A pocos días de las elecciones subnacionales del 22 de marzo de 2026, La Paz cuenta con una de las papeletas más divididas de su historia reciente porque existen 17 candidatos a la Alcaldía compitiendo por gobernar una ciudad compleja, marcada por problemas urbanos acumulados y una creciente desconfianza ciudadana. La abundancia de postulantes, lejos de clarificar el panorama, genera más bien incertidumbre entre los votantes, que deben elegir entre figuras con trayectorias políticas discutidas y otros aspirantes poco conocidos.
La campaña electoral también deja una imagen llamativa en las calles paceñas. A pesar de que el país atraviesa dificultades económicas y problemas recurrentes como el de la gasolina, varias candidaturas desplegaron gastos visibles en propaganda con panfletos, banderines, caravanas de vehículos, altavoces, brigadas callejeras y otro tipo de material promocional. La presencia de esta propaganda en paredes de inmuebles, avenidas y plazas contrasta con la sensación de crisis que muchos ciudadanos experimentan en su vida cotidiana.
Entre los candidatos aparecen perfiles variados. Waldo Albarracín (Venceremos) sostiene que el municipio atraviesa un estado “catastrófico” y propone erradicar la corrupción burocrática, además de avanzar hacia una integración metropolitana del transporte mediante un sistema de tickets unificados entre PumaKatari, Teleférico y rutas intermunicipales. Jorge Dulón (Movimiento Tercer Sistema) apuesta por alianzas público-privadas, modernización del alumbrado público con miles de luminarias LED y proyectos urbanos que impulsen el crecimiento económico.
Jhonny Plata (Jallalla La Paz) centra su discurso en la transparencia institucional, el turismo urbano y el apoyo a emprendedores frente a la extorsión y la informalidad. César Dockweiler (Innovación Humana) plantea fortalecer la seguridad urbana, ampliar la iluminación pública y ejecutar obras de estabilización de taludes y drenajes para reducir el riesgo de deslizamientos. Xavier Iturralde (Alianza Social Patriótica) propone una reingeniería administrativa del municipio, mayor apertura a inversiones y proyectos de infraestructura vial para aliviar el tráfico, además de iniciativas que transformen residuos en energía.
Otros candidatos, como Miguel Roca (Somos La Paz), Raúl Daza (FRI), Óscar Sogliano (APB-Súmate), Isaac Fernández (A-UPP), Hernán Rivera (NGP), Luis Eduardo Siles (UPC) o Carlos Nemo Rivero (Patria Sol), presentan propuestas que van desde la inclusión social y el fortalecimiento vecinal hasta la reactivación económica o la renovación generacional. Sin embargo, para muchos ciudadanos resulta difícil distinguir qué proyectos son realmente viables y cuáles repetirán la larga tradición de promesas electorales que rara vez se concretan, dando lugar simplemente a actos de corrupción.
En ese escenario también participa el actual alcalde, Iván Arias, quien busca la reelección tras una gestión que generó opiniones encontradas. Mientras sus seguidores destacan iniciativas de gestión barrial y proyectos de renovación urbana, sus críticos señalan obras cuestionadas como la controvertida ciclovía urbana, criticada por su baja utilización y planificación, además de retrasos en proyectos y constantes conflictos políticos. Su candidatura reabre el debate entre continuidad o cambio en la conducción municipal.
Pero más allá de nombres y campañas, los problemas estructurales de La Paz son evidentes y urgentes. Uno de los más visibles es la ocupación de calles y avenidas por mercados informales, fenómeno extendido en zonas como el centro, Max Paredes, Sopocachi e incluso la zona sur. Informes municipales y análisis urbanísticos advierten que el comercio informal ocupa amplios espacios públicos, afectando la circulación peatonal y vehicular y debilitando el orden urbano.
Otro desafío creciente es el deterioro del patrimonio arquitectónico. Casas republicanas y edificios históricos del centro paceño sufren abandono, intervenciones irregulares o demoliciones parciales pese a normativas de preservación. El Colegio de Arquitectos de Bolivia advirtió reiteradamente sobre la pérdida gradual del valor patrimonial de barrios tradicionales.
También preocupa la proliferación de construcciones fuera de norma, muchas levantadas en zonas de riesgo geológico. La Paz está asentada en un territorio frágil y susceptible a movimientos de tierra; estudios municipales y reportes del SENAMHI advierten sobre la vulnerabilidad creciente frente a lluvias intensas y deslizamientos.
A ello se suma el persistente problema del manejo de la basura. Los conflictos alrededor de los rellenos sanitarios, desde Alpacoma hasta otras alternativas, demuestran la fragilidad del sistema de tratamiento de residuos. Cada bloqueo o interrupción en la disposición final provoca acumulación de desechos en calles y barrios, con riesgos sanitarios evidentes…una verdadera bomba de tiempo.
El transporte urbano tampoco encuentra una solución estructural. El trameaje, la saturación de minibuses, el constante maltrato de los conductores hacia los usuarios (con excepción de los buses del Puma Katari) y la débil integración entre sistemas de movilidad junto al teleférico, siguen afectando la vida cotidiana de miles de habitantes de la urbe paceña.
En medio de este escenario, también surge una reflexión frecuente entre analistas y ciudadanos, si bien muchas personas participan en las campañas por convicción política y apoyo genuino a sus candidatos, también es evidente que una parte importante de la movilización responde a la búsqueda de oportunidades laborales temporales. En una ciudad donde el empleo formal escasea y la economía atraviesa dificultades, brigadas, caravanas y equipos de campaña se convierten para algunos en una fuente de ingresos momentánea.
Esa realidad está profundamente vinculada con el desgaste institucional que atraviesa el país. En La Paz -como en otros departamentos- persiste la percepción de que años de gestión de los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) dejaron al país en una situación complicada, especialmente por reiteradas denuncias de corrupción y mala administración pública. Esa desconfianza hacia la política influye hoy en el ánimo de muchos votantes.
A todo esto se suma un elemento llamativo de esta elección y es la ausencia de mujeres entre las candidaturas a la Alcaldía. En una ciudad donde miles de mujeres lideran organizaciones vecinales, emprendimientos, espacios académicos y profesionales, su exclusión del principal cargo municipal refleja una preocupante invisibilización política. La participación femenina podría aportar miradas distintas, sensibilidad social y renovación en la gestión pública. Su ausencia deja la sensación de una oportunidad perdida para incorporar aire fresco y nuevas perspectivas en la conducción de la ciudad.
En este contexto, la elección del próximo alcalde no debería reducirse a simpatías partidarias o discursos de campaña. La Paz necesita planificación urbana seria, capacidad de gestión y voluntad política para enfrentar problemas que llevan décadas acumulándose.
El 22 de marzo, los habitantes de la denominada ciudad maravilla elegirán una autoridad municipal y decidirán también el rumbo de una ciudad que lucha por ordenar su espacio público, preservar su patrimonio, cuidar el medioambiente de forma urgente, modernizar su movilidad y recuperar la confianza en sus instituciones.
Porque al final, más allá de los slogans electorales, la pregunta que sigue resonando en la ciudadanía es simple pero crucial: ¿quién podrá realmente gobernar La Paz y no solo prometer hacerlo?