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Literatura Infantil: trascendencia de vida

Angélica Guzmán Reque

“Un escritor que se toma la literatura infantil en serio recuerda siempre que no escribe para sí mismo, sino que lo hace para niños y que debe hacerlo con honradez, respeto y compasión.” – Katherine Paterson

Todas las personas mayores fueron niños” nos dice Antoine De Saint Exupéry en su obra universalmente conocida de El Principito.

Frase que debe recordarnos que, para un adulto, es imprescindible mirar el mundo que nos rodea con la misma curiosidad del niño que un día fuimos, así nos permitiremos conectarnos sin jerarquías y aprender de esa mirada sincera, limpia y libre de todo prejuicio.

La literatura infantil es un arte fundamental para el mundo infantil, si queremos desarrollar en su ser que despierta a la vida emocional del amor, el sentido cognitivo del aprendizaje y la creatividad que lo conducirá hacia el desarrollo del mundo que se vislumbra con enormes perspectivas de crecimiento. Donde jamás debe faltar el respeto, la calidad literaria y los valores humanos, como la honestidad y el ansia de la libertad en el hacer y el decir.

Para Gianni Rodari, “los niños necesitan concebir ideales y aprender a amarlos por encima de cualquier otra cosa, Lo que se realiza para alentarlos en esta dirección es justo; lo que hacemos para frenarlos es erróneo” para Rodari no solo se debía contar historias, sino enseñarles a crearlasporque todo niño es un ser de inocencia vulnerable y no una esponja para atiborrarle de conocimientos, porque la capacidad cognitiva de los niños no es una masa informe, es materia gris que espera orientación y, si es con amor, entonces florecerá como la primavera que se llena de color y perfume de personalidad naciente.

El escritor de literatura infantil debe concebir una obra dedicada a los niños como un sendero sin evasiones, sino con personajes y lenguaje colmados de magia de todas las cosas pequeñas y grandes del diario vivir. Un cuento, para un niño debe ser la llave que pueda abrir las puertas de su imaginación de par en par, que evite que desfallezca, antes bien debe ser Campanita, amiga de Peter Pan para que ilumine su sendero de paz y amor, o la Blanca Nieves que lucha por su amor familiar y goza con la amistad de sus siete amigos, los enanitos, cada uno símbolo del bienestar del aprender a convivir.

Creo firmemente que una obra infantil ilumina los ojos vivaces de los niños y podría ser una terapia para un adulto que ha olvidado que un día fue niño. Debemos tener presente que, las palabras y los personajes de un libro infantil dialogan con nuestro subconsciente, lo llenan de colores y aromas y puede encausar el pensamiento de nuestra propia realidad.

La escuela y el profesor debe entender que un cuento infantil es como un juego, porque leer es como darle alas a nuestra imaginación y fantasía, que es algo nato en todo ser humano y que llena el alma de sensaciones maravillosas.

No podemos olvidar que “el fin primordial de la literatura infantil es el deleite” y, que, a través del juego se fomenta el sentido de la igualdad, la superación, la solidaridad, así como el amor por la naturaleza y el cuidado de los animales. Tener presente que, a través del tiempo, los niños aprendan a enfrentar los monstruos que salieron de los armarios, para transformarse en otros reales y peligrosos y que se esconden entre las sombras de la noche y, el niño que aprendió a enfrentar a sus propios miedos podrá recordar que el valor y la fortaleza los acompañan.

La humanidad seguirá avanzando y los niños crecerán y conocerán nuevos desafíos. Por eso es importante ayudarles a crecer con amor y confianza en sí mismos y en los demás, con lecturas amorosas y aromáticas que nuestra pasión por la escritura nos dictan. Podemos hacer frente a las redes de hoy en día y, crear páginas de valor humano que alimenten el desarrollo mental y espiritual de esos ojitos soñadores que brillan por aprender.

Para Michel Ende, autor de “La historia interminable”, el niño busca valores para vivir y normas para vivir. No tiene sentido intentar inculcarles sentido crítico antes de tiempo: quienes lo hacen solo traspasan a los niños “su propio relativismo intelectual, su propia impotencia para encontrar valores vitales”

Jorge Luis Borges pensaba: “Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros.

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