Blog Post

News > Carlos Decker-Molina > Suecia y Bolivia: una relación positiva

Suecia y Bolivia: una relación positiva

Carlos Decker-Molina

Marco histórico

La relación entre Suecia y Bolivia tiene casi un siglo de recorrido. Los vínculos diplomáticos se establecieron formalmente en 1931 y, tras años de representación no residente, en 1964 ambas naciones elevaron su relación al rango de embajadas.

Durante las décadas siguientes, Suecia fue consolidando una presencia activa en Bolivia, principalmente a través de programas de cooperación técnica. Hubo momentos de tensión, sobre todo durante la dictadura de Hugo Banzer, cuando Suecia recibió a miles de refugiados políticos bolivianos que llegaban desde Chile. Más tarde, tras el golpe de García Meza en 1980, el país escandinavo volvió a abrir sus puertas a perseguidos políticos. Hoy viven en Suecia cientos de bolivianos y ya existen al menos dos generaciones de sueco-bolivianos plenamente integrados.

Desde los años noventa se instauró una política sistemática de ayuda al desarrollo. En 1995 se abrió en La Paz una oficina sueca dedicada a la cooperación, que en 2010 recuperó el rango de embajada. A lo largo de este período, la relación bilateral se caracterizó menos por el comercio y más por una agenda basada en valores: democracia, derechos humanos y medio ambiente.

Cooperación en tres ejes

La cooperación sueca con Bolivia se estructuró históricamente en torno a tres grandes ejes.

El primero fue el apoyo a la democracia y al Estado de derecho. Suecia financió programas para fortalecer instituciones públicas, mejorar el acceso a la justicia y respaldar a organizaciones de la sociedad civil.

El segundo eje se centró en la igualdad de género, con énfasis en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y en el empoderamiento femenino.

El tercero fue el medio ambiente. A través de ASDI y otras agencias, Suecia impulsó proyectos de manejo sostenible de recursos naturales, protección de la biodiversidad y adaptación al cambio climático.

Estos tres pilares convirtieron a Suecia en uno de los socios más estables de Bolivia en materia de desarrollo humano e institucional, más allá de los vaivenes políticos internos.

El repliegue

Esa larga etapa comenzó a cambiar en la década de 2020. El nuevo contexto geopolítico europeo, marcado por la guerra en Ucrania y por un giro interno de la política sueca hacia prioridades más cercanas, llevó a una revisión de su ayuda internacional.

En 2025 el gobierno sueco anunció la reducción y cierre gradual de varios programas de cooperación en América Latina, incluida Bolivia. Con ello se cierra un ciclo de más de treinta años de presencia activa. Queda como herencia una amplia red de iniciativas civiles, ambientales y de derechos humanos que difícilmente habrían existido sin ese respaldo.

¿Qué hacer ahora?

Ante este escenario, Bolivia debería evaluar con cuidado cualquier intento de debilitar su presencia diplomática en Estocolmo. Suecia posee un valioso know-how en áreas claves: gestión ambiental, reciclaje, industrialización de residuos, manejo forestal y transporte sostenible. Experiencias como la transformación de basura en energía podrían ser de enorme utilidad para un país que aún no logra enfrentar adecuadamente ese problema.

El ámbito cultural es otra oportunidad. Numerosos periodistas bolivianos asistieron a cursos especializados en Suecia. El país cuenta con la ley de libertad de prensa más antigua del mundo y un sólido sistema de autorregulación.

Un intercambio más intenso en literatura, música, teatro y traducciones al sueco abriría nuevas puertas. También el turismo, muy apreciado por los suecos, es un campo por explorar.

La diplomacia no debe reducirse a afinidades ideológicas coyunturales. Restablecer relaciones con Israel, por ejemplo, es una decisión válida: Las relaciones son entre Estados y no entre gobiernos. La amistad diplomática no es servidumbre, sino diálogo, cooperación y capacidad de crítica. Así como se pudo haber criticado a Netanyahu se podrá criticar al gobierno amigo de Estocolmo, si el caso amerita.

Suecia y Bolivia han construido una relación positiva y fructífera. Mantenerla viva, adaptada a los nuevos tiempos, es una tarea que vale la pena.

error

Te gusta lo que ves?, suscribete a nuestras redes para mantenerte siempre informado

YouTube
Instagram
WhatsApp
Verificado por MonsterInsights