¿Qué me tocará escribir todavía…?

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Han pasado muchos años desde entonces, tengo mas de una docena de libros escritos y publicados y algunos en preparación. He ejercido el periodismo, en diferentes facetas, desde hace más de 50 años. Es cierto, he sido un periodista heteróclito y es tal vez por eso mismo escribir es mi pasión.

Así lo he hecho toda mi vida, pero ahora, con un panorama tan sombrío en el país, busco, como la gran mayoría de los bolivianos, solaz, entendido éste, como una mezcla de alivio, consuelo y paz. Ese solaz era para mí el poder escribir cotidianamente.

En lo que podría considerarse el otoño de mi vida, repasando nostálgicamente todas las primaveras vividas, los inviernos de adversidades experimentadas y los veranos con realizaciones satisfechas, no puedo contentarme frívolamente con el simple relato de pasajes buenos o malos. Es preciso hacer un alto en el camino, mirar hacia atrás, también para adelante, y afinar el rumbo. Es preciso dejar el ejemplo de una vida plena para poder traspasar la posta… 

Soy abogado por formación, periodista por vocación, internacionalista por afición, diplomático por casualidad, político por preocupación y siempre he escrito por pasión. Sin dubitaciones, y a pesar de cualquier reparo, es en el periodismo donde he encontrado las mayores satisfacciones de mi existencia, porque uno se realiza con su vocación que, a la larga, se convierte en pasión.

De ahí que hace muchos años comencé esta columna que ya ha transitado por diversos diarios, habiendo culminado en Página Siete, donde vengo escribiendo regularmente. No obstante, la cotidianidad en la escritura exige, aunque el lector no lo perciba, disciplina, puntualidad, entrega, especialidad y esmero, características que, si se sacrifica cualquiera de ellas, le quita al columnista su esencia.

En este transitar he aprendido que el escritor y el periodista están experimentando cambios. Los periódicos están en crisis, pero las redes sociales están prosperando. Se está dando, por un lado, una revolución digital que obliga al periodista y al periodismo a una nueva forma de encarar la profesión; por el otro lado, hay un desmedido afán de coartar la libertad de expresión, de controlar la opinión publica y también la opinión publicada y, para esto, curiosamente, se utiliza lo primero y aparecen los denominados guerreros digitales con la misión específica de enlodar al periodista. Son retos que el periodista de ahora debe enfrentar para seguir siendo tal. 

Hay un tiempo para todo y este es el tiempo para revitalizar la profesión con vigor, con atrevimiento, con conocimiento y, sobre todo, con independencia y honestidad. Mi generación ha cumplido cabalmente,  tanto en lo profesional, como en lo político, y hay que dar paso a la renovación. Es preciso saber ponderar el momento en que es necesario aceptar que una etapa se cumple y da paso a otra nueva. He escogido este momento para concluir una etapa.

En esta mi columna final se me ocurre, por tanto, preguntarme, con esa admirable poetisa boliviana Matilde Casazola: “¿Qué abrazos se abrirán para mí ahora, qué tierra me tocará albergar? Aún no he terminado mi historia: ¿Qué me tocará escribir todavía…?”.

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.