Sherzod Artikov / Uzbekistan

-¿Qué  le sucedió a tu pierna?

Como la puerta estaba entreabierta no me di cuenta que Nazokat había entrado en la habitación.

-A veces me duele muchísimo- arrugué mi frente masajeando mi rodilla izquierda. Nazokat cogió su bufanda negra, su traje burdeos y su bolso y los colgó en el armario. Hoy parecía más entusiasmada que ayer, su cansancio se había desvanecido y se notaba que ardía de ganas de comenzar la lección lo antes posible- ella se sentó inmediatamente al piano.

Beethoven estaría complacido conmigo, – dijo tomando la partitura en la mano y echandole un vistazo- Estoy tocando su sonata tanto aquí como en casa.

Me puse de pie tras doblar mis rodillas un par de veces.

– Queda poco tiempo para el concurso, debemos practicar.

Nazonat pasó los dedos por las teclas como una niña.

– Mirando la partitura, toco sin errores, pero cuando toco de corazón, comienzo a cometer errores, – dijo ella volviendo a mirar la partitura.

Después de un rato, el piano “Belarus” comenzó a sonar como ayer, la sonata dedicada a la niña llamada Elisa resonó en la habitación. Miré a Nazokat en silencio, ella estaba tratando de mirar la partitura. Mientras sus dedos recorrían suavemente las teclas, concentró su mente en tocar.

– Esta vez cometiste errores tres veces – le dije parado detrás de ella.

Nazokat me miró inquisitivamente. Le mostré los errores cometidos en la partitura.

– Será mejor que vayas al médico – dijo Nazokat mirando mi rodilla izquierda vagamente doblada por el dolor- puedo practicar sola aquí.

– No es necesario- dije acercandome a la ventana y mirando el viento afuera.

Entrené con Nazokat hasta la hora de almuerzo, la competencia tradicional que organizaba el Centro Cultural de la ciudad entre pianistas jóvenes se realizaría en poco más de dos días. Tuvimos que entrenar más debido a que teníamos poco tiempo.

– A veces quiero romper la partitura- me dijo Nazokat antes de sentarse cuando llegamos a un café cerca de la universidad – me molesta.

– Estas cometiendo errores sin ella, te das cuenta.

– Tú no cometes ningún error – continúo ella- yo también aprenderé.

Pedimos un par de tazas, era principios de octubre, hacía dos días que soplaba un fuerte viento, el clima se volvió muy frío. Tomar un café caliente era muy reconfortante en ese momento.¿

– Por qué elegiste a Beethoven para la competencia? – preguntó Nazokat bebiendo su café lentamente – si dependiera de mi, elegiría otro compositor.

– Beethoven compuso obras perfectamente adecuadas para este tipo de competencias – le contesté- esa es la razón .

– No solo Beethoven, también son adecuados para ser interpretados Chopin y Strauss -dijo pensativa- estoy cansada de tanta corrección.

Sintiendo dolor en la rodilla, comencé a masajearla nuevamente. Ella se quedó callada por un rato:

– Realmente deberías ir a un médico, no te niegues. Estudiaré sola.

– Finalmente me persuadiste – dije con una sonrisa imperceptible en mi rostro.

Nazokat estaba trabajando arduamente, incluso sudando un poco cuando regresé.

– ¿Son esos dolores consecuencias del accidente automovilístico? -Preguntó ella cuando me senté en el sillón frente a la ventana a fumar.

– Sí, me lastimé gravemente la pierna izquierda en el accidente, sufro dolores crónicos.

Nazokat tocaba la sonata de manera excelente día a día. Me encantó su interpretación que estuvo cerca de la perfección ese día. Pronto tuvo que marcharse. Antes de subir al taxi, miró hacia la ventana donde yo estaba fumando- nuestras miradas se encontraron momentáneamente. Avergonzado corrí la cortina y me alejé de la ventana arrojando la colilla en el cenicero.

Nazokat llamó a mi casa por la noche mientras yo leía las cartas de Beethoven traducidas al ruso

– ¿Cómo está tu pierna, se ha aliviado?- preguntó cuando contesté.

– Todavía tengo un poco de dolor – respondí con franqueza.

– Quiero pedirte algo. Puedo practicar en mi casa y así no tendré que ir a la tuya ¿puedo?

– Hazlo -respondí pensando que debía tener una buena razón para ello.

El día en que iba a concursar, me reuní con Nazokat frente al Centro Cultural. Su largo cabello que acariciaba sus hombros y bajaba hasta su cintura estaba recogido en un peinado moderno. Exteriormente, parecía alegre tratando de esbozar una sonrisa, pero aun así sus ojos se veían hundidos y cansados. Ella estaba acompañada por sus padres y su amiga del alma.

– ¿Cómo te sientes?- tenía una expresión de preocupación en su rostro. Como la rodilla me había dolido toda la noche me veía un poco patético. Ella continúo: -Te ves exhausto

– Vamos a la entrada – le dije y le informé que mi estado de salud era normal.

Nazokat me siguió, entramos al salón y los organizadores de la competencia nos recibieron calurosamente. El salón no estaba demasiado lleno. Había alrededor de un centenar de personas: la mayoría eran parientes de los participantes y jefes de los clubes, el resto eran amantes de la música clásica.

Asistían una veintena de participantes, luego de presentar a los jurados que calificarían las interpretaciones de los participantes una por una, comenzó la competencia. Conseguí un asiento en la primera fila donde se podía ver claramente el piano marrón en el centro del escenario.

