento boliviano” (“que un día empezó y no va a terminar”), inmortalizado en una canción del grupo de rock argentino Los Enanitos Verdes. Este enanito “Negro” se lamenta cada vez de los problemas de la ciudad que es incapaz de controlar por la ineficiencia de su gestión: “No puedo impedir que llueva”, “no tengo la culpa del derrumbe”, “la alcaldía no tiene presupuesto”, “el Concejo Municipal me hace boicot”, etc.
Cito una vez más, como ejemplo, la zona de Amor de Dios, en el sur de la ciudad de La Paz, que fue gravemente afectada por un torrente de agua del rio La Paz, el 8 y 9 de marzo de 2024, hace largos dos años. Los trabajos de reparación no avanzaron mucho:
1.- La nueva plataforma es deleznable, se la puede llevar el río si crece nuevamente. En vano hay un tractor que sigue empujando grava hacia los costados, porque no se han construido diques de concreto, y apenas un tramo está protegido por gaviones.
2.- No se han plantado árboles para que sus raíces retengan el deslizamiento de la tierra. EmaVerde brilla por su ausencia mientras la maleza gana terreno.
3.- No se ha rehabilitado el sendero para ciclistas y peatones, apenas recubierto de grava (que no es buena para las rodillas de los que trotan ni para las llantas de bicicletas). No se han repuesto los aparatos para realizar ejercicios.
4.- Los desagües, rejillas o bocas de tormenta han quedado cubiertos por la grava, y los pocos que quedan en los tramos que no fueron dañados, están taponeados de tierra.
5.- Hay sifonamientos, lo cual prueba que no se ha realizado un trabajo de ingeniería hidráulica.
6. Se construye en la zona de Aranjuez un puente de concreto que no tiene sentido ni estará terminado para las elecciones.
7. “Especialista” en maquillaje, el alcalde le dedicó bastante pintura al parque Bartolina Sisa para inaugurarlo con bombos y platillos. ¿A qué costo?
8. Una ciclovía mal concebida, mal diseñada y muy costosa, quedará en Calacoto como muestra de su altísima inoperancia.
Arias no entendería lo que escribe el escritor Raúl Rivero Adriázola: “En este país, en el que los santos patronos son San Concreto y Santa Mezcla, y donde el pavimento es la máxima expresión de progreso, es tarea de titanes tratar de defender el medio ambiente y los derechos de peatones y ciclistas”.
Alfonso Gumucio es escritor y cineasta.