Christian Jiménez Kanahuaty
Las crisis políticas construyen escenarios de creatividad o de disolución del orden establecido y por ello es determinante verificar hacia dónde se inclina la construcción de la hegemonía, porque no en todos los casos, la hegemonía se sostiene sobre los hombros de sujetos sociales o políticos. Ocurre en ocasiones que la hegemonía responde a un espíritu de época o que interpela el modo en que se organiza y estructura la política.
En ese sentido las acciones de las organizaciones sociales que en ocasiones se sienten como una victoria termina siendo pírrica porque no se ordenan dentro del esquema de su propia identidad, sino que dan oxigeno a la estructura de poder que pretenden desmantelar o criticar. Esto quiere decir que las organizaciones que en principio se colocan como reaccionarías a una forma de gobierno, se tornan consoliadoras y activamente respaldan la función del poder. Las organizaciones en ese sentido, se vuelven funcionales y se postulan en dos dimensiones de acción.
La primera de cara a su propia historia y formación ideológica y en segundo término en orden a un sentido de acoplamiento con el poder.
Se deslegitima la identidad corporativa en beneficio de un orden estatal que en poco o nada los beneficia, aunque sí les da margen de acción para deliberar desde las calles. Lo cual no es poco teniendo en cuenta el débil andamiaje que la democracia demuestra tener al momento de afrontar el conflicto social.
En ese orden, lo que impera en este momento es una construcción nueva de un viejo proceso de hace 20 años. Un orden que responde a un modo de entender el Estado como una sociedad de organizaciones sociales que ingresan o se alejan del gobierno según la agenda política en curso. Esto es la razón plurinacional como subsuelo político. Esto es la razón plurinacional como identidad política que permite a obreros y campesinos actúan dentro de un mismo esquema demostrando de lejos unidad, pero de cerca, lo que se encuentra es una jerarquía en cuanto a las organizaciones y sus roles sociales y el modo en que se representan frente a la sociedad civil y en los medios y redes de comunicación.
Si el esquema de poder de la razón plurinacional no se desmorona es porque también el presente gobierno la necesita para sobrevivir porque ahora sí logró entender que debe gobernar con las organizaciones sociales desde el poder constituido, a pesar de que las organizaciones sociales funcionan desde las calles todavía como un poder constituyente.
Por otro lado, esto tiene que ver con la posibilidad de entender que aún el Estado boliviano se encuentra en transición, y es que hay un proceso general de transición que se encuentra guiada por la nueva presidencia y su plan económico, pero ésa transición entraña otras: por ejemplo, la transición de identidad corporativa de la Central Obrera Boliviana o de las federaciones campesinas de tierras altas, la otra transición es la noción de progreso, acumulación e inversión del empresariado boliviano que sucede al calor de la subida al salario mínimo nacional, y otra transición se cuenta en el imaginario de la sociedad en relación al gobierno, a los movimientos sociales y hacia el modelo de gestión de los conflictos.
Estas tres transiciones a groso modo demarcan el mapa sobre el cual el gobierno se desliza de plan en plan. Y su ejecución ya no depende tanto de la ingeniería constitucional, sino de la oportunidad, del azar y de la improvisación al momento de resolver las crisis internas entre ejecutivo y legislativo o las crisis externas con los sectores sociales. Pero la improvisación no tiene por qué ser mala en esencia, sino que atraviesa también su propia concepción de lo que significa gobernar y gestionar la política y la economía. Ambas situaciones hasta el pasado conflicto para abrogar el Decreto Supremo 5503 han sido entendidas como una y misma cosa, de ahora en adelante, los operadores políticos del gobierno tendrán que observar que la gestionar la economía no es lo mismo ni es igual a gestionar la economía.
La razón plurinacional operó esta dimensión bajo la matriz del Buen vivir. El Buen vivir, permitía entender ambas dimensiones como una sola. Pero toda vez que el Buen vivir fui sustituido y olvidado como modelo de desarrollo, se ha vuelto a dividir esa condición de la gobernanza. Aunque la diferencia radica en que para las organizaciones sociales, los 20 años del gobierno del MAS no fueron en vano porque reorganizaron sus agenda interna y su identidad. Ellos, de alguna manera, entienden mejor los tiempos de la política que el gobierno, y logran visualizar que la política económica y la gestión de la política, pasa por la consolidación de un marco conceptual que organice la reproducción de las condiciones sociales de producción.
En definitiva, las organizaciones obtienen esta victoria pírrica porque estando en una crisis de identidad consolidan la estructura de dominación gubernamental y se vuelven funcionales al gobierno; pero el gobierno, también envuelto de un manto de opacidad (oscuridad teórica, improvisación política y reorganización de sus principios, traicionando sus principios), cae en una crisis sobre su fisonomía dado que demuestra estar todavía jugando sobre el terreno de la razón plurinacional, siendo incapaz por ello de identificar las transiciones que pesan sobre su dinámica de gestión.
Siendo así, es fácil comprender que el gobierno y los sectores sientan la abrogación del Decreto Supremo 5503 como una victoria. Cada cual tiene algo de lo que sentirse orgulloso, cuando en definitiva, ni unos ni otros alcanzaron sus verdaderos objetivos. Y por ello los discursos de manifestaron en torno a la unidad, la pacificación y la orden social. El tema de fondo sigue latente. Lo económico volverá a ser tema de conflicto porque es el modelo de acumulación el que no ha sido cuestionado. Y no es el modo en que el gobierno construye políticas públicas lo que no fue criticado con suficiente claridad ni profundidad. El gobierno sigue construyendo Estado, desde arriba, y la planificación y la proyección recae aún en espacios donde no existe participación ciudadana organizada.