Los primeros números eran mucho menos talentosos que Nazokat. Escuché con el corazón tranquilo a Chopin, Rachmaninov y Shotakovich: las notas se mezclaban en el aire. Otros concursantes estaban al mismo nivel que Nazokat.

Solo el noveno participante -un tipo alto- interpretó exitosamente una pieza musical de Schumann.

– Siguiente participante -Nazokat Akhmidova – anunció la mujer-

Pieza- “El vals de la lluvia”, compositor- AkmalRustanov.

Estaba asombrado, Nazokat apareció en el escenario, miró a su alrededor antes de sentarse al piano. Sus ojos se encontraron con los míos y tomó asiento poniendo su partitura musical en el taburete del piano y no en el atril de la música. Iba a tocar sin partitura.

No podía apartar mis ojos de ella y mis ojos formulaban una súplica: “ya es suficiente”. Sentí un dolor insoportable en el centro del pecho, en cada nota mi corazón latía mientras sonaba el vals. Todo el salón escuchaba serenamente, solo yo estaba luchando con mis recuerdos mientras me embargaban emociones que mostraban amargura en mi rostro. Nazokat estaba interpretando la música que yo había compuesto antes del accidente automovilístico que había arruinado toda mi vida. Esa tragedia que había vuelto mi vida miserable y casi insoportable. Tal vez por esa razón solo ejecuté tres veces esa pieza y luego quise olvidarla sepultándola por años en una carpeta.

El Vals terminó y fui detrás del escenario donde Nazokat estaba escuchando la actuación del próximo participante.

– Aquí están tus cosas -me dijo entregándome la partitura musical.

– ¿Por qué lo hiciste? – Pregunté arrugando la partitura.

– Nazokat permaneció escuchando por un rato la rapsodia de Lizt y luego respondió:

– Porque está maravillosamente escrita y era lo que mi corazón deseaba interpretar…

Caminé con ella de regreso tomándola de la axila. Todos los concursantes se habían reunido tras terminar sus interpretaciones y llegó el momento de anunciar la decisión del jurado. Después de una larga discusión, el panel de jueces encontró que el chico alto que había interpretado la obra de Schumann lo había hecho a la perfección y le otorgaron el primer premio. Nazokat ocupó el segundo lugar, sus padres y amigos la felicitaron.

Después del final de la competencia, los organizadores preguntaron mi valoración y mis sentimientos. Salí después de un breve intercambio de ideas.

Al ver que me marchaba, Nazokat corrió hacia mí:

– ¿Estás molesto? – preguntó parándose frente a mi.

– ¿Debería estar dichoso?- respondí evitando mirarla- En primer lugar abriste viejas heridas y en segundo lugar hubieras ganado si hubieras tocado la sonata de Beethoven que preparaste.

– Te dije – suspiró profundamente- que estoy cansada de tanta rigidez. ¿Hasta cuando se tocará solo música de Beethoven o Chopin?. Tú también has compuesto buenas obras.

No queriendo continuar con la conversación, salí. El viento soplaba fuerte afuera: las hojas amarillentas se arremolinaban, subían hasta el cielo y luego caían al suelo cambiando de posición.

– La colisión fue una desgracia- dijo siguiéndome – El accidente no fue tu culpa. No te culpes por la muerte de tu esposa . Apenas has cumplido los 30 años y te has enterrado en vida. Encontré el archivo en tu escritorio y lo abrí, tiene fabulosas sonatas y valses, honestamente.

– Estaba sujetando con fuerza el volante -le grité- Escucháme… mis manos estaban en el volante mientras en mi mente estaba componiendo este maldito “Vals de la lluvia” y entonces hice una maniobra equivocada.

Nazokat lloró y quiso acercarse a mí, pero la detuve con un gesto de mi mano.

– Las hojas están crepitantes y se arremolinan. No te quedes en este viento. Tus padres te siguieron a ti y a tu compañero de bendición . Comparte con ellos tu logro. Ve!

Nazokat no se movió ni un paso y yo me alejé acercándome a la parada del autobús. Sin embargo no pude soportar la espera y detuve un taxi que me recogió del lugar donde estaba enfrentando mi pasado. No había necesidad de volver a casa, fui a dar un paseo por la plaza donde había una bandada de palomas. Permanecí un tiempo en medio de ellas y finalmente decidí volver a mi lugar de trabajo. Ese día no daría lecciones porque tenía el día libre. Solo quería esconderme y tocar el piano. Subiendo las escaleras, me sorprendí al encontrar a Nazokat esperándome en la puerta.

      – ¿Siempre te aparecerás así?- le dije apoyándome en la pared.

– Para siempre…

Biografía

Sherzod Artikov nació en 1985 en la ciudad de Marghilan, Uzbekistan. Se graduó del Instituto Politécnico de Ferghana en el año 2005. Sus trabajos son publicados de manera recurrente en la prensa nacional. Su primer libro de narrativa “Sinfonía de Otoño” fue publicado en el 2020.

Fue uno de los ganadores del premio nacional de literatura “Mi Perla Regional” en la categoría prosa. Publicó en revistas electrónicas de Rusia y Ucrania como “Camerton”, “Topos” y “Autográfo”. Así mismo, sus historias han sido publicadas en revistas y páginas electrónicas de Kazajastan, USA, Serbia, Montenegro, Turquía, Bangladesh, Pakistan, Egipto, Eslovenia, Alemania, Grecia, China, Perú, Arabia Saudita, México, Argentina, España, Italia, Bolivia, Costa Rica, Rumania y la India.

Traductor: Dimarys Aguila – Cuba