Se agota el inventario

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¿Qué escribir sobre Evo Morales y Cia.? Son tan básicos que hemos exprimido todo. Sale lodo, a raudales, como torrentera de la cordillera, pero nada más. Si queremos indagar las profundidades del fenómeno masista resulta que es de gloriosa superficialidad. Un tema como el del indio en la sociedad boliviana ha sido conducido a un sitio trivial y superfluo. Ha dejado de importar. El comercio rige los destinos del país; el comercio y el estupro. Diseccionémoslo y no hay nada, gruesa piel de cerdo, retórica insalvable de la inteligentsia del régimen, vanidad y baño público.

Cada día se complica escribir al respecto. Cualquier arista, perspectiva por dónde se mire, guarda lo mismo: droga, alcohol, robo, violación, onanismo, abuso sexual, desnudez alcohólica, chinos. Si da para escribir un libro sobre los engaños de la “política” o el arte de hacerse con el poder sin tener nada. La osadía del imbécil, la permanente del marica. Pelucones y amanerados, el socialismo a la boliviana. August Bebel, Engels y Marx se agitan porque mearon sobre sus tumbas. Ernesto Guevara se pregunta ¿y por esto me maté? Solo el buen hombre, Mujica, dudosa bonhomía la suya de sobreviviente, agita sus blandengues bofes de viejo para proteger al “hermano” Evo. Con hermanos así se acaba la humanidad. Con Evo y Mujica, las dos caras de la misma medalla, Jano bifronte y poluto.

Leo sobre Mongolia, la Cuba de Oriente, y cómo cayó en el hambre cuando salieron los rusos. Gorbachev trajo el hambre, los desheredados, los huérfanos. Entonces ese era el socialismo, ciertos patrones repartiendo migajas mientras ellos viven en el jet set. El pueblo como rebaño. No significa que el capitalismo sea mejor, que también engaño es pero de mayor sofisticación. Sofisticación es lo que no tiene el títere Morales, títere de la mafia internacional. Más le valiera ser el rey desnudo con traje transparente de la fábula. Juega al dandy elegante siendo torpe, al administrador incansable siendo idiota. Para lucrar son buenos; tal vez característica nacional, como la mítica de judíos, armenios y azeris. Fácil es, pero, lucrar teniendo la sartén por el mango, no vale. Con coacción, no vale.
Nunca fuimos un país poético pero nos mimetizábamos de algún modo. Morales ha destapado la cruda realidad de lo que somos: jamelgos que corren detrás de los autitos del Dakar. Linchadores de marca; expertos secadores de pasta base; nuevos ricos todavía limpiándose el culo con piedras  de río.

No les gusta mi verbo. Me aconsejan, amenazan, comentan, opinan. Tirifilos con lengua babeante de secar nalgas sudorosas se creen con derecho a hablar careciendo de abecedario. Oclocracia, dominio de la hez, el lumpen del lumpen. ¿Dónde el socialismo? Cualquier maleante ahora es Vladimiro Ilich, ya repugnante en sí pero capaz. Aquí solo repugnantes, muladares, misas negras de las que incluso escapa el diablo.

Triste que un país espectacular como Bolivia sea ahora feudo de un patán y de su amante. De nada sirve compararlo con otros gorilas de antes. Tristeza de siempre haber pertenecido a delincuentes, de estos, los peores estos hoy. Nada ha de cambiar. Los intelectuales sirven de urracas parlanchinas, no hay valor. Algunos pertenecen a las huestes estupidizadas y van con el ciclo, anhelando la oportunidad de echar mano a la piñata. Rimbombantes se ofrecen a diputaciones de una elección trucha, malsana, pendenciera. El tiempo dirá, aunque el fatídico Choquehuanca, ñusta aymara, volcó el reloj para despistarlo. Contemplamos el cénit del crimen. En apariencia todo marcha y se eterniza. Habrá que ver, a pesar de que vengo repitiéndolo diez años. Tal vez mejor callarse, que la propaganda alimenta a los puercos. George Orwell dio lecciones que aún sirven. Espera, aguarda…