Realidades confrontadas: Mesa, Bolsonaro, Iturri, Los Kjarkas y la violencia.

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De: Rodrigo Villegas R / Para Inmediaciones

I

Dos imágenes: la primera, la de un concierto vacío, o por lo menos con menos público del que se acostumbra – apenas se cubre la mitad de las graderías centrales, las habitualmente más concurridas –; la segunda, la del Teatro al Aire Libre repleto, casi lleno, como cada concierto del conjunto folklórico. ¿Cuál es la imagen real?

 II

Fake News. ¿Qué es la realidad? ¿Podemos creer en una imagen, un video, un audio? Es decir, deberíamos, ¿no? Deberían ser pruebas contundentes, registros de un acontecimiento original. Pero no. En lo que vamos del siglo hemos visto ya una cantidad interesante de imágenes, audios y audiovisuales retocados, falseados y/o exagerados o disminuidos. La facilidad de contar con aplicaciones y otras armas digitales permiten que cualquier “información” deje de serla, sino que se convierta en un mecanismo de difusión de especulación y descontrol público. Porque sí, muchas de estas alteraciones son consideradas como “realidades”, más aún concentradas con los odios y resentimientos que llegamos a albergar, y se convierten en opinión pública en muchos casos. Estamos en un limbo. Más aún porque una de nuestras principales fuentes de información de hoy es Facebook, intenso reproductor de Fake News.

Pero bueno, esto no es nada nuevo, ¿no? Digo, a esta altura todos sabemos lo que es una Fake New y todo lo que implica. Mas seguimos cayendo en ella. Una muestra clara es la del concierto de los Kjarkas de la pasada semana.

Se filtró una fotografía, supuestamente tomada por un  vecino de Miraflores, donde se ve el Teatro donde se presentó esta agrupación; en la imagen se ve muy poca gente. Y bueno, como era de suponerse, esta imagen fue difundida y compartida masivamente por los usuarios de las Redes Sociales. Obvio con los comentarios adjuntos de que éllo era resultado del acercamiento de este grupo emblemático de la historia de la música boliviana con el partido de Gobierno, el MAS.

Todo un escarnio. Con insultos y semejantes. A patadas. Como era de suponerse.

Pero lo interesante fue que, al día siguiente, en un medio de comunicación, la fotografía del concierto muestra a un Teatro con bastantes personas, muchas. Obvio muchísimas más de las que se mostraban en la imagen que alcanzó altos niveles de propagación. La del concierto semi vacío.

Entonces uno se pregunta, ¿qué carajos? ¿Qué pasó en realidad?

En Facebook también se leen diversos comentarios al respecto de gente que supuestamente estuvo en tal concierto: “Yo fui y estaba vacío, dejen de mentir masistas de…”, “Yo estaba ahí y estaba lleno, que se dejen de joder estos opositores de m…”, y así varios, varios comentarios acerca de la veracidad de ambos datos, la del concierto lleno o vacío.

Porque que a la presentación de los Kjarkas haya concurrido bastante o poca gente puede – y dio – dar como “resultado” una denotación política dependiendo quién y cómo se use tal información.

Por la mañana me topé con un amigo por el Centro. Charlamos un poco y le pregunté si había ido a tal concierto. Él es fan de la música folklórica. Obvio de los Kjarkas.

No, no fui. Y no iría. Son masistas. Solo los masistas han ido.

Su “masistas” cobraba ese acento de repudio al que ya nos hemos acostumbrado. Porque claro, hoy por hoy “masista” es el peor insulto al que se pueda llegar, ¿no? Incluso antes de publicar algo en el Face o donde sea se ven tantas y tantas aclaraciones: “Yo no soy del MAS, pero…”. Es prácticamente un delito. Pero bueno, retornemos.

Al final de todo no sabemos cuál fue la maldita realidad. Una vez más hemos sido extorsionados por las Fake News. Por la barbarie.

III

Intolerancia. Agresión, insulto, violencia. Verbal o física. Poco a poco parecemos retornar a una época que pensamos olvidada, superada. Pero no. En el fondo nuestro ser prehistórico nos vence, nos humilla. Y ahí mostramos nuestras bajezas, lo peor de la humanidad. Que aún somos trogloditas.

Claro, con juguetes nuevos. Y siempre en manada. Yo le digo a mi cuate, que obvio me va a secundar: Mirá a ese, miralo, tomá mi celular, me vas grabar y vas a ver lo que le voy a decir. Obvio el diálogo está atenuado. Porque lo que se produjo en aquel restaurant tuvo que ser previsto con un ímpetu mayor, como cuando en el colegio le probabas a tus amigotes que eras el más fuerte, el más osado, y que por tanto ibas a humillar al débil. Obvio, reitero, en compañía. Los necesitas para que verifiquen y le muestren al mundo el Macho Alfa que eres. Tu nivel de orangután.

Y a nombre de la democracia. Sí, a nombre del derecho a pensar y elegir libremente. A nombre de esa democracia es que violentas al que piensa diferente que tú. A nombre de la democracia bloqueas y odias al que no sigue tus consignas, muchas veces impulsadas por el desconocimiento y por el resentimiento, por el racismo, por el autoritarismo.

