Sin claras respuestas a los problemas mundiales

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A nivel planetario se comparten preocupaciones sobre la emergencia climática, la lucha contra la desigualdad, la pobreza, la movilidad y crisis humanitaria, entre otras. Sin embargo, existen reclamos y frustraciones de la humanidad por la falta de respuesta y anticipación de los líderes mundiales ante la aceleración de los cambios globales con menos costos políticos, bélicos, sociales y medioambientales. Además, existen datos que indican que el planeta avanza a distintas velocidades y que hay retrocesos en diferentes frentes.

En base a la reflexión del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB) editada por Eduard Soler, algunos de los temas que preocupan son los que siguen. Sobre la recuperación económica, mencionan que hay países, territorios, sectores económicos y grupos sociales que entrarán en una fase de bonanza y optimismo, mientras que otros seguirán instalados en una depresión social, económica y anímica. Las brechas entre países, presentan depreciaciones monetarias, tensiones geopolíticas y malestares sociales.

En cuanto a las tensiones geopolíticas, la relación entre Estados Unidos y China se ha consolidado como la rivalidad estructurante del sistema internacional y el indopacífico como el centro de gravedad geopolítica. La guerra en Ucrania con Rusia, la difícil relación con Turquía, el desgarro de Líbano, la fragilísima transición en Libia, la tensión creciente entre Marruecos y Argelia y las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, tienen un fuerte impacto en las económicas a escala global.

En relación al alza de precios, el temor a que la espiral inflacionista o episodios de escasez, se sitúan en lo más alto de la agenda económica, política y social. Aunque la preocupación por los precios será compartida en todo el mundo, los términos de la discusión son muy distintos.

La salud, pandemia y vacunación, plantean que el éxito o fracaso en materia de inmunización, o en la aparición o no de tratamientos efectivos contra la COVID-19 determinarán las perspectivas de recuperación económica y anímica. El temor a enfermar compartirá protagonismo con otros miedos como la escasez y la disrupción de las cadenas de suministros. Esto se añade a la angustia climática, el descontento social o la obsolescencia de determinados tipos de trabajo. Este sentimiento va codo a codo con la desconfianza y se alimenta de una aprensión legítima a quedar atrás. El uso político del miedo, refuerza la desconfianza hacia el otro, alimentando discursos del odio, teorías de la conspiración y el pensamiento reaccionario.

Sobre los Liderazgos la atención se centra en las elecciones en las que gobernantes populistas como Orbán en Hungría o Bolsonaro en Brasil se enfrentarán a una oposición fortalecida. El populismo también se presentará en las elecciones de medio término en Estados Unidos y si Trump volviera a presentarse a las elecciones de 2024. En cuanto a los liderazgos europeos, están las elecciones en Francia y en el funcionamiento del motor franco-alemán. Otro hito es el 20 congreso del Partido Comunista Chino en octubre. Xi Jinping aspira a consolidar el control y la dirección del partido con un tercer mandato, rompiendo con el sistema de alternancia del poder introducido por Xiaoping.

Una novedad es que las políticas de innovación cuentan con crédito social y recursos disponibles, pero no se sabe si estas soluciones tienen una aplicación universal o ahondan los procesos de fragmentación planetaria.

La tendencia de la movilidad indica que los desplazados forzosos podrían alcanzar los 100 millones en los próximos dos o tres años. En cuestión de inmigración, una de las paradojas es que a la vez que prosiguen los procesos de fronterización –con muros físicos o burocráticos– algunas economías abrirán canales para atraer profesionales en sectores estratégicos.

En relación con la emergencia climática, el desafío ambiental es la justicia climática, entre los países industrializados y el sur global. Se insistirá en la necesidad de promover una transición justa, que no agrave las desigualdades internas y compense los costes de los sectores, territorios o individuos que salen perdiendo con la transición verde.

Uno de los retos es demostrar que con la pandemia se ha aprendido sobre cómo se deben afrontar retos que no admiten soluciones nacionales. Esto aplica a la emergencia climática y a los otros temas. El principal riesgo es que, ante la necesidad de una respuesta colectiva, las percepciones e intereses difieran lo suficiente como para impedir una respuesta para toda la humanidad.