Wallake

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Cocinero amateur

No todo es catastrófico. Si hay algo que agradecer a esta pandemia que hoy azota a la humanidad, es que muchos, hemos diversificado nuestros oficios, ahora se han multiplicado las maestras y profesores, encontramos profesionales académicos con maestría en plomería y reparaciones eléctricas, salieron del anonimato artistas y artesanos, también, hay quienes se han especializado en opinología, politología y no faltan aquellos que adquirieron su doctorado en insutología digital; pero sin duda alguna, el rubro más demandado es el relacionado a las artes culinarias.

Así es, ahora encontramos cocineras y cocineros de toda laya y para todos los gustos, hecho que –no puedo negarlo- me llena de celos pues era mi campo de acción en el que tenía escasa competencia. Para superar esta situación personal, he decidido incursionar en el campo de las letras, dejando el monopolio del uso de los grafemas en la sopa de letras que aprendí de muy joven a preparar, para agruparlos en deliciosas recetas que evocan niñez y vida adobadas con la impactante e inverosímil actualidad que sazona nuestras existencias.

Para estrenar este espacio culinario me animé a compartir con ustedes una receta singular: sopa de Wallake. Para su preparación, las mujeres que habitan las zonas ribereñas del lago Titicaca, me enseñaron que se debe calcular entre 3 a 4 karachis por persona. Yo no sabía pero el karachi es un  pescado aurinegro y que según el biólogo francés Jacques-Yves Cousteau, es un animal que convivió con animales  del cretácico, eso me hace pensar la razón por la que recomiendan a este caldo para conservar la memoria.

Y es justamente la fragilidad de memoria la que me hizo antojar este plato pues, al despertar hoy, quedé estupefacto al ver en las redes sociales personas caer de hinojos elevando oraciones al creador para que en nuestro país los militares den golpe de estado. Eso es no tener memoria. Pese a que aún no tomé sopa de Wallake, todavía recuerdo, era el primer día de noviembre de 1979,  la hijita de unos vecinos había nacido recién y su mamá estaba muy delicada con complicaciones de posparto, el padre salió a comprar leche para la niña y fue acribillado por militares que habían decidido hacerse cargo de nuestro país. Mi nueva vecina creció huérfana, nadie reza por ella.

¿Se dan cuenta la urgencia que tengo de tomar Wallake?, me olvidé que escribía la receta. Volviendo a lo nuestro, además del pescado, para 4 porciones se necesita: 4 cucharas de ají amarillo molido, 8 papas medianas, 8 chuños remojados, 2 cebolla, 2 dientes de ajo molido, cuarta cucharilla de comino, sal a gusto, para darle su aroma y sabor particular una rama pequeña de khoa (arbusto resinoso y aromático que crece en las montañas altiplánicas de la cordillera de Los Andes) y para servir perejil picado.

Para preparar se pica finamente o ralla la cebolla, con un poco de aceite se la fríe durante unos 5 minutos conjuntamente el ajo, el ají amarillo y el comino, luego se incorporan 2 litros de agua y la rama de khoa para dejar hervir durante 15 minutos. En ollas aparte hacer cocer el chuño remojado y la papa pelada.

Mientras se espera, los cocineros actuales revisamos el celular, como lo estoy haciendo en este momento y, nuevamente en la pequeña pantalla se despliega la imagen de un rosario, y luego del iluminado que ofrece un sermón vespertino: “satán tiene la culpa” vocifera, “sólo la Biblia y la palabra de Dios nos salvará” señala con vehemencia “que los militares den golpe de Estado” concluye.

Ese comportamiento me hace pensar en el pasado que muchas personas han querido olvidar y que otras no han podido hacerlo. Oh no, nuevamente me distraje, debo dejar de usar tanto este dispositivo digital. Bueno, retornando al tema, después de la preparación haya hervido durante cuarto de hora, llega el momento de poner a cocer los karachis. Se los incorpora a la sopa y se tapa la olla dejando un espacio para que no se rebalse. Luego de otros 15 minutos se sirve el caldo, con  la papa y el  chuño, rociando perejil picado encima y acompañado con una deliciosa llajua de ají kasparado que les enseñaré a preparar cuando me la recuerde otro exabrupto social.