Bolivia despide a Tito de la Viña, maestro, referente y símbolo de pasión por el fútbol y la verdad, quien falleció este sábado, 18 de julio, en la ciudad de La Paz. La voz del conocido locutor se convirtió en parte de la identidad nacional y su despedida marca el cierre de una era dorada del periodismo deportivo.
Durante más de siete décadas, Tito de la Viña narró la historia del deporte boliviano y mundial con un estilo inconfundible: preciso, emotivo y profundamente humano. Cubrió seis mundiales de fútbol, juegos olímpicos y los momentos más memorables del balompié nacional, transmitiendo no sólo resultados, sino también la emoción que late detrás de cada partido. Su voz acompañó victorias y derrotas, convirtiéndose en un eco que aún resuena en la memoria colectiva.
Más allá de los micrófonos, Tito fue un formador incansable. En programas como Deporte Total y en espacios académicos, compartió su experiencia con jóvenes periodistas, inculcando valores de ética, disciplina y respeto. Muchos de sus discípulos recuerdan cómo les enseñaba que el periodismo deportivo no se limita a contar goles, sino a comprender la vida que se expresa en cada encuentro.
Su legado también se refleja en los reconocimientos que recibió, como el Premio Nacional de Periodismo, y en las instituciones que lo homenajearon por su aporte a la comunicación y la cultura. La Universidad Unifranz, entre otras, destacó su papel como maestro y su capacidad de inspirar a nuevas generaciones.
Las reacciones a su partida han sido inmediatas y emotivas. Colegas, estudiantes y aficionados expresaron su dolor y gratitud, recordando anécdotas que muestran su cercanía y humanidad. “Las voces del deporte nunca se apagan; se convierten en historia”, señalaron en homenaje. Para muchos, Tito fue la voz que los acompañó en su infancia, la guía que los inspiró en su juventud y el ejemplo que los sostiene en su madurez.
La voz de Tito de la Viña seguirá viva en cada transmisión, en cada cancha y en cada corazón que aprendió a vivir el deporte con emoción y dignidad. Su legado es inmortal: narrar con verdad, vivir con pasión y enseñar con generosidad.