Maurizio Bagatin

Una lectura a Regulación del sueño del poeta Santos Domínguez Ramos

“La poesía es lo más real que hay, lo que solo es completamente verdadero en otro mundo”    
-Charles Baudelaire-

Entramos en un laberinto, como un Teseo extranjero, un Camus ausente y oyendo a Cernuda. Es el sueño o la conciencia del poeta, son las palabras de Santos Domínguez Ramos. Ya en Un canto straniero, la búsqueda del Mito, para el poeta, fue un viaje entre la maravilla de los fenómenos que pertenecen a la tierra, antes del sueño y de Gilgamesh, olvidando el propio nombre, el logos y el mythos primordial, el poeta va borrando de su memoria el nombre de las cosas. En la búsqueda del tiempo puro y con el don de los dioses, que es el olvido, el tiempo es la noche de Pompeya, los seres imaginarios del Bosco, la ataraxia de Spinoza o un grabado de Piranesi.

Serán sueños, ¿o pesadillas? Es la eterna lucha del ser humano con el tiempo, con el tiempo biológico que difiere de él en el sueño y en la esperanza, y con el tiempo histórico que lo hunde, lo acaba; busca entonces encontrar respuestas, ofrecer nuevas preguntas en la explosión de una semilla bajo la tierra, en el silencio de una tumba y en la piedra que conserva toda su memoria. En la casa del ser que encierra símbolos y mitos del ser humano, o en el fuego de la palabra, por momentos, en el ser y en la nada.

Poesía circular, vientos, espejos, el agua, el silencio, elementos que fluyen y retornan a su lugar. Nietzsche hecho poesía, dirán, con todos los sueños que vienen desde el mar…

Son ecos de noches lejanas, sonidos infinitos y luces antiguas, viajes a profundidades iniciáticas, primordiales; un líquido que asemeja al amniótico y vital del primer aliento o respiro, al primer latido o movimiento, la primera luz del origen de las cosas.

¿Qué será el tiempo para el poeta? Será la musicalidad de sus sueños o el silencio de su conciencia, la calma de un viaje de introspección o la emoción del vuelo de un pájaro, de una noche de lluvia o el sol que, en la canícula de una tarde, desaparece del cielo. El tiempo para Santos Domínguez Ramos sigue siendo el origen y el crepúsculo de todas las cosas, la belleza del oírla pronunciar, verla, sentirla, darle los sentidos necesarios para que existan, y para que sigan existiendo.