Maurizio Bagatin

“Las peores posibilidades de la fantasía están encarnadas por el país en el que vives”
 -Paul Auster-    

Norman Mailer dijo que había que dejar pasar unos diez años antes de escribir sobre los atentados del 11 de septiembre 2001, murió antes y nos dejó sin su testimonio. Los otros, los grandes novelistas americanos no esperaron, Don De Lillo, Philip Roth, Paul Auster, Jonathan Franzen y David Foster Wallace, Martin Amis, Jonathan Safran Foer, ninguno eligió el silencio. No pudieron hacerlo, aquella fecha entró como un dardo en la Historia, fue el inicio de un nuevo siglo, la vida cambió -como está cambiando hoy con la peste- y que Eric Hobsbawm le siga buscando un adjetivo para este siglo que estamos viviendo. Tal vez dialogando con Norman Mailer, seguros en que Andy Warhol hubiera intentado algo parecido.

Todo está escrito. Cada uno tiene sus fantasmas, sus tragedias y su propia farsa.

Todo está escrito, líneas de señales y palabras abstractas en el vacío.

Todo equilibrio entre los seres es el resultado de una desequilibrada falta, de una ausencia, pero, sobre todo, de una voluntad. Ya mi abuela, que vivió las dos guerras mundiales, me dijo que en la tierra ya había vivido el Infierno, el Purgatorio y también el Paradiso.

“Cien veces pensé que Nueva York era una catástrofe, y cincuenta veces: es una hermosa catástrofe” -Le Corbusier-

Roma, 11 septiembre 2001, en tres días nuestra hija cumplirá un año, su cumpleaños lo festejará en la Caput Mundi -lo que New York se volvió dos mil años después- en una pizzería napolitana; septiembre es un mes que no hace sufrir, el hemisferio norte busca conservar del verano todo su calor, el recuerdo del vino tomado y de los besos de las mujeres en agosto, el hemisferio sur ve la primavera, el surco abrirse, el color de sus flores y el verde. Durante el paseo a los Foros Imperiales hablamos de Imperio de Toni Negri y de Michael Hardt, entendimos solamente el epígrafe de William Morris, lo demás fue para nosotros un remolino marxista que no nos llevaría a ningún lugar nuevo. Bajo el Arco de Augusto ya habíamos retrocedido con el tiempo, y mucho, recordando a Virgilio, a su retorno y a su muerte, ya llegando al Foro de Cesar no imaginábamos otro Imperio que aquel: el tramonto de toda una civilización, la decadencia, su desaparición. Mas allá de un estado de ánimo, Nueva York era la sola verdadera city-city.

El 11 de septiembre 2001 “la película” que estaban pasando por todos los canales televisivos no me gustaba, le dije a Raquel que cambiara de canal, que pusiera unos dibujos animados para la siesta de las guaguas…volvimos a Bolivia, la vieja Europa temblaba ya, Estados Unidos apagó las luces y se prepararon para una nueva guerra. Gino Strada ya nos había avisado en 1991: “¡Nos metimos en un conflicto que durará 50 años!”  

Luego, las expresiones del rostro de George W.Bush en Fahrenheit 9/11 de Michael Moore, el Patrioct Act y un águila desplumada y triste, el lockdown antes de la peste; 11-S, perdida de la inocencia y alucinación sin fin. Y el Afganistán más cerca de lo que imaginábamos.