El proceso electoral subnacional y local está en pleno despliegue, las candidaturas son de lo más variado, surgen aspirantes a raudales con una ausencia de proyectos que vislumbren esperanza de futuro para la ciudadanía producto de la debilidad del sistema democrático que sigue lidiando con los residuos de un pasado autoritario.
Pese a ello y en contrapartida no deja de ser una posibilidad para instalar en el debate un conjunto de temas necesarios que alimenten el interés del votante y sean la base de su decisión en las urnas.
Es previsible que el proceso electoral esté asediado por vicisitudes y sorpresas. Es el signo del momento, por eso es importante que desde la ciudadanía emerjan propuestas que obliguen a los candidatos a preocuparse de lo importante y se evite un concurso de poses demagógicas, intrascendentes y promotoras de distracciones impertinentes.
Esta es una oportunidad que no se debe desaprovechar, lo regional y lo local son espacios importantes desde los cuales se podrían recuperar identidades y desglosar un conjunto de iniciativas destinadas a fortalecerlas con el fin de armar el rompecabezas nacional desde la región.
Sucre, como capital de la República de Bolivia es un espacio importante, con solo recorrer por su pasado glorioso que configuró una ciudad histórica, administrativa y de servicios, podría inspirar a los candidatos para configurar un futuro esperanzador.
Este potencial no siempre fue bien aprovechado, muchas autoridades no comprendieron su magnitud y tomaron medidas que han puesto en duda su identidad que hoy esta desdibujada, de ser la Ciudad Blanca de América o la Culta Charcas, ahora, tiene una marca prosaica y sin sentido.
Desde hace más de dos décadas, las gestiones municipales, se han caracterizado por ser desordenadas, carentes de planificación y autoridad, con improvisaciones ofensivas a las necesidades locales y conducciones mediocres, cuando no, corruptas.
Esta etapa de oscuridad y declinación debe llegar a su fin con la identificación de proyectos que permitan el despegue de la ciudad, el turismo y la cultura, son dos ejes que están presentes y han merecido diferentes consideraciones.
La industria sin chimeneas, ha sido impulsada por voluntades sectoriales e individuales que se han apropiado positivamente de la consigna con escaso apoyo y una falta de políticas públicas que la impulsen.
Junto a ella, la industria del conocimiento es otra de las potencialidades con la que cuenta la ciudad. Comparativa y competitivamente permitiría a Sucre un desarrollo sostenible que hoy esta extraviado.
La cultura es una inversión que motoriza la economía, fomenta el turismo, motiva al espíritu ciudadano que moldea una identidad regional, dota a los sucrenses de un fuerte sentido de pertenencia y cohesión, de tal modo que no es una kermesse o serenata, o un desfile de grupos musicales o artísticos, es una poderosa construcción social con fines superiores que debe responder a un proceso de rigurosa planificación.
La dictación de una política cultural, debe ser un esfuerzo compartido entre lo público y lo privado, en cuyo proceso los operadores de turismo y hotelería, la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, la Universidad Andina Simón Bolívar, el Arzobispado de La Plata, la Casa de la Libertad, el Archivo y Biblioteca Nacionales, con innegable autoridad intelectual y moral, en alianza estratégica con los gobiernos departamental y municipal serían los impulsores del Sucre Cultural y Turístico,
Una primera labor, es reactivar el Festival Internacional de la Cultura, que en el pasado le dio lustre a Sucre en el concierto nacional e internacional. Su realización estuvo a cargo de una fundación específica con el aporte de varias de las entidades antes indicadas, al margen de cualquier influencia político partidaria.
Sucre tiene experiencia, en su momento contó con directores ejecutivos del más alto nivel y un personal calificado, que podrían ser recuperados para transmitir su conocimiento a los nuevos gestores culturales.
El Festival Internacional de la Cultura fue la expresión más notable del Sucre Cultural y Turístico que debería ser recuperado por los candidatos, como parte de la reactivación de nuestra economía y reconstrucción de nuestra identidad.