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Seguimos buscando Utopía

Maurizio Bagatin

Mañana será diciembre. Esta semana me llegaron buenos libros de Italia, regalos de amigos y cómplices, todos gozando del morbo de Gutenberg; en este clima propicio leer queda la fórmula mágica del tiempo y del espacio. Acompaña y suelta la imaginación, la fantasía y concilia la racionalidad necesaria a la sobrevivencia.

Ayer entré en una iglesia con sabor a pueblo, San Juan de Dios emana aun esta aura de un tiempo que fue -coro, barítono, órgano y violín- me encontré en Arani y en Tarata como también en Corridonia, en Mitla y en Cayambe, en todos estos lugares lejanos y hoy así tan cerca. Un don efímero y temporáneo de la ubicuidad, estar en el pasado y en el presente al mismo tiempo.

He ido leyendo el don que está en los libros, y también he logrado viajar con sus autores. Paolo Rumiz hace años que me acompaña mientras yo lo acompaño en sus viajes. Al oriente europeo, en su personal mitteleuropa, a lo largo de la Regina Viarum, la antigua Via Appia, recordando el fascismo que nunca ha muerto y a nuestro héroe Garibaldi. Pasionario y bien ilustrado, viaja, escribe y comparte. Dos de libros son lecturas sobre el fútbol, pathos y epos de nuestra juventud, cruz y delicia de nuestros días; uno de los ellos, Balkan Football Club, recorre el Danubio y el Drina, sin Claudio Magris y sin Ivo Andric, mientras el otro “reconoce” que la Historia puede ser deconstruida también a través de un juego, del balompié.

Seguimos buscando Utopía, mientras la lectura nos guía. Van apareciendo Barataria y Babilonia, Fontamara y Tocaia Grande. Todas las ciudades visibles, todas las ciudades invisibles y las imaginarias.

Un libro, Sudari de Paola Caridi merece todo el silencio y el grito de los hombres. Se vive sin realmente ser vivos, sin saber realmente que ocurre en el mundo; una poesía de T.S. Eliot: “¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas se extienden en estos pétreos escombros?”. Los sudarios de Gaza ocultan los cuerpos a los ojos del mundo. Todo tremendo, todo verdadero, todo real.

Pier Paolo Pasolini como “un pensador encarnado, es decir alguien que piensa comprometido con la circunstancia de su humanidad”, son palabras de Roberto Prada, amigo poeta y filosofo que ya entendió desde el título, Pasolini un pensiero incarnato, el sentido que los autores desean darle a su lectura del pensamiento pasoliniano: una “lucha intestina” entre poiseis y philosophia. El escritor, el poeta, el director de cine y el ensayista, el artista siempre polémico y desnudo frente al mundo, siempre en la búsqueda de una Utopía humana: “Entre los dos mundos, la tregua en la que no somos”.

Hay entre los libros una revista de il manifesto, diario con el cual debo reconocer que crecí y me fui formando, sobre todo gracias a sus grandes editorialistas de aquel entonces, Luigi Pintor, Rossana Rossanda, Valentino Parlato y Luciana Castellina. Y se trata justamente de un numero dedicado enteramente a uno de ellos, a Luigi Pintor a los cien años de su nacimiento. De él leí casi todo porque tenía un don fantástico, en dos páginas sabia resumir cualquier tema, en su escritura destilaba lo esencial con corazón, lucidez y pasión. Servabo queda uno de sus libros más “camusiano”, yo que sigo citando de vez en cuando frases, párrafos enteros que voy extrayendo de sus posteriores libros, La signora Kirchgessner, I luoghi del delitto y sobre todo Il nespolo. Durante muchos años fue un ritual esperar el martes para poder leer su editorial, que llegaba como un bálsamo para nosotros, entonces obreros.

Seguimos buscando Utopía. Son las lecturas que nos mantienen vivos. Aparecen Liliput y Pandemónium, Atlántida y Tlön, Anarres y Dite. La literatura es el don, y su “manera de representación”, a veces con sus hipérboles, a veces con sus parábolas, nos desafía, nos inspira, nos desahucia. Seguimos escribiendo y seguimos leyendo.

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