A nombre de la democracia violentas al periodista que come, que se alimenta como tú en un lugar público, que está en su derecho de permanecer donde más prefiera.

Pero es que estás impulsado por El Bolas o por otros, periodistas incluidos, que te alientan, que te justifican. Obvio vos ibas a subir el video al Facebook para mostrarles a todos que eras el Machito, el Mero Mero. Para que te den likes y para que te inflamen y se inflamen a sí mismos.

Eres intolerante y te aferras a una bandera que mancillas.

Por personas como vos podemos entender que una persona de la calaña de Bolsonaro vaya a ser elegido en uno de los países más importantes de América. Que se estén construyendo muros en las fronteras para que no entren los que no te caen, los que te molestan nomás con su presencia. Eres el fascismo.

IV

La memoria trasnochada, la que quiere olvidar lo sucedido para justificar su presente y validar su futuro. La memoria manchada, la que no se desea explorar sino ocultar. Esconderla debajo de la alfombra, si es posible enterrarla debajo de una piedra. Pero está allí, palpitante, emergente. Acércate y deja la ebriedad del poder, de continuar una consigna nomás para envilecer tu ego, para sentirte parte de algo importante. De una moda.

Hace poco en el Facebook, dos publicaciones de amigos escritores generaron cierto revuelo: se preguntaban el porqué de la ausencia de las whipalas en la Marcha de la Democracia del pasado miércoles. Quizá no se cuestionaban aquella falta del símbolo indígena, sino que lo asimilaban como un destello de algo que viene sucediendo y que no queremos ver.

Y no desmerecían la causa de la marcha y del pedido que se le hace al presidente de respetar la Constitución, sino que instaban a un debate acerca de la falta de uno de los símbolos más fuertes del pasado decenio. Por la implicancia de tal ausencia.

Y sucedió lo obvio: no faltaron los que los tacharon de masistas. Es decir, de enemigos. Y de cosas peores que ya sabemos, ¿no? Esa palabra recarga muchas interpretaciones en el imaginario creado en los últimos diez años.

Como el imaginario que se crea alrededor de Carlos Mesa, el actual y más importante competencia electoral del MAS. Todo un Rockstar. Un Mesías. El salvador, digamos. Porque es así: a los diferentes lugares que va, las personas se le acercan y le piden fotos y fotos, firmas y demás. Y es que tiene un lugar bien ganado, no se lo puede negar. Es quizá el intelectual más representativo de nuestro país. El video en el que destruye a los chilenos en Chile de hace ya varios años aún se lo puede encontrar en la Feria 16 de julio, por ejemplo. O sus documentales y libros acerca de la historia de Bolivia.

Pero sus antecedentes son su piedra. Un pasado que al parecer mucha gente ha olvidado o quiere olvidar. Su tendencia a la renuncia en las crisis, donde un líder debe mostrar aplomo, serenidad y coraje. Incluso para fallar. Su pasado emenerrista, vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada. Su tibiez al momento de tomar decisiones.

Hay cosas que preferimos no tener en cuenta.

Hoy la moda es más o menos esta: Si eres del FRI (¿?), es decir Mesa, eres un tipo inteligente, una muchacha con criterio formado, alguien que puede pertenecer al grupo; ahora, si eres – cosa que ni por si acaso vas a aceptar si es que no quieres ser violentado y raleado – del MAS pues eres un ignorante, un “masiburro” y otras barbaridades que fija te van a poner en tu perfil del Facebook y en todo lugar al que vayas.

Así está la cosa. Escapar es complicado. Hay una memoria que no quiere releer lo sucedido, lo acontecido y por lo que estamos aquí. Hay una tendencia a ser cool al costo que sea.

Una memoria trastornada por las serias deficiencias de una Oposición cada vez más gris, más deslenguada, destrozada. Es decir, ya hay como cuatro candidatos: Víctor Hugo Cárdenas, el escogido por los Demócratas (de Rubén Costas), Samuel Doria Mediana (que ganará en sus primarias) y Carlos Mesa. Sin contar con las posibles candidaturas de Paz Zamora y Patzi.

Obvio el discurso de confrontación del MAS no ayuda. Una memoria institucional que ha preferido quedarse en sus inicios, cegado por la angurria, por la desesperación de quedarse a como dé lugar. Una memoria fallida. Un cetro roto.

V

¿En qué creer? ¿En quiénes creer?

Se dice que en política al final de todo se debe escoger entre el peor y el menos peor.

¿En qué creer? ¿En quiénes creer?

¿Qué fue al final del concierto? ¿Quién o quiénes pintan las paredes de Obrajes y Calacoto con mensajes de “Fuera Indios”? ¿Los intolerantes, los racistas, los que se ven aún enfurecidos por tener de vecinos a hombres y mujeres de rasgos indígenas? ¿O son, en cambio, los militantes del MAS que pretenden generar inestabilidad y victimismo?

¿En qué creer?

Retorno al Facebook. Las realidades se bifurcan. La violencia es una semilla.

¿En qué creer?