Urge la unidad

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Hace unos días leí esta cita de Benito Pérez Galdós: ¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?; sin embargo, después de ver las redes sociales, los noticieros y las actitudes de nuestros políticos, incluyendo uno que está fuera del juego, creo que no aplica para Bolivia. Me explico: acabo de ver un spot de los candidatos a las elecciones presidenciales de 2019 en Uruguay, todos unidos en un solo mensaje contra el COVID-19, todos unidos en la lucha por la sobrevivencia, apoyando un objetivo: la salud del pueblo uruguayo. Los nuestros se preocupan de la salud de las encuestas.

Estoy de acuerdo que debemos comprender que muchos de nuestros hermanos viven al día y necesitan salir a la calle a vender, que para muchos de los que viven en la pobreza este virus es otra enfermedad de las tantas que los matan cada día, que hay gente que sigue creyendo en teorías de la conspiración (recuerdo que cuando era joven y quería irme a las montañas con un fusil en la mano creía que hasta los terremotos eran producidos por el imperialismo yanqui), que hay sujetos que lo único que quieren es joder a los demás porque ese día amanecieron enojados contra el mundo, que hay otros que creen que la sociedad les debe todo y no les ha dado nada, que los que en estos 14 años se despilfarraron dinero en tonteras ahora vienen a dar recetas mágicas, Cuba no tiene la vacuna, allá también hay muertos, los famosos médicos cubanos no son expertos en epidemias, no niego la importancia de la medicina cubana, pero afirmar que son la solución para nuestro país es demagogia e irresponsable. En 14 años no construyeron una sala de cuarentena en ningún hospital nacional, ahora no critiquen y se hagan los capos, tampoco vayan a jugar fútbol a sus canchas sintéticas, es peligroso.

Es cierto que hay muchos motivos para quejarse, para odiar al prójimo, para protestar, yo mismo lo hice con toda mi bronca cuando vi que hay individuos que se oponen a que nuestros hospitales reciban a los enfermos del virus. Me enojé y no lo niego.

También es cierto que, muchos de los que hablan en nombre de los desposeídos, lo hacen desde la comodidad de sus hogares y no los he visto decir que pueden compartir un plato de comida o que pueden ayudar al vecino. La solidaridad es o no es. Es fácil hablar a nombre de los pobres, lo difícil es actuar por ellos y a veces creo que lo hacemos por tapar nuestra conciencia pequeño burguesa. Siempre habrá motivos, eso no debe preocuparnos, lo que debe ocuparnos (no PREocuparnos) es el presente.

Lo peligroso, además del virus, es que, ante nuestra incapacidad de ayudarnos nosotros mismos a sobrevivir, estemos alentando, promoviendo y “justificando” ESTADOS DE SITIO. Eso es peligroso, sencillamente porque con los militares en la calle nos arriesgamos a mayores abusos, ellos están entrenados para la violencia, no esperemos que nos reprendan con una amonestación cristiana. Cuidado que los militares no son los salvadores de nada.

Urge que los políticos se unan por esta vez, no importa que cuando pase el peligro vuelvan a sacarse los ojos, háganlo por nosotros, por sus hijos, por ustedes mismos. No se den la mano porque es arriesgado, dense el codo o un saludo levantando la mano o las cejas, no importa, lo importante es el mensaje, especialmente se lo digo a aquel y aquellos que creen que solamente ellos tienen la razón, que esperan que los otros hagan algo para oponerse. Ahora es cuando debemos mostrar solidaridad con los demás, que se unan y busquen soluciones. Yo propongo una: estoy dispuesto a dar la mitad de mi sueldo de docente de la UTEPSA a un fondo para aquellas personas que viven de vender en la calle y que se están perjudicando, que el gobierno vea como canaliza estos fondos para que sean manejados con honestidad.