Márcia Batista Ramos
Después de la larga noche todos esperaban ver la aurora, pero lo que se vio parecía una novela distópica, salpimentada con algo de humor absurdo, un tanto ilógico.
Alguien se filma desde un espacio impersonal, monocromático, desconocido. Podía ser desde el fin del mundo. Desde allí, el hombre llamado Segundo transmite sus videos cortos en formato vertical, de hasta diez minutos. Habla y habla de sus pretensiones en un tono melodramático.
Su relato presenta una hipotética sociedad futura, casi perfecta, porque él se presenta como un ser superior, casi galáctico y, cansado de la deshumanización del planeta, del gobierno totalitario y del control intrusivo que la tecnología ejerce sobre el día a día, propone un pensamiento único y una sociedad unitaria. Donde nadie debe saltarse las reglas para no correr el riesgo de ser aniquilado.
Las ideas de Segundo son recibidas con gran entusiasmo por los jóvenes que orbitan a su alrededor. Otros lo siguen para reírse de su lengua afilada como una navaja y de sus pedidos disfrazados de sugerencias, siempre coronadas por amenazas.
En definitiva, un mundo de pesadilla. Después de la larga noche no llega la aurora. Más bien, aparecen muchos personajes que se asoman enredando más las cosas. El Primero, parece un hombre asustado; empero, habla como si el mundo funcionara a las mil maravillas. Ignora a Segundo, que, en su desesperación por el poder, dice con los ojos llenos de lágrimas:
—¡Ya veremos!
Llueve sobre cinco ciudades capitales. A Segundo no le importan los ahogados ni los damnificados. No lamenta por el sufrimiento de los pobres que creyeron en él. Se marcha al país más grande del continente, en un intento de abrazar nuevas tecnologías.
Desde el extranjero, envía videos donde el miedo, la coacción y la amenaza a la libertad son los pilares de su narrativa. Muchos saben, que su única intención es ocupar el lugar de Primero.
Cuando regresa, usa cada minuto para mostrar su dolor y ejercer presión psicológica. Hace todo de forma alienada, bajo la niebla de sustancias que le privan de la capacidad de sentir con sinceridad.
Todos dicen a Primero que haga algo para no ser suplantado. Primero no tiene tiempo, está trabajando para mejorar la realidad de los más necesitados.
Segundo, entre otras cosas, habló sobre intrigas y romances mezclados con ciencia ficción. Después, tomó un vuelo y fue a ver un partido de futbol en otro país vecino.
Al salir del hotel, Segundo resbaló en la acera y golpeó la cabeza.
Tuvo un funeral con honores militares. Mientras Primero daba un emotivo discurso, sin ocultar sus lágrimas, algún malentretenido susurró a su interlocutor:
—¿Quién fue? ¿Fue él?