Flavia Suarez Padilla
Hoy quiero invitar a pensar en algo muy importante, no solo dentro de nuestros encuentros juveniles, también en nuestra vida diaria, cuando estamos creciendo como personas y ciudadanos. A veces creemos que ser líder, ayudar o estar unidos es algo que solo pasa en ciertos momentos, pero en realidad son cosas que vivimos todos los días, en casa, en el colegio y con nuestras amistades.
Ser líder no significa ser quien manda o quien está adelante siempre. Ser líder es tener el valor de hacer lo correcto, incluso cuando nadie más lo hace. Es levantar la mano para ayudar, es decir una palabra amable cuando alguien lo necesita, es animarse a intentar algo nuevo aunque dé miedo. No es mandar, es inspirar; es dar el ejemplo cuando nadie está mirando, es levantar a otros cuando caen y guiarlos con respeto. Todos los jóvenes podemos ser líderes con nuestras acciones, sin importar la edad que tengamos.
El servicio es otra forma hermosa de crecer. A veces pensamos que servir es hacer cosas grandes, pero no siempre es así. Servir también es compartir, escuchar, acompañar o simplemente estar para alguien que lo necesita. No es una obligación, es una oportunidad: una oportunidad de ayudar, de aportar y de hacer la diferencia en la vida de alguien más, incluso con acciones pequeñas.
Y hay algo que hace todo más fuerte y más bonito, en especial a las jóvenes: la unión fraternal. Ninguna de nosotras está sola. Todas somos diferentes, pensamos y sentimos distinto, pero ahí está la magia: en aprender a respetarnos, a apoyarnos y a caminar juntas. A veces no será fácil, pero cuando elegimos la unión por encima de las diferencias, crecemos mucho más.
No se trata de tener poder, sino de tener propósito. No se necesita ser perfecto, solo se necesita tener la intención de mejorar cada día. Porque cuando una persona cambia, influye en otra; cuando muchas personas cambian, se transforma toda una comunidad.
Ser una joven con valores no es solo algo que mostramos al mundo, es algo que llevamos dentro. Es esa luz que podemos compartir con los demás, esa alegría que podemos contagiar, esos principios que podemos vivir cada día, incluso cuando nadie nos está mirando, y que adornan nuestra personalidad juvenil.
Como jóvenes orladas de colores como reflejo del arco iris, llevamos en nosotras la fuerza del liderazgo, la entrega del servicio, el valor de la unión, la fe en el Ser Supremo, el amor a la patria, la familia y la confianza en nosotras mismas. Cada día debemos aprender, crecer en virtudes y superarnos cada día construyendo juntas el camino para ser mujeres que inspiren y transformen.
Con amor, fe y servicio para la unión fraternal.