Márcia Batista Ramos

“No es asunto mío pensar en mí. Asunto mío es pensar en Dios. Es cosa de Dios pensar en mí.” 
Simone Weil

 Simone Weil (París, 3 de febrero de 1909 – Ashford, 24 de agosto de 1943) fue filósofa, activista política, mística, francesa con ascendencia judía; también fue sindicalista comprometida con la causa de la clase obrera, prolífica autora de una obra que se publicó póstumamente, editada por sus amigos. Desde su muerte su escritura nos ha regalado muchos textos inéditos. La escritora se dedicó a la insobornable búsqueda de la verdad. Sus palabras apaciguan la angustia de una época, como la nuestra, oscurecida por la desesperanza y la duda.

Como mística, Simone Weil dejó escrito que experimentó la cercanía de Cristo en la abadía benedictina de Solesmes. Estuvo rezando a solas en el mismo lugar donde lo había hecho San Francisco, “il poverello di Dio”, en la capilla románica del siglo XII de Santa Maria degli Angeli, allí experimentó un trance interior y registró: “algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a ponerme de rodillas”. A partir de esta experiencia mística, ella se consideró “tomada por Dios”. Siempre sintió fascinación por San Francisco de Asís y por la doctrina estoica del amor fati, que incita a aceptar el destino con serenidad, independientemente, de cualquier adversidad y escribió: “Sé por experiencia que la virtud estoica y la cristiana son una sola y misma virtud”. Tenía el hábito de rezar el Padrenuestro a diario, a veces, mientras rezaba sentía: “Cristo en persona está presente, pero con una presencia infinitamente más real, más punzante, más clara y más llena de amor que aquella primera vez en que se apoderó de mí”. Decía sobre El Padrenuestro: Esta oración contiene todas las peticiones posibles; no puede concebirse oración que no esté contenida en ella. El Padrenuestro es a la oración lo que Cristo es a la humanidad. No cabe pronunciarla con atención plena en cada palabra sin que un cambio, quizás infinitesimal pero real, se opere en el alma”.

Sirvió en Aragón como voluntaria de las brigadas de Buenaventura Durruti, la experiencia no fue positiva causando un fuerte desengaño político, en la joven idealista. Después de ver el fusilamiento de un joven falangista, escribió en su diario: “Los nuestros han vertido sangre de sobra. Soy moralmente cómplice. Se están produciendo formas de control y casos de inhumanidad absolutamente contrarios al ideal libertario”. Posteriormente, conoció la realidad de la Unión Soviética, supo que era una dictadura burocrática, sin derechos humanos, fue entonces que admitió que se había equivocado y que la liberación de la clase trabajadora no se produciría mediante la violencia revolucionaria.

El acercamiento a la mística católica ahondó en Simone Weil, su solidaridad con el proletariado, toda vez que la filósofa entendió el cristianismo como la religión de los despreciados y oprimidos. Por un tiempo, trabajó como operaria en la fábrica Renault, no por necesidad, sino por solidaridad: deseaba pensar con las manos y bañarme en la espiritualidad del trabajo”. Fue en esa etapa que entendió como una “revelación”, su comprensión sobre la magnitud del sufrimiento en el mundo y registró: “Estando en la fábrica, confundida a los ojos de todos, incluso a mis propios ojos, con la masa anónima, la desdicha de los otros entró en mi carne y en mi alma”.

Su salud era muy delicada, el trabajo en la fábrica la debilitó mucho, entonces viajó a Portugal para restablecerse y casualmente, contempló una procesión a la orilla del mar, donde las mujeres de los pescadores desfilaban junto a las barcas, con cirios en las manos, entonando canticos melancólicos. En esa ocasión Simone Weil registró: “Allí tuve de repente la certeza de que el cristianismo era por excelencia la religión de los esclavos, de que los esclavos no podían dejar de adherirse a ella, y yo entre ellos”.

 El sentimiento de fraternidad con todos lo que sufren se exacerbó durante la ocupación nazista de Francia. Ella estaba en Estados Unidos con sus padres y regresó porque sentía que debía participar en el sufrimiento de sus compatriotas, compartir la escasez que soportaban y todas las vicisitudes. Entonces, fue voluntaria en la resistencia francesa, trabajaba como redactora en los servicios de Francia Libre, liderada por el general Charles de Gaulle, en esa época ella impuso a sí misma restricciones en la comida que afectaron de sobremanera a su precaria salud.

Consiente de los males que afectan a la mayoría de las personas en el planeta, Simone Weil escribe en una carta al periodista y escritor Maurice Schumann: “la desdicha extendida sobre la superficie del globo terrestre me obsesiona y abruma”. Para aliviar esa carga ella encontró una única respuesta: “participar en el peligro y el sufrimiento” y “hay que amar a la verdad más que a la vida”.

Simone Weil, afirmaba que el encuentro con lo divino es real y escribió: Mi corazón ha sido transportado para siempre, así lo espero, al sacramento expuesto sobre el altar”. También, aseveraba que: “Amo a Dios, a Cristo y a la fe católica. (…) Amo a los santos a través de sus textos y de los escritos relativos a sus vidas. (…) Amo la liturgia, los cánticos, la arquitectura, los ritos y las ceremonias católicas. Pero no siento en modo alguno amor por la Iglesia propiamente dicha, al margen de su relación con todas esas cosas a las que amo”.Ella fue crítica con la Iglesia Católica, que en varias ocasiones se apartó de las enseñanzas evangélicas, utilizando la violencia para combatir otros credos o acallar las voces disidentes. Asimismo, entendió que no debía renunciar a su búsqueda de infinito por los errores temporales del ser humano finito. Al tiempo que, no se atribuyó ningún mérito: “Todo viene de la gracia de Dios”.

Segura de su experiencia mística, escribió: “Es preciso sentir la realidad y la presencia de Dios a través de todas las cosas exteriores sin excepción, tan claramente como la mano siente la consistencia del papel a través del palillero y de la pluma”. Así fue que,por su amor al Redentor, Simone Weil, se hermanó a todos los que sufren.