¿Y ahora que hacemos?

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Han pasado unos días desde la elección-plebiscito del tres de diciembre, los resultados son claros, los bolivianos sabemos que es lo que no queremos. No queremos un gobierno autocrático, totalitario, que concentre en sus manos todo el poder, ya lo hicieron durante más de una década y el romance terminó, aunque eso ya quedo claro en el referendo del 21F, solo que ahora con más contundencia.

En vista de lo sucedido, y de que nuestros máximos tribunales de justicia carecen de legitimidad, quizás sea el momento de que nuestro “amado líder” se erija como “supremo juez de la plurinación”, así nos dejamos todos de joder y ¡meta cumbia! Total, la constitución y las leyes son simples papeluchos desechables que solo sirven para limpiarse los mocos. Un invento del malvado liberalismo imperialista y capitalista, destinado a impedir que los pueblos alcancen su máximo esplendor de la mano de sus predestinados líderes.

El sol se está poniendo para el masismo y no están preparados para una larga noche, y sin luna… La clarividencia del “jefazo” no está funcionando, la oscuridad le rodea, no ve más allá de sus narices. La luz del “iluminado” se extingue, hay desconcierto entre sus fieles, nadie atina con una explicación coherente para lo que está sucediendo, se creyeron su propio relato y ya no distinguen entre realidad y ficción. Aun piensan que son los “legítimos” representantes del “verdadero pueblo”

Hace tiempo que venimos diciendo que estos viciosos del poder no se van a ir por las buenas, tienen mucho que perder, las tropelías cometidas les augura una fresca celda en Chonchocoro. Lo que está sucediendo con sus antiguos socios argentinos, ecuatorianos y brasileros los tiene nerviosos. Ya no es posible que sigan mintiendo, robando y despilfarrando un dinero que ya no existe, con total impunidad.

Tenemos que aumentar la presión internacional, denunciar la flagrante violación de los derechos humanos y políticos del pueblo boliviano, ante tribunal competente exista. Desenmascarar el carácter autoritario, ilegal e ilegitimo del régimen. El uso abusivo de todo el poder del estado, contra todo aquel que ose oponerse a los designios del “supremo” y disentir del pensamiento oficial y único.

A nivel nacional, debemos ejercer nuestro legítimo derecho a la protesta de forma coordinada y efectiva. No dispersar el esfuerzo y evitar, en la medida de lo posible, la violencia. Tampoco podemos dejar que nos degüellen como corderos, por ejemplo, por la horda cocalera. Debemos recordar que la historia del MAS y de Evo Morales está jalonada de violencia, y que no tienen muchos escrúpulos a la hora de utilizarla.

¡Seamos fuertes! En esta patria no tiene futuro la tiranía.