Silvana Daniela Rodriguez Poma
El año 2025 fue extraordinario para la ciencia. La inteligencia artificial dejó de ser una simple herramienta de procesamiento para convertirse en un colega creativo en la investigación. Su capacidad para predecir estructuras moleculares en segundos, analizar grandes volúmenes de datos y acelerar experimentos acortó procesos que antes tomaban años. Este cambio redefinió la forma en que se produce conocimiento científico y comenzó a tener efectos directos en la vida cotidiana.
Estamos atravesando un cambio de paradigma sin precedentes: la convergencia entre biotecnología, física cuántica, exploración espacial y conciencia animal. Estos hitos no solo expanden el saber académico, sino que trazan la hoja de ruta de la tecnología y la salud para las próximas décadas.
Uno de los momentos más relevantes fue el acercamiento del cometa interestelar 3I/ATLAS, que permitió estudiar materiales formados fuera del sistema solar y reveló sorprendentes similitudes químicas con los presentes en la Tierra. A ello se sumaron los primeros datos de la misión IMAP de la NASA, que aportaron nueva información sobre la heliosfera y su función como escudo frente a la radiación cósmica. El inicio del mapeo sistemático del cielo austral por parte del Observatorio Vera Rubin abrió una nueva era en la detección de cuerpos celestes, con miles de objetos identificados en el cinturón de asteroides. En paralelo, la exploración lunar avanzó con la identificación precisa de depósitos de agua en regiones permanentemente sombreadas de la Luna, reforzando su potencial para futuras misiones espaciales. El análisis de las muestras del asteroide Bennu confirmó la presencia de aminoácidos esenciales para la vida, reforzando la teoría de la panspermia. Y el telescopio James Webb logró detectar señales de metano y dióxido de carbono en exoplanetas habitables, acercándonos a la respuesta de si estamos solos en el universo.
El año estuvo marcado por el desarrollo de terapias genéticas altamente personalizadas. La aplicación de ediciones CRISPR diseñadas para mutaciones únicas consolidó el concepto de medicina personalizada N=1, en la que los tratamientos se ajustan a las características genéticas de cada paciente. Las vacunas de ARNm contra distintos tipos de cáncer mostraron resultados positivos en ensayos clínicos, especialmente en melanoma y cáncer de pulmón. Se descubrió además que medicamentos utilizados para la obesidad podían reducir la neuroinflamación en pacientes con Alzheimer, abriendo un camino inesperado en la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas.
La investigación avanzó también en terapias génicas para la epilepsia, con vectores virales capaces de regular la excitabilidad neuronal en casos resistentes a fármacos. Se reveló que las alteraciones en los relojes biológicos celulares ocurren meses antes de que un tumor de mama sea detectable, lo que abre la puerta a diagnósticos ultra-tempranos. La identificación de una molécula clave en la regeneración pulmonar permitió comprender cómo las células deciden entre reparar tejido o combatir infecciones. Y los primeros fármacos senolíticos efectivos en humanos demostraron que es posible eliminar células envejecidas, mejorando la movilidad y la elasticidad cardiovascular en adultos mayores.
La física y la tecnología registraron avances significativos. El desarrollo del primer reloj nuclear alcanzó niveles de precisión muy superiores a los relojes atómicos tradicionales, con implicaciones directas en la sincronización de sistemas de navegación y redes de comunicación. Se logró la transmutación controlada de plomo en oro mediante aceleradores de partículas, validando la capacidad de manipular la identidad de la materia, aunque sin aplicación comercial inmediata. Una colaboración internacional observó por primera vez una molécula en estado superfluido, que fluye sin pérdida de energía, abriendo la puerta a la superconductividad a temperaturas más accesibles.
Tras décadas de investigación, se fabricaron los primeros chips de grafeno funcionales, superando la velocidad del silicio y reduciendo drásticamente el consumo energético. Y se presentaron baterías estructurales capaces de soportar peso y almacenar energía simultáneamente, revolucionando el transporte eléctrico y la movilidad urbana.
En Sudáfrica se descubrieron rocas vivas de estromatolitos modernos que fijan carbono de manera mucho más eficiente que los bosques tropicales, convirtiéndose en sumideros naturales de CO₂. En los manglares, se documentó cómo los cangrejos violinistas fragmentan microplásticos, alterando la cadena trófica marina y acelerando la entrada de toxinas en los ecosistemas. La Agencia Espacial Europea lanzó el satélite BIOMASS, que permitió medir con exactitud el carbono almacenado en los bosques del planeta. Y en los laboratorios se creó el material BAETA, capaz de capturar dióxido de carbono directamente del aire utilizando plásticos reciclados, transformando un desecho en una solución climática.
La inteligencia artificial tuvo un papel central en el descubrimiento de fármacos. Modelos avanzados como AI4Science CRT redujeron de años a semanas el diseño de nuevas moléculas contra bacterias resistentes. En el campo de la bioacústica, la IA logró decodificar patrones de comunicación animal, identificando estructuras gramaticales en los sonidos de cetáceos y sugiriendo la existencia de culturas complejas. Estos hallazgos impulsaron la firma de la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal, que reconoce formas de percepción subjetiva en aves y mamíferos pequeños, ampliando nuestra responsabilidad ética hacia ellos.
Entre los hitos con mayor influencia práctica destacan la medicina personalizada N=1, que promete tratamientos únicos y efectivos; los semiconductores de grafeno y las baterías estructurales, que transformarán la eficiencia energética y la movilidad; el reloj nuclear, que redefine la precisión tecnológica en sistemas globales; y la decodificación de la comunicación animal, que abre un nuevo horizonte ético en nuestra relación con otras especies. En conjunto, estos avances reflejan un proceso de transformación científica que continúa influyendo en la relación entre conocimiento, tecnología y sociedad.