A defenderse

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Siguen los fuegos. Bolsonaro tiene más estrado que Evo Morales y lo opaca. Esta vez le conviene al vanidoso. Porque hasta los alemanes dicen que el curaca está quemando la Amazonía para dar hamburguesas a los gringos. Con sus aliados banzeristas, la extrema derecha cruceña, los millonarios, a los que no les importa si se destruye un país porque con su dinero pueden vivir donde quieran. Pero a nosotros sí nos interesa, aquí vivimos y vivirán nuestros hijos. Mataría al que quiere joder la vida de mis hijos para dar beneficios a los suyos.

Hay que saber visualizar al enemigo, no dejarse dorar la píldora. Hay una casta de delincuentes ricos, comenzando con el presidente y el vicepresidente, que creen ser dueños de esta tierra. Pues no, no es suya. Quizá les concedamos dos metros por uno, bajo tierra, pero nada más. Hay que defenderse. Quieren rifar al país. Es tiempo de atacar, de confiscar, de encadenar. Para eso se hicieron las revoluciones, para defender el pan. Morales no tiene derecho alguno a ceder el territorio y sus riquezas a China, a Trump, a la agroindustria ni a nadie. Si quiere ser rico que trabaje, no que pague a los puchuchuracos para que lo defiendan. Con esos hay que arrasar de igual manera, volcarles las gorras como en el 52. Ya ni correr pueden porque no se meten en guerra. Los paraguayos descalzos los corretearon a chicote. Emboscados. Hay que secuestrarles las armas y hacer escuelas. O mandarlos a Chile a pelear, que son buenos como vocingleros. A ver. En una semana los chilenos estarían haciendo parrillada en la frontera con Brasil. No hablo de los soldados, hablo de los puercos.

Me escribe un hombre de 71 años, desde La Paz. Dice que vivió una cómoda vida clasemediera siempre. Que se preocupó de sí y de los suyos. Pero ahora se le ha rebelado la sangre. Quiere luchar. No soporta ver lo que está sucediendo en Bolivia. ¿A qué se tiene miedo? ¿Al machete cocalero? Para eso hay balas, y viendo la terrible experiencia europea tal vez ha llegado acá el tiempo de la sangre. De revitalizar lo que fue alguna vez un pueblo indómito. La corrupción ha cegado el entendimiento. Los dos de arriba, los sodomitas, han maleado como nunca y como nadie el aire que respiramos. Están en carrera hacia la luna, se creen el hombre en la luna. Su dinero no trabaja para el país, está afuera, escondido, para el momento de la fuga. Hay que agarrarlos antes de que lo hagan, que sufran un Nuremberg local, que sigan el camino de Saddam Hussein, otro que se creyó Dios y bailó como cualquier pelagatos en la cuerda.

El límite llegó con el fuego. Y si nada sucede después de esto, pues quizá habremos perdido el derecho a sobrevivir y que nos cargue la pelona. Los sabios sociólogos hablarán de coyunturas y tratarán de explicar con esmero y condescendencia lo que pasa, aunque esto es tan claro que no necesita análisis. El señor de 71 tiene razón: o nos levantamos o quedamos baldados. Morales se entusiasma con que se quedará en el poder hasta la muerte (del país). Está por verse. Y el intelectual de turno, el supuesto cerebro de la revolución no es más que un pobre diablo. Recuerdo a mi padre cuando miraba por unos minutos su cháchara en televisión. Era tajante: este es un cojudo. Y cojudo es, no cojonudo. Hábil “bolsiquero”, o “bolsiqueador”, de esos que meten mano en el bolsillo ajeno. O ni siquiera eso, porque no necesita maestría para ejercitar su arte, solo tomar lo que está al alcance o aceptar lo que le dan. ¿Quiénes? Lo sabemos…

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